El
cine es un arte híbrido, hijo tanto de la sensibilidad artística como de su
preponderante componente tecnológico e industrial; es más, el cine es la suma de
otros artes, y yo creo que aquellos con los que más especialmente estaría en
íntima relación, incluso por encima de la obviedad de la fotografía por ser otro
arte tecnológico o del teatro por serlo escénico, es con la música y el
cómic. De la música tomaría el ritmo y esa cualidad tan inaprensible que
llamamos atmósfera. El cómic por otro lado es un medio de expresión basado en la
narrativa mixta de imagen y palabra dentro de un marco o cuadro llamado viñeta,
como el cine lo está en planos. Si en el cine hay distintos ángulos y la
posibilidad de la planificación de la puesta en escena, en el cómic existe esa
misma libertad a la hora de dibujar los elementos que intervienen y el cómo. Una
viñeta es un plano, la manera en que ambos artes, el séptimo y el noveno
respectivamente, narran sus historias, es muy similar. Por eso no es de extrañar
que en la preparación de una película se utilicen storyboards, que no son
otra cosa que tiras de cómic sin bocadillos de diálogo. Por eso no es de
extrañar tampoco que el cómic pase tan bien a la pantalla, de una manera tan
lógica e intuitiva.
Cuando además estamos pasando un momento de creatividad tan baja como el actual
en el seno de la industria dominante del cine, un tiempo en el que se
multiplican las repeticiones de formulas, los remakes y las secuelas, los
productores vuelven nerviosos los ojos buscando historias que adaptar de otros
medios, como la sistemática adaptación de toda novela betseller (de Harry
Potter a Bridget Jones, pasando por los ya inevitables John Grisham, Tom Clancy
y compañía, y próximamente veremos, cómo no, “El código Da Vinci” de Dan Brown
protagonizado por Tom Hanks y dirigida por Ron Howard –“Una mente maravillosa”,
“Apolo 13”-) y las series de TV clásicas (“Los ángeles de Charly”, “Perdidos en
el espacio”, “El fugitivo”, “Los vengadores”, “El Santo”, “Misión imposible”,
“Starcky y Hutch”, etc, todas ellas convertidas en película o en serie de
películas).
Pero
si hay dos medios de moda de los que el cine parece estar exprimiéndolo todo
últimamente, hasta el extremo de que no pasa mes sin que se estrene alguna
película basada en ellos, son los videojuegos y el cómic. El
público mayoritario que paga en el cine y en los videoclubes son los jóvenes, y
los productores lo saben, y saben que a los jóvenes nos gustan los videojuegos y
los tebeos, tanto como la música moderna (rock o electrónica) o la televisión,
porque es con todo ello con lo que hemos crecido. Los videojuegos han dado hasta
la fecha resultados muy irregulares tirando a mediocres al pasar a la pantalla,
desde las primeras y espantosas adaptaciones de “Super Mario Bros”, “Double
Dragon”, “Street Fighter”, “Wing Commander” o “Mortal Kombat”, a alguna
excepción verdaderamente notable, como el film “Final Fantasy”, hasta llegar a
las últimas “Tomb Raider”, “Resident Evil” o “House of Dead”, a las que pronto
se sumarán “Alone in the Dark” (ya estrenada en Estados Unidos) y “Silent Hill”,
dos de los juegos de terror favoritos de todos los tiempos, entre otros. También
podríamos incluir en esta categoría “Piratas del Caribe”, basada en una
atracción de parque temático, pero con un descaradísimo tufillo a la mítica
aventura gráfica “Monkey Island” que tantas horas nos robó del estudio en
nuestra adolescencia. Pero del tema de los videojuegos y el cine hablaremos otro
día. Hoy quiero centrarme en el cómic y el cine, realizando primero un pequeño
repaso la historia de estas adaptaciones.
Primera fase: la época de los seriales
En
realidad, aunque como he dicho la cuestión está auténticamente de moda, la
adaptación de personajes del cómic, sobre todo americano, al cine, es bastante
antigua, tanto como la propia codificación de los géneros cinematográficos, o
incluso como el propio cine. En 1911, el padre del cine de animación Wilson
McCay ya realizó un cortometraje de tres minutos de duración sobre su propia
historieta “Little Nemo” (1905), que a su vez está considerada
como uno de los primeros cómics que se reconocen como tales en la historia
moderna del arte y la cultura.
