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El planeta de las mujeres invasoras
(1966)
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Ficha técnica:
Fotografía: Alfredo Uribe; Música: Antonio
Díaz Conde; Montaje: Raúl J. Casso; Dirección artística: Arcadi Artis Gener;
Maquillaje: Antonio Ramírez; Sinopsis: Procedentes de un planeta habitado sólo por mujeres guerreras, aterriza en México una nave espacial con un grupo de sexys alienígenas. Su objetivo: capturar algunos especimenes humanos para hacer pruebas con ellos y hallar la manera de fabricar un filtro para sus sistemas respiratorios, y soportar el aire de la atmósfera terrestre, para preparar una invasión en toda regla.
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Comentario: Oficialmente considerada como secuela de "Gigantes planetarios" (1965) dirigida por el mismo Alfredo B. Crevenna, en realidad es más bien un remake o simplemente otra vuelta de tuerca sexy sobre lo mismo. En aquella teníamos a Guillermo Murray haciendo como de una especie de Flash Gordon mexicano, acompañado por un variopinto grupo de compañeros entre los que se encontraban la guapa Adriana Roel, Rogelio Guerra de boxeador, e incluso al enervante cómico Farruquito, que en palabras sabias de José Viruete, que de trash sabe un montón, es una especie de Chiquito de la Calzada mexicano. Semejante grupo que iba viajando en una nave espacial tenía un accidente sobre un planeta aparentemente deshabitado, en el que resulta que existe una civilización que vive bajo tierra, y que está tiranizada por el malvado Emperador de turno. Los héroes se enfrentan a él, etc, etc. Pues bien, en "El planeta de las mujeres invasoras" volvemos a tener lo mismo y prácticamente al mismo equipo (director y actores), sólo que ahora además mezclado con el recurrente tema, toda una fantasía masculina institucionalizada, de la agresiva civilización sólo de mujeres (tías buenas, para ser más exactos). Probablemente es un tema tan antiguo como la propia humanidad, el mito de las amazonas, o permítanme recordarles el capítulo de Calíope, mujer capaz de retener a un hombre siete años contra su voluntad en la "Odisea" de Homero, o el conocido incidente de la isla sólo habitada por mujeres de Limnnos que vivieron Jasón y sus Argonautas; y más tarde el capítulo de la búsqueda del Grial, y más concretamente del "Parsifal" de Wolfram von Eschenbach, del castillo en el valle de Klingsor, en donde una cohorte de bellísimas y diabólicas mujeres esperaban a los caballeros para retenerlos eternamente con sus placeres... Así que imagínense, si en este plan culto podemos soñar con el tema... que no podremos hacer en un plan más pop e incluso macarra. El cine se encargó enseguida de poner a la mujer en órbita espacial, tanta prisa como se dio en convertirla en tiránica reina de algún planeta, como en "Aelita" (1925), el clásico del cine mudo soviético en el que Aelita era la reina déspota de un planeta Marte resuelto mediante estética artística constructivista. Pero agárrense los machos, que ya en 1933 alguien se atrevió a rodar "Qué grande es estar vivo" ("It's Great to Be Alive", de Alfred Werker), fantasía musical ultra-machista en la que un playboy pasa cinco años perdido en una isla, y cuando es rescatado se entera de que todos los hombres de la Tierra han muerto, y que el único varón que queda es él. Por supuesto, todas las mujeres enloquecen ante el olor de la testosterona, y la presidenta de las Naciones Unidas de las Mujeres decide que el tipo tiene que satisfacerlas sexualmente a todas... Ha habido lugares como Sumuru, ciudad sólo de mujeres ideada por el escritor pulp Sax Rohmer (el creador de Fu-Manchú) y adaptada por Jesús Franco en los años 60, y hasta la Hammer se descolgó con "Mujeres prehistóricas" ("Prehistoric Women", 1967, Michael Carreras), en la que había una tribu entera de terribles mujeres esculturales de largas uñas y pestañas que comían carne cruda, y cuya reina (Martine Beswick, "¡que me coma lo que quiera!", está pensando más de uno) capitaneaba grupos de guerreras que luchaban contra dinosaurios (y aprovechaban los decorados de "Hace un millón de años"). En épocas futuristas, en "Sex Mission" (1984, Julius Machulski), una película checa, un grupo de científicos despiertan en un futuro post-apocalíptico para descubrir que sólo un pueblo de mujeres que viven bajo tierra han sobrevivido a la Tercera Guerra Mundial. Y recuperando el tono artie e intelectual, Marco Ferreri se marcó con "Adios al Macho" (1978) una fábula en la que las feministas radicales han tomado las armas, y Federico Fellini también especuló sobre "La ciudad de la mujeres" (1980) en clave surrealista. El que ante una mujer guapa un hombre se vuelve tonto y ni se defiende, lo sabía el mismísimo Fu-Manchú, que en "Fu-Manchú y el beso de la muerte" (Jesús Franco, 1968) utiliza a esclavas con carmín envenenado en los labios para acabar con altos mandatarios (muy fino este argumento, para que no se diga que todo va a ser vulgaridad y chominismo en este artículo), o el "Dr. G y su máquina de bikinis" (1965, Norman Taurog) y su continuación "El Dr. G y sus chicas bomba" (1967, Mario Bava), en la que un pop y enloquecido Vincent Price utilizaba a guapísimas mujeres artificiales que explotaban cual terrorista islámico en los brazos de hombres importantes para sembrar el pánico en el orden mundial. Pero volvamos a la modalidad de película sobre planetas enteramente habitados por mujeres violentas (violadoras), como en "Cat-Women of the Moon" (1953, Arthur Hilton), "Queen of Outer Space" (1958, Edward Bernds) en la que una malvada Zsa Zsa Gabor con minifalda y reina de Venus nos la tenía jurada a todos los hombres, "Missile