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  Artículos - Cine

La casa de las dagas voladoras /House of the Flying Daggers  ("Shi mian mai fu", 2004)
Por Oscar Sueiro, a.k.a. Dr. West y Javier Ludeña

Ficha técnica:

Director: Zhang Yimou
Guión: Li Feng / Wang Bin / Zhang Yimou
Fotografía: Zhao Xiaoding; Música: Shigeru Umebayashi; Montaje: Long Cheng: Director artístico: Hao Zhong; Vestuario: Emi Wada; Efectos visuales: Fuel / Digital Pictures / Animal Logic; Coreógrafo de artes marciales: Shing Siu-Tung
Cast: Takeshi Kaneshiro (Jin), Andy Lau (Leo), Zhang Ziyi (Mei). Dandan Song (Yee)
China / Hong Kong, una producción Beijing New Picture Film Co / China Film Co-Production Corporation / EDKO Film Ltd. / Elite Group Enterprises / Zhang Yimou Studio; Productores: William Kong / Zhang Weiping (productor ejecutivo) / Zhang Yimou / Zhang Zhenyan (productor asociado)
119 minutos; Color; Idioma original: Chino mandarín; Ratio original: 2.35:1;
Web oficial: http://www.houseofflyingdaggers.com/

Sinopsis: China, año 859 a.C. La dinastía Tang está en declive. Sus días de gloria han quedado atrás y el malestar se siente por todo el país. Ejércitos rebeldes se levantan en señal de protesta contra el gobierno corrupto. Una de las facciones más peligrosas y con más prestigio por su preocupación por los pobres, es la "Casa de las dagas voladoras". Escondidos en el Condado de Feng Tian, las autoridades han intentado detenerles a toda costa pero incluso ahora se están haciendo más poderosos gracias a un nuevo y misterioso líder. Para capturarlo dos capitanes locales, Jin y Leo trazan un elaborado plan: Jin se hará pasar por un guerrero solitario para rescatar y liberar de prisión a la bella y ciega revolucionaria Mei para que le lleve al cuartel secreto de las Dagas Voladoras. El plan parece funcionar hasta que los dos se enamoran. Entonces las dudas y los secretos, junto con los peligros del viaje, harán que se planteen muchas preguntas.

 

Comentarios (por Javier Ludeña)
La confirmación del giro en la carrera del Maestro Zhang Yimou, único director chino nominado tres veces a los Oscars y reconocido en Europa a través de festivales como la Berlinale, el miembro más destacado de los llamados Cineastas de la Quinta Generación de China, especializado hasta muy recientemente en un cine comprometido y de contenido social ("Sorgo rojo", "La linterna roja", "El camino a casa", "Ni uno menos"), y que con la arrebatadora "Hero" nos sorprendió al internarse en el wuxia, o género de artes marciales fantásticas marcado por los personajes que "vuelan" y las coreografías de luchas tan vistosas como improbables. Los fans de dicho género, que no nació ni mucho menos como el público neófito piensa con "Tigre y Dragón" (que sin embargo tal vez sí fue la primera película de este estilo que vio todo el mundo), estamos de suerte, ya que Zhang Yimou no sólo está haciendo una extraordinaria tarea por dignificarlo (o mejor dicho: por llevarlo a un terreno de cine de autor apto incluso para los más elitistas festivales, y sacarlo de su entorno natural hasta ahora, el cine popular), sino que aún otro paso más, lo eleva a la categoría artística más alta, por su plasticidad y su portentosa profundidad lírica. Las imágenes de "La casa de las dagas voladoras" nos internan en un mundo cromático y estético arrobador, hipnótico e inolvidable, en el que la lucha se entiende como danza en su sentido más noble, y el vestuario y la fotografía adquieren cualidades poéticas raras veces vistas en el cine.
 

Una aproximación al género wuxia
El propio Yimou explica este giro diciendo que él jamás se considerará un director de películas de acción, pero sí un estudioso entusiasta del género. Para los occidentales, resulta difícil de entender como él, como antes lo hizo Ang Lee, puede interesarse desde la cultura por un género que entre nosotros se considera meramente de evasión. Esto es así porque en general los europeos y los americanos desconocemos por completo la tradición literaria china, y hasta que punto está enraizado este tipo de relato en su historia cultural.