Flash Gordon
fue también uno de los primeros personajes de papel en pasar al cine. El
personaje creado por Alex Raymond en 1934, aunaba conceptos del género de
aventuras con el space opera más de moda (era la época de las novelas de
Edgar Rice Burroughs sobre Marte y Venus), y pretendía ser una respuesta a Buck
Rogers, personaje mucho más popular por aquel entonces, aunque con peor suerte
en el cine (quizás sea esa la razón por la que haya quedado más olvidado).
Narraba las aventuras de Flash, un jugador de rugby terrestre, al que los
avatares del destino le llevan a una aventura espacial hasta el planeta Mongo,
junto con su novia Dale Arden y el profesor Zarkov, en donde tendrá que
enfrentarse al malvado emperador Ming, tirano de dicho planeta que planea
conquistar la Tierra. Para ello, tendrá que conocer y colaborar con distintos
pueblos oprimidos y personajes del planeta Mongo. La tira dominical de Raymond
fue muy bien, y en seguida, en 1936, Universal decidió dar luz verde a un serial
sobre el personaje.
En
una época en la que todavía no existía la televisión, los seriales eran
breves películas que seguían una serie a modo de capítulos y terminaban siempre
en el momento más emocionante con un “continuará”, y que la gente, y sobre todo
los niños, iban a ver a los cines en sesiones matinales. Generalmente cada
serial solía constar de unos 12 a 15 capítulos, y cada capítulo se podía
estrenar semanalmente en los mismos cines,
El
primer serial de Flash Gordon es de 1936, y tiene exactamente 13
capítulos. Flash Gordon está interpretado por Buster Crabbe, que había
sido campeón olímpico de natación en 1936, es decir, que fue uno de los primeros
casos de deportistas convertidos en actores de cine de acción y aventuras. Entre
los otros créditos de Crabbe se cuentan el haber hecho también de Buck Rogers,
Tarzán (“Tarzán el temerario”, 1933) y Billy el niño. Este serial
tuvo una influencia decisiva en la historia del cine, merced a sus
originalísimos y artísticos decorados y vestuarios, que han marcado la pauta
durante décadas para otros seriales y películas.
El
éxito del serial de 1936 de Flash Gordon, en seguida provocó una continuación en
1938, el segundo serial esta vez de 15 capítulos titulado “Flash Gordon Trips
to Mars”, y en 1940 llegó un tercero de 12, “Flash Gordon Conquers the
Universe”, manteniendo al mismo actor protagonista. Después, cuando los
seriales pasaron de moda (es decir, cuando apareció la televisión), el personaje
pasó unas cuantas décadas refugiado en sus queridas viñetas hasta que en 1980
llegó su película “moderna”: “Flash Gordon”, producida por Dino de
Laurentis y dirigida por Mike Hodges. Aunque el reparto es más que
curioso, desde el bergmaniano Max Von Sydow haciendo de emperador Ming, a
Ornella Mutti y Timothy Dalton (posteriormente el cuarto James Bond), la
película es tan atrozmente hortera… que hasta tiene su gracia. Ha envejecido
fatal, y actualmente es recordada prácticamente por la canción de Queen de la
banda sonora, y se suele correr un tupido velo sobre ella. Sin embargo, cuando
se la coge en algún pase por la tele, las risas están más que aseguradas.
Pero hemos
mencionado también a Buck Rogers. Rogers, al igual que le ocurre a Conan
el Bárbaro, no es exactamente un personaje de cómic. Fue creado en 1928 por el
escritor Philip Francis Nowlan en la novela corta “Armagedon 2419 AD”,
publicada por primera vez en la legendaria revista de literatura pulp “Amazing
Stories”. Rogers es un piloto espacial de 1987 que permanece en animación
suspendida durante cinco siglos, para descubrir cuando despierta que se
encuentra en el siglo XXV, y la Tierra ha cambiado bastante Naturalmente, él
sabrá adaptarse pronto e incluso destacar en el nuevo medio. El personaje atrajo
mucha atención, y el National Newspaper Service le encargó al propio Nowlan que
escribiese los guiones para unas tiras de cómic periódicas que aparecerían en la
prensa, y que dibujaría Richard Calkins. La tira de comic vio la luz por primera
vez al año siguiente, en 1929, y así Buck Rogers se convirtió en la primera tira
de esta clase de la historia.