to the Moon" (1959, Richard Cunha) o "Mesa of Lost Women" (1953, Herbert Tevos y Ron Ormond), en la que incluso habían sido mutadas con arañas para ser aún más feroces. En "Devil Women from Mars" (1954), unas marcianas la mar de bien puestas esperan ansiosas a que un astronauta caiga en su poder para perpetuar su especie, y en "Fire Maidens from Outer Space" (1958, Cy Roth) son buenas, pero también están necesitadas. En los años 60 llevaban todavía menos ropa en "Alien Women" (1969, Michael Cort), y en los años 70 fue "Star Maidens", otro planeta en el que no es conveniente caer si tienes un pene, y "Spermula" (1976, Charles Matton) con sus vampiras espaciales que te chupaban... no precisamente la sangre. Vampiras del espacio exterior famosas, las ha habido tanto como la inolvidable Mathilda May de "Lifeforce: fuerza vital" (1985, Tobe Hooper), llegada del espacio completamente en bolas, como su madre la trajo al mundo, para dejar no pocas víctimas masculinas, y todos ellos mueren entre babas de lo más lamentables y ni se defienden. Y todavía hay otra depredadora reciente más, la de "Species: Especie mortal" (1995, Roger Donaldson), con una Natasha Henstridge (modelo sueca) como enésima parábola de las enfermedades de transmisión sexual, o quizás simplemente de cómo nos pierde nuestra polla. Claro que alguna vez también fue al revés, un planeta de marcianos-varones completamente salidos vino a la tierra atraído por nuestras chicas guapas, como en "Mars Need Women" (1967, Larry Cuchanan), o en "Las chicas de la Tierra son fáciles" (1989, Julien Temple), título harto elocuente de lo que se piensan algunos alienígenas; por supuesto, están muy equivocados. Como fuere, en todas estas historias hay algo claro: estas mujeres siempre son extraordinariamente sexys, visten con muy poca ropa (faldas cortas, lencería, transparencias...) o con ninguna, y odian al macho porque en el fondo le desean, y sus sociedades no funcionan sin él o son tiranías terriblemente despóticas. En México no iban a ser menos. Películas como "El sexo fuerte" (1945, Emilio Gómez Muriel), "La nave de los monstruos" (1959, Rogelio González) que plantea una nave que va recolectando varones por toda la galaxia destino a Venus y que termina estrellándose en México, o ésta que nos ocupa no dejan lugar a dudas: el Universo está poblado de auténticas lobas que a golpe de muslamen, escote y bellísimos rostros sólo buscan la perdición de un buen chico. Y ya saben ustedes, que puestos a comparar, México siempre ha sido un país de modelos, cantantes ya actrices bellas hasta lo sobrenatural...
En efecto, "El planeta de las mujeres invasoras" entra de lleno dentro de esa resbaladiza categoría inaprensible para el razonamiento que llamamos "tan mala que es buena". Se trata de un film completamente jovial y festivo, en el que el humor involuntario le hace saltar de la silla al espectador en cada momento. Los diálogos más absurdos y maravillosamente idiotas del mundo, mezclados con las ideas argumentales más delirantes y estrambóticas, y con la chapuza de los efectos especiales más tercermundistas, hacen de su observación una fiesta. Pocas películas puede haber más acertadas para saber el significado de la palabra psicotrónico y para entender el culto a la buena caspa y al trash. Lo único que se necesita para que algo así funcione es una importante dosis de sentido de la maravilla, y varios galones de complicidad con el espectador, que se logran por medio de una sinceridad y falta de pretensiones aplastante en el planteamiento de objetivos, y una entrega total al ritmo de la aventura, que son dos cosas que quizás las malas-buenas películas de hoy en día han perdido. En sus usos escénicos, la película bebe muy directamente de los seriales americanos de Flash Gordon, de alguna de las películas que he citado (en partícula de "Queen from Outer Space"), del film de Abbott y Costello "Abbott and Costello Goes to Mars", y también hay algo en su resolución sacado de "The Mole People" (1956). Hay una pelea como en las películas de luchadores enmascarados, en este caso un combate de boxeo al principio del film, rodado con amenidad y eficiencia; y las escenas con maquetas en miniatura, funcionan a pesar de su bajo presupuesto. La trama tiene una lógica interna muy frágil, por no decir irreal. El planteamiento inicial de los personajes está bien, si bien con el paso del metraje cualquier característica prometedora suya desaparece y se diluye en la mera caricatura. Pero sobre todo, lo que prima en esta clase de películas es la fuertísima identidad como cine nacional. Pertenecen a una fase del cine fantástico comercial mexicano en el que se ha pasado de una tradición más clásica y melodramática (como las películas de Fernando Mëndez) a una producción más pop, pero siempre intensamente mexicano, con sus héroes que parecen barrio aunque estén salvando el universo, sus humoristas en auge, y sobre todo sus costumbres irrenunciablemente charras. Alfredo Crevenna dirigiría un año después "Santo contra la invasión de los marcianos" (1966), una de las más prestigiosas películas protagonizada por Santo, el Enmascarado de Plata, y en la que reciclaría muchas de las ideas de esta película. Es así mismo director de unas cuantas de las películas de Santo en su última época, como "Santo y Blue Demons vs. las bestias del terror" (1971), "Santo vs. la magia negra" (1973), o "La furia de los karatekas" (1982), o de películas del género como "La casa de los espantos" (1961) o "La huella macabra" (1962) "El planeta de las mujeres invasoras" es una película mediocre para disfrutarla en un pase desprejuiciado con amigos. Hagan la prueba.
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