La palabra wuxia, que viene a englobar todo este género, está compuesta por dos partes: la partícula wu designa a lo que tiene que ver con las artes marciales, la guerra y lo militar; la partícula xia viene a definir al tipo de personajes que protagonizan estas narraciones, y a muy grosso modo, podríamos identificarlo con nuestros caballeros. Todo junto, el wuxia se podría traducir como narración de caballería y artes marciales, pero implicando en su concepto de caballería toda la mística de las creencias orientales y las artes marciales en su sentido más amplio. Así, no hay que extrañarse ante la importancia que se le da al poder de la mente, y la posibilidad de hazañas cuasi-sobrenaturales tales como la levitación, o la alteración de la materia con el simple tacto.

El wuxia se convierte en literatura a partir de la dinastía Tang (años 618-907 d.C), por medio de la tradición de ciertos romances en prosa. Aquellos wuxia originales ya incluían la mayoría de elementos que todavía conservan las películas que vemos ahora: magia, capacidades aparentemente sobrenaturales, venganzas apasionadas, etc. Durante las dinastías Ming (1368-1664) y Qing (1664-1912), los escritores de wuxia dejaron todas las bases establecidas, y moldearon los modelos con los que trabajarán los modernos cultivadores del género. Escritores tan populares en China como Huanzhu Louzhu, Wang Dulu, Yao Minai, Jin Yong, Liang Yusheng o Gu Long, destacaron a lo lardo del siglo pasado cultivando este género.

Por supuesto el que el cine se hiciera eco de esas historias, fue algo natural. Desde el cine mudo, la cinematografía china contó historias wuxia, sólo que sin los efectos especiales, claro está, y de manera harto limitada. Con el asentamiento de Hong Kong como auténtica potencia cinematográfica mundial (durante muchos años, el segundo mayor productor de películas del mundo después de India, y por delante de Hollywood), y con el auge del cine de artes marciales acaecido a partir del deslumbramiento internacional ante Bruce Lee, los acercamientos al género se van tornando cada vez más y más espectaculares y osados, hasta llegar a las innovadoras películas de King Hu (autor de los films "Come Drink with Me", "Dragon Inn", etc), todo un renovador estético, o Chang Cheh (autor de la prestigiosa "One-Armed Swordman", y de otros films como "The Magnificent Trio", "The Deadly Duo", etc), y su refinada manera de retratar la violencia, la mayoría de estas películas bajo pabellones hoy tan míticos como el de la productora de los Shaw Brothers.

Pero el hombre al que se le considera responsable definitivo de la forma actual del género, al haber sido el que le añadió toda su parafernalia fantástica, así como el creativo uso de efectos especiales primero sencillos (cables, plintos, trucos visuales) y luego muy sofisticados (los actuales efectos digitales), es Tsui Hark. El famoso director y productor nacido en Vietnam pero afincado en Hong Kong, en donde ha sido comparado a un Steven Spielberg por su doble vertiente de exitoso director de películas de gran gancho comercial con su tarea de productor de éxitos tan grandes o mayores con otros directores, rodó en 1983 el film "Zu: Guerreros de la montaña mágica", y en él ya estaba todo: guerreros capaces de realizar saltos imposibles, casi de volar, que caminaban por las paredes o se sostenían en el aire, capaces de las mayores acrobacias con la espada, e incluso de lanzar y repeler rayos mágicos, a lo Goku. Tsui Hark no se cortaba ni un pelo...   La película tuvo tanto éxito, que abrió una brecha tremenda, y las consecuencias e imitaciones se multiplicaron por docenas. Clásicos como la trilogía "Una historia china de fantasmas" (desde 1987, de Ching Siu-Tung), "La novia del cabello blanco" y secuela (1993, de Ronny Yu), la saga "Swordman" (desde 1990, de Ching Siu-Tung y King Hu) o la hermosísima "Green Snake" (1993, del mismo Tsui Hark), terminaron de formar una filmografía fantasiosa, dulce, romántica, que mezclaba las espadas y las artes marciales con una poética fantasiosa de los caballeros errantes capaces hasta de volar por amor, por pasión, o por venganza.

En ese contexto, y con toda esa celebrada colección de joyas del cine popular detrás, surge "Tigre y Dragón" o como cruzar los modos narrativos occidentales con los temas y el espíritu del wuxia. Y después "Hero", ya de Zhang Yimou, el hombre que hoy nos ocupa, y que acaba de presentar en los cines españoles su segundo largometraje en esta onda: "La casa de las dagas voladoras".