Pero si en el
cómic Buck Rogers fue primero y su importancia es capital, en cine tuvo
que conformarse con pisarle los talones a su imitador Flash Gordon. De hecho,
este aventurero galáctico sólo llegó a materializar un único serial en 1939. Lo
curioso es que, como ya se ha dicho, el personaje estaba interpretado también
por Buster Crabbe, que así hacía doblete espacial con ambos personajes.
El serial tiene 12 capítulos, y aunque no tuvo el mismo éxito que los de Flash,
lo cierto es que está bastante bien, muy entretenido. En los años 50 la cadena
de televisión ABC se volvió a interesar por el personaje, y le dedicó una serie
de TV en la que Rogers estaba encarnado por Ken Dibbs, y luego incluso cambiaba
de actor a Robert Pastene , pero de nuevo no tuvo mucha fortuna, y no duró más
de una temporada. Por último en 1979, y aprovechando el éxito de “La guerra de
las galaxias” fue realizado un largometraje de bajo presupuesto, y que ha
envejecido igual de mal que el de Flash Gordon de De Laurentis: “Buck Rogers
en el siglo XXV”, dirigido por Daniel Haller (el que fue director
artístico en las películas de Roger Corman sobre Edgar Allan Poe) y con Gir
Gerard como protagonista. Vista actualmente, básicamente sólo ofrece
toneladas de estética obsoleta setentera (es decir, lo que ofrecería también “La
guerra de las galaxias” si no fuera tan magníficamente buena por otras razones),
una acción bastante entretenida, y algunas mujeres bellísimas luciendo modelos
entre “Barbarella”, Norma Duval y yeyé.
En 1941 la Republic,
productora especializada en seriales y serie B, lanza un serial de 12 episodios
de el Capitán Marvel: “Adventures of Captain Marvel”. El Capitán
Marvel, personaje creado por Clarence Charles Beck en 1939, y como
copia para tratar de imitar el éxito de Superman, es un niño que recibe un
talismán mágico por medio del cual, y a través del grito famoso de “Shazaaaaaam”,
se convierte en un superhéroe adulto, capaz de enfrentarse con toda clase de
amenazas, terrestres o espaciales (claro está que se parece a Superman cuando
está en ese estado, no de niño). ¿Parece una bobada de argumento? Pues ha dado
para cientos de cómics hasta nuestros días, y… para este serial. En él, Shazam,
o sea, el Capitán Marvel, está interpretado por Tom Tyler, actor
imprescindible en este tipo de cine: hizo montones de seriales del oeste, el
serial de “The Phantom” (del cual hablaremos a continuación), además de
hacer de Momia en “The Mummy’s Hand”, una de las varias secuelas de “La
momia” de la Universal, entre otros trabajos de género. En contra de lo que
algún malicioso estará pensando, lo cierto es que este serial es realmente
bueno, muy recomendable, con un ritmo y un sentido de la acción y la aventura
mágica maravillosos, un auténtico clásico a redescubrir y reivindicar. Sin
embargo, el personaje en sí no tuvo más seriales, y tuvo que conformarse con
vivir en los comics.
“The Phantom”,
conocido en España como “El hombre enmascarado”, es una especie de mezcla
impagable entre Batman, La Sombra, algo de Tarzán, y los héroes enmascarados de
la novela de capa y espada, creado por Lee Falk para el King Features
Sindicate, y publicado primero como tira en los periódicos (a eso se dedicaba
originalmente el King Features) y luego como cómic completo. “The Phantom” es un
misterioso justiciero que vive en medio de la juzgla, adorado por los nativos
como si fuera un ser sobrenatural (le llaman “el fantasma que camina”), capaz de
ocultarse cual sombra y de hipnotizarte con su voz, de penetrar en la guarida de
los malhechores, y de marcarlos con su anillo en forma de calavera. Es
inconfundible por su cabeza cubierta y su antifaz. Tuvo su serial en 1943, de 15
episodios, y como se ha dicho antes fue protagonizado por Tom Tyler. Este
es otro serial de aventuras y acción verdaderamente emblemático y divertido,
otra joya.
El
mismo personaje tuvo en 1996 una versión en largometraje moderno: “The
phantom”, dirigida por Simon Wincer, y protagonizada por Billy Zane y
Christie Swanson, bastante flojita, apenas un film convencional y hollywoodiense
de aventuras con mezcla de thriller, tópico y previsible. Y de momento “El
fantasma” aguarda su siguiente ocasión.
