
Ficha técnica:
Director: Zhang Yimou
Guión: Li Feng / Wang Bin / Zhang Yimou
Fotografía: Zhao Xiaoding; Música: Shigeru Umebayashi; Montaje: Long Cheng:
Director artístico: Hao Zhong; Vestuario: Emi Wada; Efectos visuales: Fuel /
Digital Pictures / Animal Logic; Coreógrafo de artes marciales: Shing Siu-Tung
Cast: Takeshi Kaneshiro (Jin), Andy Lau (Leo), Zhang Ziyi (Mei). Dandan Song
(Yee)
China / Hong Kong, una producción Beijing New Picture Film Co / China Film
Co-Production Corporation / EDKO Film Ltd. / Elite Group Enterprises / Zhang
Yimou Studio; Productores: William Kong / Zhang Weiping (productor
ejecutivo) / Zhang Yimou / Zhang Zhenyan (productor asociado)
119 minutos; Color; Idioma original: Chino mandarín; Ratio
original: 2.35:1;
Web oficial:
http://www.houseofflyingdaggers.com/
Sinopsis:
China, año 859 a.C. La dinastía Tang está en declive. Sus días de gloria han
quedado atrás y el malestar se siente por todo el país. Ejércitos rebeldes se
levantan en señal de protesta contra el gobierno corrupto. Una de las facciones
más peligrosas y con más prestigio por su preocupación por los pobres, es la
"Casa de las dagas voladoras". Escondidos en el Condado de Feng Tian, las
autoridades han intentado detenerles a toda costa pero incluso ahora se están
haciendo más poderosos gracias a un nuevo y misterioso líder. Para capturarlo
dos capitanes locales, Jin y Leo trazan un elaborado plan: Jin se hará pasar por
un guerrero solitario para rescatar y liberar de prisión a la bella y ciega
revolucionaria Mei para que le lleve al cuartel secreto de las Dagas Voladoras.
El plan parece funcionar hasta que los dos se enamoran. Entonces las dudas y los
secretos, junto con los peligros del viaje, harán que se planteen muchas
preguntas.
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Comentarios
(por Javier Ludeña)
La confirmación del giro en la carrera del Maestro
Zhang Yimou, único director chino nominado tres veces a los Oscars y
reconocido en Europa a través de festivales como la Berlinale, el miembro más
destacado de los llamados Cineastas de la Quinta Generación de China, especializado hasta muy recientemente en un cine comprometido y
de contenido social ("Sorgo rojo", "La linterna roja", "El camino a casa", "Ni
uno menos"), y que con la arrebatadora "Hero" nos sorprendió al
internarse en el wuxia, o género de artes marciales fantásticas marcado
por los personajes que "vuelan" y las coreografías de luchas tan vistosas como
improbables. Los fans de dicho género, que no nació ni mucho menos como el
público neófito piensa con "Tigre y Dragón" (que sin embargo tal vez sí
fue la primera película de este estilo que vio todo el mundo), estamos de
suerte, ya que Zhang Yimou no sólo está haciendo una extraordinaria tarea
por dignificarlo (o mejor dicho: por llevarlo a un terreno de cine de autor
apto incluso para los más elitistas festivales, y sacarlo de su entorno natural
hasta ahora, el cine popular), sino que aún otro paso más, lo eleva a la
categoría artística más alta, por su plasticidad y su portentosa profundidad
lírica. Las imágenes de "La casa de las dagas voladoras" nos internan en
un mundo cromático y estético arrobador, hipnótico e inolvidable, en el que la
lucha se entiende como danza en su sentido más noble, y el vestuario y la
fotografía adquieren cualidades poéticas raras veces vistas en el cine.
Una aproximación al
género wuxia
El propio Yimou explica este giro diciendo que él jamás se considerará un
director de películas de acción, pero sí un estudioso entusiasta del género.
Para los occidentales, resulta difícil de entender como él, como antes lo hizo
Ang Lee, puede interesarse desde la cultura por un género que entre nosotros se
considera meramente de evasión. Esto es así porque en general los europeos y los
americanos desconocemos por completo la tradición literaria china, y hasta que
punto está enraizado este tipo de relato en su historia cultural.
La palabra wuxia, que viene a englobar todo este género, está compuesta
por dos partes: la partícula wu designa a lo que tiene que ver con las
artes marciales, la guerra y lo militar; la partícula xia viene a definir
al tipo de personajes que protagonizan estas narraciones, y a muy grosso modo,
podríamos identificarlo con nuestros caballeros. Todo junto, el wuxia se
podría traducir como narración de caballería y artes marciales, pero implicando
en su concepto de caballería toda la mística de las creencias orientales y las
artes marciales en su sentido más amplio. Así, no hay que extrañarse ante la
importancia que se le da al poder de la mente, y la posibilidad de hazañas cuasi-sobrenaturales
tales como la levitación, o la alteración de la materia con el simple tacto.
El wuxia se convierte en literatura a partir
de la dinastía Tang (años 618-907 d.C), por medio de la tradición de ciertos
romances en prosa. Aquellos wuxia originales ya incluían la mayoría de
elementos que todavía conservan las películas que vemos ahora: magia,
capacidades aparentemente sobrenaturales, venganzas apasionadas, etc. Durante
las dinastías Ming (1368-1664) y Qing (1664-1912), los escritores de wuxia
dejaron todas las bases establecidas, y moldearon los modelos con los que
trabajarán los modernos cultivadores del género. Escritores tan populares en
China como Huanzhu Louzhu, Wang Dulu, Yao Minai, Jin Yong, Liang Yusheng o Gu
Long, destacaron a lo lardo del siglo pasado cultivando este género.