El enfoque de Zhang Yimou
A Zhang Yimou no le interesan las peleas en sí, lo que podríamos llamar "las batallitas". A un autor con una sensibilidad como la suya, de un género como el wuxia lo que verdaderamente le puede atraer es su potencial ético y estético.

Ética, la del guerrero, la del caballero, el sentido del deber, el espíritu de sacrificio, y la fuerza del amor. En palabras del director: "Para mí, esta no es una película de artes marciales ordinaria. Esta es una historia de amor atrapada en una película de acción. Jin y Mei sólo pasan tres días juntos, pero durante ese tiempo, se aman fieramente. No hay forma de explicar su amor. Si puedes explicarlo, entonces no es amor. Quizá sólo necesitamos tres segundos para encontrar el amor verdadero".

 Estética, toda una arrebatadora sinfonía plástica y cromática formada por los vestuarios, los suntuosos decorados, las edénicas localizaciones, y ante todo el movimiento de los luchadores, el cuerpo humano (fusionado con la espada o el arco) como máxima expresión del ideal de belleza, moviéndose para atacar o para repeler/esquivar el ataque, como en un ballet en el que el más mínimo giro, el más imperceptible desplazamiento, forma parte de una coreografía ensayada de una expresividad vibrante.

En un género tan estereotipado y codificado como el wuxia, Yimou encuentra la oportunidad única para un creador de imágenes de romper con la demanda de realismo para entregarse a un ejercicio de caligrafía cinematográfica pura, similar al arte de la caligrafía tradicional china. En "La casa de las dagas voladoras", todo lo que configura una película es manipulado y retocado para construir una métrica nueva, y hablo de métrica porque de un poema se trata, en el que los trucos visuales reemplazan a sinalefas y diéresis para construir un determinado tono emocional:

- El tiempo: cuatro flechas que salen sucesivamente, y que sin embargo llegan todas a la vez, una primavera que se convierte en crudo invierno en cuestión de segundos, la acción que se ralentiza (cámara lenta) o se acelera (cámara rápida) según conviene.
- El espacio: flechas y proyectiles que realizan giros imposibles, efectos de carambola, metros que se tardan en recorrer eternidades a una gran velocidad y lejanías al alcance de una rama cortada en forma de daga.
- Las leyes de la física: leves levitaciones, saltos imposibles, sostenerse entre dos troncos de bambú con sólo las dos piernas abiertas, la fuerza de una legumbre lanzada con un dedo capaz de viajar hasta el infinito.

- Las apariencias: nada es lo que se dice, la mirada y los oídos nos engañan, todos los personajes mienten y esconden un secreto, impostores, muertos que no están muertos, golpes que sólo se amagan, etc.

Zhang Yimou adecua cada uno de los elementos al clima lírico de lo que está sucediendo, como si los factores temporales, espaciales y materiales de la obra fueran instrumentos al servicio de la melodía de su canción en imágenes. Lo narrado se difumina empujado en un afán de expresión superior, y el manido esquematismo de los personajes, típicos de su subgénero, y la simplicidad general de la historia, no entorpecen la exhibición de sensibilidad que realiza el director. La épica se repliega por completo hasta desaparecer (de hecho, la batalla más importante y aparatosa de la película, la que tendrá lugar entre el ejercito imperial y la Casa de las Dagas Voladoras, se nos escamotea), y la mirada del autor se centra en los estados íntimos del triángulo (amoroso) protagonista.

Pero no todo es la forma y debajo el vacío en "La casa de las dagas voladoras". Hay también un excelente trabajo de dirección de actores, y podemos destacar muy especialmente las deliciosas escenas compartidas por Takeshi  Keneshiro  (Jin) y la bellísima Zhang Ziyi (Mei), sobre todo en la primera mitad del metraje, antes de que la historia de amor se haya hecho explícita y aún están en fase de enamoramiento, rebosantes de tensión sexual y de atracción mutua reprimida. Los actores hacen un trabajo magnífico describiendo el juego de la seducción, y el proceso magnético por el que un hombre y una mujer quedan ligados. El director, ha querido hacer especial hincapié en las pasiones: "En China, decimos que Amor, Odio, Pasión y Venganza son las emociones más volátiles, y son estos sentimientos los que envuelven a los tres personajes principales". Estos, añado yo, arden por dentro, y es su fulgor la energía que todo el vistosísimo ensamblado poético que hemos visto, necesita para avanzar.