El personaje de
Supermán, el hombre de acero, todo un mito moderno conocido por cualquiera
sin importar edad o nacionalidad, fue creado en 1938 por el guionista Jerry
Siegel y el dibujante Joe Schuster en el número 1 de la revista de
cómics “Action Comics”. No tardó ni tan siquiera un año en tener una
colección de tebeos con cabecera propia, editado siempre por la editorial de
cómics DC, que continuaría publicándole casi ininterrumpidamente hasta el
presente. El éxito de Supermán es tanto, que puede ser considerado como el
personaje de cómic más importante y que más dinero ha dado del mundo. Por
supuesto, en la época de los seriales, se fijaron en él, y si bien su adaptación
ofrecía demasiados desafíos técnicos para una producción barata (Superman vuela,
por ejemplo), en 1948 la Columbia le encarga a Spencer Gordon Bennet,
director especializado en estos seriales (“The Phantom Rider”, “Blackhawk”,
“The Masked Marvel”, así como seriales del Zorro, Jungle Jim
y otros muchos personajes) adaptar a Superman en una serie de 15. “Superman”, en
el serial de 1948, estaría interpretado por Kirk Alyn, por lo tanto el
primer Superman de la pantalla. Pero por ser un serial tan tardío, no tuvo más
continuaciones en este mismo formato.
Sin embargo en
los años 50 ya estaba la televisión en todos los hogares americanos, así que,
sin contar otras series de dibujos animados que también se han hecho, como la
histórica de Dave Fleischer, muy pronto el superhéroe por antonomasia
pasó a tener una serie de TV con actores: “The Adventures of Superman”,
que existió entre 1953 y 1957, 52 capítulos. Este segundo Superman fue
interpretado por el actor George Reeves, que había sido boxeador (su
fortaleza física y su figura deportista le sirvió para interpretar al personaje)
y venía de hacer minúsculos papeles secundarios y de extra, aunque a veces en
películas importantes como “Lo que el viento se llevó”, y aquí comienza la
leyenda negra de Supermán: justo cuando estaba teniendo más éxito, y motivo por
el que trágicamente tuvo que ser cancelada la serie, George Reeves, el hombre al
que los niños creían realmente Superman, se suicidó volándose la tapa de los
sesos. También hay una teoría negra y un tanto absurda, del mismo tipo que la
que dice que Walt Disney está congelado, que viene a decir que realmente Reeves
se suicidó lanzándose por una ventana al creerse realmente Superman. Sea como
fuere, todavía hoy es un misterio el conjunto de problemas personales y/o
psicológicos que llevaron al segundo mejor superman a quitarse la vida.
Y he dicho “el
segundo mejor superman”, dentro de lo que conocemos, claro está, porque el mejor
es para mí Christopher Reeve (curiosa coincidencia con el anterior actor
que había hecho de Superman), el Superman de nuestra infancia, cuando todavía
ver una película como aquella era un acontecimiento, y te pasabas todo el verano
dándole la murga a tu madre y recordándole tus buenas notas para que te llevara
a verla, y luego después de verla jugabas con una toalla puesta de capa...
porque aquello era ¡guau! Es verdaderamente digno de lástima que los niños de
hoy en día no puedan experimentar algo ni parecido, ni con “Harry Potter” o “El
señor de los anillos” siquiera, porque están demasiado acostumbrados a los
efectos especiales digitales. “Superman” fue filmada en 1978 por la Warner (como
suele ser lógico en casi todas las adaptaciones de personajes de la editorial
DC, ya que DC es una empresa subsidiaria del mismo emporio financiero Time/Warner/American
OnLine), y encomendada a un director tan eficaz como Richard Donner (“La
profecía”, “Los Goonies”, “Arma letal”), con guión de Mario Puzzo
(el autor de “El padrino”) entre otros, una música inolvidable de John
Williams que posiblemente todo el mundo podría tararear, y con un reparto
magnífico que incluía papeles secundarios de Marlon Brando, Glenn Ford, Terence
Stamp, y por supuesto Gene Hackman como el villano Lex Luttor. El grupito
protanogista quedaba reservado para Jackie Cooper (Perry White, director del
periodico Daily Globe), Marc McClure (el joven fotografo Jimmy Olsen), Margot
Kidder (Lois Lane) y cómo no Christopher Reeve (Clark Ken /
Superman).
La película no sólo
fue un hito histórico dentro de la historia del cine comercial por sus efectos
especiales (“Creerás que un hombre puede volar”, rezaba la frase publicitaria) y
su espectacularidad de superproducción fantástica, sino que marcó un modelo a
seguir para casi todas las películas de superhéroes que se han hecho después,
incluidas las últimas. Además, como película, sigue siendo bastante válida e
incluso encantadora, a pesar de que en el tercio final baja muchísimo, y el
final concretamente es horrible. Otros dirán que se ha quedado obsoleta en
muchos aspectos. Hay que tener en cuenta que fue realizada antes de que “Crisis
en las tierras infinitas” reordenara el Universo DC. Un momento… ¿sabe todo
el mundo qué es “Crisis en las tierras infinitas”? Por si acaso, merece la pena
detenerse aquí un par de líneas: la editorial de cómic DC lleva publicando
aventuras de superhéroes tan importantes como Superman, Batman, Wonderwoman,
Flash o Green Lantern, y grupos como “La liga de la justicia”, desde los años 30
(recordemos que Superman, sin ir más lejos, fue creado en 1938), y durante
tantas décadas, tantas aventuras, tantos guionistas distintos, tantas ideas,
algunas buenas y otras malas, en el universo de sus personajes se habían
acumulado cientos de incoherencias y conceptos confusos (entre las cuales uno de
ellos era la existencia de “universos paralelos” en los que por ejemplo Superman
podía encontrarse con Superboy o Supergirl) o incluso infantilísimas (no sólo
existían Superman, Supergirl y Superboy, que ya tiene delito, sino que llegó a
haber un Superperro –llamado Kripto- y un Supergato). En la década de los 80,
las ventas de DC habían retrocedido sensiblemente, sobre todo ante el auge de la
compañía rival Marvel, que además tenía un universo de personajes mucho más
joven y mejor ordenado. “Crisis en las tierras infinitas” fue una serie de 12
tebeos a través de los cuales DC hizo “borrón y cuenta nueva”, se inventó una
trama de destrucción de esos universos paralelos, y una solución deus ex machina
que prácticamente reseteaba el Tiempo y el Espacio, y todo volvía a comenzar.
Así, en plenos años 80, todas las colecciones de todos los personajes DC
volvieron a empezar desde cero, desde los orígenes, y además esos nuevos
comienzos fueron encomendados a autores muy relevantes, gente como Frank Miller
o Alan Moore, que se encargaron de reinventar un nuevo Batman moderno, tal y
como lo concebimos ahora, “Señor de la noche”, o John Byrne, al que le
fue encargado relanzar desde el principio a Superman. Y Byrne lo hizo
francamente bien, concibió un Superman heroico pero a la vez razonablemente
vulnerable, un Clark Kent nada papanatas, y un Lex Luttor realmente terrible por
lo realista, magnate financiero intocable por sus influencias y su poder
político.
Y
como decía antes, la película de “Superman” fue realizada antes de que Byrne
hiciera esto, y por lo tanto nos presenta a un Clark Kent tímido hasta lo
pusilánime, a un Lex Luttor que prácticamente es un payaso, y a una Lois Lane un
tanto histérica. Pero bueno, con un poco de perspectiva, todo es absolutamente
disfrutable, la primera mitad de la película es prácticamente redonda,
magnífica, con momentos espectaculares combinados con otros íntimos y emotivos
(como la muerte del padre adoptivo) y será por nostalgia o de manera objetiva,
pero aún hoy “Superman” sigue pareciéndome de lo mejor que se ha hecho en el
subgénero de superhéroes. Y es que lo que está bien hecho, bien parece.
Christopher Reeve, con su rostro, su pelo moreno y sus ojos azules, y ese
mítico ricito sobre la frente, tuvo un porte muy carismático, tanto que te
convencía: él era Supermán.