En esta ocasión, tenemos una cantidad notablemente inferior de secuencias de impacto visual y exhibicionismo técnico que en "Hero", film prácticamente estructurado en círculos superpuestos como una espira para el lucimiento de éstas. También hay muchas menos explosiones de malabarismo fantasioso. Si bien las leyes de la física y de la lógica se supeditan, como se ha dicho, al sentido estético y plástico de la cinta, en "La casa de las dagas voladoras" hay muchos menos vuelos y efectos especiales. También en esto se ha optado por una cierta moderación destinada a subrayar el intimismo. Sin embargo, a pesar de este detalle, el resultado general de esta película es mucho más homogéneo y compacto que el de "Hero", mejor estructurado, y sus deslumbrantes elementos mágicos, así como los combates de artes marciales imposibles, más integrados dentro de lo narrado. Por ello, y por carecer de los matices ultra-nacionalistas (e incluso filo-fascistas) que tenía el final de aquel, consideramos que "La casa de las dagas voladoras" es un film superior a "Hero", y hasta el momento quedará como la palabra definitiva de su género.

Un último comentario de tipo sociológico: quisiera hacer notar, para el que no haya reparado en ello, el modo en el que las mujeres en esta clase de películas, a pesar su rol, que lo tienen, son guerreras tan diestras como los hombres y participan activamente en los combates, un producto, sin duda, de la llamada "Revolución Cultural China", en la que participaban por igual hombres y mujeres como mano de obra, y que ha colocado a las heroínas chinas en un plano por lo menos interesante.
 

El reparto
Si en "Hero" Zhang Yimou se rodeó de actores de cierto renombre internacional, incluso fuera del continente asiático, como son Jet Li (de sobra conocido en los Estados Unidos), Tony Leung Chiu Wai ("In the Mood for Love", "2046", "Infernal Affairs") o Maggie Cheung ("Green Snake", "In the Mood for Love", "2046), en "La casa de las dagas voladoras" vuelve a repetir la estrategia, eligiendo a actores de enorme calidad que ya tienen cierto nombre en el circuito internacional: repite con Takeshi Kaneshiro (Jin), el actor japonés-taiwanés, que ya había participado en "Hero", y que es conocido por sus interpretaciones a las órdenes del visionario Wong Kar Wai, como en "Chungking Express" y "Fallen Angels" y también es el protagonista de films comerciales de tanto éxito como "The Returner". Y también repite con Zhang Ziyi (Mei), la joven Moon de "Hero", y a la que también hemos visto en "La leyenda de Zu" (2001, el remake de "Zu: Guerreros de la montaña mágica"), "Musa the Warrior" y, también ella, en "2046" de Wong Kar Wai. Andy Lau (Leo), es una gran estrella en China, es famoso sobre todo por la trilogía de "Infernal Affairs".

Como triste anécdota sobre el reparto, podemos decir que el personaje que al final ha interpretado Zhang Ziyi estaba previsto y preparado para la nunca suficientemente llorada actriz y cantante Anita Mui, a cuya memoria está dedicada la película, y cuya muerte prematura el año pasado nos privó a nosotros de ella, y a ella del papel. En honor a Zhang Ziyi, y sin menos cabo de lo que quisimos a Anita, también hay que decir que para preparar su papel estuvo conviviendo durante dos meses con una muchacha ciega de verdad, y que su interpretación es magnífica, en la que además nos demuestra sus dotes de bailarina.
 

Notas de producción
La película está enteramente rodada en distintas localizaciones impresionantes de China, salvo en la escena de la nieve, que está rodada en Ucrania. También se emplea como escenario un bosque de bambú, escena emblemática que suele salir en casi todas las películas de este género, como una parada obligada de sus recorridos, e incluida en este acaso aposta como homenaje.

Fue presentada en el Festival de Cannes del año pasado, y ahora comparece como candidata al Oscar a la Mejor Película de Habla no-inglesa.

Momentos mágicos
Hay básicamente tres escenas técnicamente maravillosas en la película, cada una en uno de sus  tres actos: la pelea en la Casa de las Peonías, la pelea en el campo de flores (incluso me gusta más que la escena en el bosque de bambú), y el final, con el enfrentamiento hombre a hombre o en triángulo, como en un spaguetti-western (de hecho, el wuxia se nutre también del chambara japonés, que a su vez bebe del spaguetti), en ese paisaje nevado, con la sangre dando contraste al blanco absoluto del suelo.