La película tuvo
tanto éxito que en 1980 tuvo su secuela: “Superman II”, que comenzó a
rodar otra vez Richard Donner, pero que al abandonar el rodaje casi al principio
por diferencias creativas con los productores, fue sustituido por Richard
Lester (“Robin y Marian”, “Qué noche la de aquel año”), sobre guión otra vez
de Mario Puzo y el mismo equipo de la anterior. Esta segunda parte era más
cómic, en el sentido de que le daba más importancia al duelo de superseres entre
Superman y un trío de villanos escapados de la Zona Fantasma que volaban como él
y poseían su misma fuerza y poderes, y resultaba menos realista y convincente
que la primera parte. También trataba de incluir una trama en la que Superman
renuncia a sus poderes por amor, cosa que no resulta especialmente coherente, no
por el hecho en sí de que lo haga, pues por amor se han hecho cosas incluso
peores para uno mismo, sino por el hecho de que pueda hacerlo: puedes cambiar
por amor, puedes incluso renunciar a cosas, pero por mucho que te reprimas jamás
podrás devolverle a la naturaleza lo que te ha dado, como tu talento, o como tus
poderes de Supermán. Con todo, la película tiene momentos memorables, y en
general es muy entretenida, incluso por el combate en sí entre los supervillanos
(vestidos de negro, como corresponde a todo malo cliché de película) y Supermán.
En 1983 llegó “Superman
III”, inferior todavía a la anterior, y ya raspando el aprobado pelón. En
ella se intentó introducir humor en el mundo de Supermán, para lo cual añadieron
al reparto a Richard Pryor, cómico salido de la televisión y muy popular
en la década de los 80 (en solitario o en equipo con Gene Wilder, “El gran
despilfarro”, “No me chilles que no te veo”), y que últimamente anda algo
jodidillo el hombre por culpa de una esclerosis múltiple. Como fuere, la
película resulta extraña, algo chocante, por culpa del contraste entre la
oscuridad de la trama de lo que le está pasando a Supermán, dominado por una
especie de “lado oscuro”, y el desenfado y la frivolidad típica del cine de
Pryor. Con todo, vuelve a haber momentos muy míticos, como esa lucha entre el
Superman bueno y el Superman malo, o ese Superman borracho en un bar rompiendo
botellas al lanzar con un dedo los panchitos… Vuelve a dirigir Richard Lester,
y posiblemente la serie de Christopher Reeve tenía que haberse quedado ahí, aún
con un nivel aceptable.
Pero
no lo hizo, y en 1987 salió “Superman IV: En busca de la paz”, dirigida
por el mediocre Sydney J. Furie (“Aguilas de acero”, o “El ente”,
película esta última que tiene muchos fans, aunque yo personalmente la encuentro
sobrevaloradísima). Este último Superman ya salió totalmente fuera de tiempo, y
además contaba una historia de un falso pacifismo que escondía más bien una
especie de ingenua defensa si no del fascismo por lo menos sí del miliarismo
americano en plena era Reagan (y que vuelve a estar más vigente que nunca en
esta era Bush Jr. de la guerra preventiva). Connotaciones políticas aparte, lo
cierto es que “Superman IV” es bastante aburrida, una película muy justamente
olvidada.
A
mediados de los años 90, “Superman” volvió a la TV a modo de serie, esta vez con
el título compartido con Lois Lane: la serie de la que hablo, por supuesto, es “Lois
y Clark”, en la que la atención se trata de centrar en la relación de ambos
personajes y sus aventuras “de paisano”, sobre todo dándole a Lois más papel en
los casos que resuelven en cada capítulo, que en las aventuras superheroicas de
Superman, si bien al final son éstas las que acaban siendo el plato fuerte de
cada capítulo. La serie llegó a tener 21 capítulos, la hemos visto en España en
TVE1 más de una vez, y estaba interpretada por Dean Cane como Superman y
Terri Hatcher como Lois Lane.
Entonces fue
cuando la leyenda negra que parece recaer sobre los hombres que
interpretan varias veces a Supermán se volvió a manifestar: en 1995, y justo
cuando acaba de rodar el remake de “El pueblo de los malditos” dirigido por John
Carpenter, Christopher Reeve sufre una caída de un caballo mientras
practica equitación, y se queda completamente paralizado, incapaz de mover
ningún músculo por debajo del cuello ni de respirar sin ayuda de una máquina
asistente. En aquel momento tenía dos hijos de un matrimonio anterior, y acababa
de volver a ser padre de un niño que para entonces sólo contaba un par de años.
El resto de su historia es conocida, y verdaderamente superheroica: Reeve
luchó contra su parálisis tratando de recuperar algún grado leve de movilidad, e
incluso volvió a participar en películas, protagonizando un remake de “La
ventana indiscreta” con su silla de ruedas, y haciendo apariciones públicas para
apoyar y luchar por las personas discapacitadas. Fundó su propia organización
benéfica para promover la investigación médica en este campo, y dedicó todo su
tiempo y su dinero a vencer a su adversidad. Su modo de vida se convirtió en
un ejemplo de coraje y ganas de vivir, si bien la suerte no fue muy generosa
con él y nunca lo consiguió. Falleció el mes de octubre pasado, a la edad de 52
años, a causa de un ataque al corazón.
En la foto, aparece él con una de sus hijas.
Hace
años, ya unos cuantos, desde mediados de los 90, se viene hablando de la
posibilidad de otro nuevo Superman. Al principio se habló de un “Superman V”,
actualmente más bien se piensa en una serie de películas totalmente nueva. Por
el proyecto han pasado toda clase de directores y se han barajado montones de
nombres de actores. Hubo un momento en que el proyecto estuvo en manos de Tim
Burton, y se pensó en Nicholas Cage como nuevo Superman. Nombre tras nombre, en
los últimos años el proyecto ha vuelto a ser reimpulsado a raíz del éxito de las
adaptaciones de superhéroes de la Marvel (sobre todo “X-Men” y “Spiderman”).
Así, el proyecto fue puesto primero en manos de McG (el director de “Los ángeles
de Charlie” de estrafalario nombre), y luego retirado para concedérselo nada más
y nada menos que a Brian Singer (el director de “X-Men” y “X-Men 2”, así
como de otras fantásticas películas como “Sospechosos habituales”). De esta
manera, parece que entre esta prometedora noticia y el “Batman Begins” que está
a punto de estrenarse dirigido por Christopher Nolan (“Memento”, “Insomnio”),
las adaptaciones de los comics DC podrían volver a sufrir una nueva época buena,
de films cuidados hechos por buenos artistas. Por cierto, que no lo he dicho: el
Superman de esta futura versión que ya se está filmando, es Brandon Routh,
actor de 26 años.
Pero
no todo acaba con “Superman”: de él han salido también varios spin-off,
como las series de TV de Superboy: la primera, “The Adventures of
Superboy”, se emitió en Estados Unidos a partir de 1961, y llegó a tener 52
capítulos, en los que Superboy estaba interpretado por Johny Rockwell; la
segunda serie de “Superboy” es de 1988, y llegó a los 100 capítulos, en
los que Superboy fue primero John Haymes Newton y luego Gerard Christopher (más
tiempo el segundo que el primero). Estas series se centraban en la juventud de
Superman, basándose en el personaje de Superboy que ya había aparecido en los
cómics e incluso había tenido colección propia (antes de “Crisis en las tierras
infinitas”), y más modernamente basándose en la idea de que Superman de
adolescente ya pudo vivir sus aventuras usando sus poderes.
Parecido
fundamente al que tiene la exitosa serie actual “Smallville”, que en
realidad parece desarrollarse en un universo paralelo muy diferente al de los
comics, y que, sinceramente, parece más interesada en parecerse a “Expediente
X” que a “Superman”. Pero bueno, los personajes supuestamente son los que
son, y tenemos a un Superman jovencito interpretado por Tom Welling,
enamorado de Lana Lang, como corresponde cronológicamente a aquella época (en la
que Superman no conocía aún a Lois, y no lo hará hasta que no se vaya a vivir a
Metropolis). Sin embargo es absurdo que Clark Kent ya conozca de joven a Lex
Luthor, el mundo es un pañuelo pero no tanto... No simpatizo especialmente con
esta serie, pero a mucha gente le gusta.
Y
por último, “Supergirl”: la película de 1984 que, tomando el personaje
del cómic anterior a “Crisis en la tierras infinitas”, presentaba una
alternativa femenina a Superman, con su minifaldita roja en lugar de los
calzones. La película, dirigida por Jeannot Szwarc (“Tiburón II”), y con
Helen Slater haciendo de la prima de Superman que también llega a la
tierra (no se rían, es cierto) y Faye Dunaway de mala, es absolutamente
ridícula y quizás por ello encantadoramente divertida. Demasiado larga para algo
tan simple y disparatado como lo que cuenta, es esa clase de película que a la
gente no le suele gustar, pero que precisamente por casposa y bizarra ha ganado
su circulo de adeptos con los años.
Dedicado a la memoria de Christopher Reeve (1952 - 2004). Ahora
vuelve a volar libre, para siempre...
En
el próximo artículo, más seriales: Capitán America, Dick Tracy,
Batman...