 Un caramelo para los sentidos y una maravilla que no debes perderte.


Crítica (por Oscar Sueiro)
Empecemos por lo obvio. La Casa de las Dagas Voladoras es, como ya lo fue Hero, un espectáculo audiovisual que pretende y consigue rozar la perfección en la forma. Y para llegar a ello, Zhang Yimou, se debió obsesionar con algunos elementos tales como; la fotografía y el cromatismo (íntimamente relacionados), la composición y las coreografías (también estrechamente relacionados), y por último, la música y los efectos de sonido. Pero estas manías ya las tenía cuando se planteó rodar Hero, que supuso un giro radical en su carrera, como bien apunta mi compañero Javier Ludeña en los comentarios.

Pasemos a comentar una de las partes más importantes del film, las coreografías.
Siempre es un placer encontrarse con el maestro Ching Siu-Tung, quién ya dirigió la acción de la anterior película de Yimou, y cuenta con un currículum insuperable dentro de los géneros Swordplay y Wuxia. Por recordar algunas, y de paso aconsejarlas, citaré la trilogía de Swordman, la trilogía de Una Historia China de Fantasmas, la fantástica The Duel, y su obra maestra Duel to the Death, cuyo duelo final habré visto unas cuarenta veces.
Pues bien, en esta ocasión, Siu-Tung, a parte de lo que ya solía hacer con la espada como único elemento, potencia la espectacularidad del Kung-fu clásico aprovechándose puntualmente de las ventajas que le ofrecen los efectos especiales (impresionantes todos los lanzamientos de dagas voladoras).

Sobre la fotografía y el tratamiento del color no se puede comentar  nada en particular, pues toda la película es una exhibición cromática. La gota de sangre en la nieve, los paisajes, las telas, la decoración de la casa de peonías… todo.
Una vez tenemos claro que House of the Flying Daggers es técnicamente perfecta, cosa que en pantalla queda clara a los diez segundos de metraje, podemos hablar de la narrativa.

Narrativamente, el director ya no se complica tanto. El film no es contado de una forma totalmente lineal y sencilla. Pero su baza es ir dosificando la información y ocultar grandes detalles que luego se tornarán grandes giros de guión. Incluso demasiados, si me permitís este pequeño reproche.
Pero tampoco importa, porque cuando estamos ante el final de la película, todos esos giros, las subtramas que se han ido desarrollando se diluyen hasta quedarse nada, ya que lo único que nos inquieta es la resolución del núcleo del film, del epicentro del guión. Un triángulo amoroso que todo lo puede.
Digamos que durante la primera hora y media de metraje entroncan la verdadera historia ramificándola con mentiras y trucos narrativos que potenciarán la media hora final.  

Con todo esto quiero ir a parar al único posible “pero” que le encuentro a la película. Y es que con tanto perfeccionismo, con tanto preciosismo y lujo de detalles, con tanto truquito narrativo… puede que la historia no enganche o no emocione como debería, porque hace que sea casi obligatorio detenerse a decir: -vaya plano! Que efectos! , con demasiada frecuencia y no atendamos al contenido dramático del propio plano o de la secuencia. Es decir, que en mucho momentos la historia está a merced de las imágenes, y no las imágenes a merced de las historias, como debería ser.
De lo mismo pecaba Hero, además de tener un guión algo más endeble que el que nos ocupa.

Por último destacaré las actuaciones del trío protagonista, sobretodo la de la maravillosa Zhang Ziyi, que hace gala de sus excelencias interpretativas, demostrando que puede aguantar el peso dramático de cualquier personaje que le propongan. Aunque a mi entender ya lo demostró con el papel que la llevó a la fama internacional, en Tigre y Dragón.
Andy Lau y Takeshi Kaneshiro se mantienen a la altura, que no es poco. Y aunque en España aún no sean conocidos, gozan de gran fama en Asia. Andy Lau ha intervenido en muchos títulos, pero su popularidad llegó con la trilogía de Infernal Affairs. Y Takeshi Kaneshiro, que tuvo un pequeño papel en Chunking Express, es ahora mucho más famoso gracias a Returner.

En fin, una delicia incluso para los no aficionados a las artes marciales que os dejará boquiabiertos durante toda la proyección.