Por supuesto el que el cine se hiciera eco de esas
historias, fue algo natural. Desde el cine mudo, la cinematografía china contó
historias wuxia, sólo que sin los efectos especiales, claro está, y de
manera harto limitada. Con el asentamiento de Hong Kong como auténtica potencia
cinematográfica mundial (durante muchos años, el segundo mayor productor de
películas del mundo después de India, y por delante de Hollywood), y con el auge
del cine de artes marciales acaecido a partir del deslumbramiento internacional
ante Bruce Lee, los acercamientos al género se van tornando cada vez más y más
espectaculares y osados, hasta llegar a las innovadoras películas de King Hu
(autor de los films "Come Drink with Me", "Dragon Inn", etc), todo un
renovador estético, o Chang Cheh (autor de la prestigiosa "One-Armed
Swordman", y de otros films como "The Magnificent Trio", "The Deadly Duo", etc),
y su refinada manera de retratar la violencia, la mayoría de estas películas
bajo pabellones hoy tan míticos como el de la productora de los Shaw Brothers.
Pero el hombre al que se le considera responsable
definitivo de la forma actual del género, al haber sido el que le añadió toda su
parafernalia fantástica, así como el creativo uso de efectos especiales primero
sencillos (cables, plintos, trucos visuales) y luego muy sofisticados (los
actuales efectos digitales), es Tsui Hark. El famoso director y productor
nacido en Vietnam pero afincado en Hong Kong, en donde ha sido comparado a un
Steven Spielberg por su doble vertiente de exitoso director de películas de gran
gancho comercial con su tarea de productor de éxitos tan grandes o mayores con
otros directores, rodó en 1983 el film "Zu: Guerreros de la montaña mágica",
y en él ya estaba todo: guerreros capaces de realizar saltos imposibles, casi de
volar, que caminaban por las paredes o se sostenían en el aire, capaces de las
mayores acrobacias con la espada, e incluso de lanzar y repeler rayos mágicos, a
lo Goku. Tsui Hark no se cortaba ni un pelo... La película tuvo
tanto éxito, que abrió una brecha tremenda, y las consecuencias e imitaciones se
multiplicaron por docenas. Clásicos como la trilogía "Una historia china de
fantasmas" (desde 1987, de Ching Siu-Tung), "La novia del cabello blanco"
y secuela (1993, de Ronny Yu), la saga "Swordman" (desde 1990, de Ching
Siu-Tung y King Hu) o la hermosísima "Green Snake" (1993, del mismo Tsui
Hark), terminaron de formar una filmografía fantasiosa, dulce, romántica, que
mezclaba las espadas y las artes marciales con una poética fantasiosa de los
caballeros errantes capaces hasta de volar por amor, por pasión, o por venganza.
En ese contexto, y con toda esa celebrada colección
de joyas del cine popular detrás, surge "Tigre y Dragón" o como cruzar
los modos narrativos occidentales con los temas y el espíritu del wuxia.
Y después "Hero", ya de Zhang Yimou, el hombre que hoy nos ocupa,
y que acaba de presentar en los cines españoles su segundo largometraje en esta
onda: "La casa de las dagas voladoras".
El enfoque de Zhang Yimou
A Zhang Yimou no le interesan las peleas en sí, lo que podríamos llamar "las
batallitas". A un autor con una sensibilidad como la suya, de un género como el
wuxia lo que verdaderamente le puede atraer es su potencial ético y
estético.
Ética, la del guerrero, la del caballero, el sentido
del deber, el espíritu de sacrificio, y la fuerza del amor. En palabras del
director:
"Para mí, esta no es una película
de artes marciales ordinaria. Esta es una historia de amor atrapada en una
película de acción. Jin y Mei sólo pasan tres días juntos, pero durante ese
tiempo, se aman fieramente. No hay forma de explicar su amor. Si puedes
explicarlo, entonces no es amor. Quizá sólo necesitamos tres segundos para
encontrar el amor verdadero".
Estética, toda una arrebatadora sinfonía plástica y cromática formada por
los vestuarios, los suntuosos decorados, las edénicas localizaciones, y ante
todo el movimiento de los luchadores, el cuerpo humano (fusionado con la espada
o el arco) como máxima expresión del ideal de belleza, moviéndose para atacar o
para repeler/esquivar el ataque, como en un ballet en el que el más
mínimo giro, el más imperceptible desplazamiento, forma parte de una coreografía
ensayada de una expresividad vibrante.
En un género tan estereotipado y codificado como el
wuxia, Yimou encuentra la oportunidad única para un creador de imágenes
de romper con la demanda de realismo para entregarse a un ejercicio de
caligrafía cinematográfica pura, similar al arte de la caligrafía tradicional
china. En "La casa de las dagas voladoras", todo lo que configura una
película es manipulado y retocado para construir una métrica nueva, y hablo de
métrica porque de
un poema se trata, en el que los trucos visuales reemplazan a sinalefas y
diéresis para construir un determinado tono emocional:
- El tiempo: cuatro flechas que salen sucesivamente,
y que sin embargo llegan todas a la vez, una primavera que se convierte en crudo
invierno en cuestión de segundos, la acción que se ralentiza (cámara lenta) o se
acelera (cámara rápida) según conviene.
- El espacio: flechas y proyectiles que realizan
giros imposibles, efectos de carambola, metros que se tardan en recorrer
eternidades a una gran velocidad y lejanías al alcance de una rama cortada en
forma de daga.
- Las leyes de la física: leves levitaciones, saltos
imposibles, sostenerse entre dos troncos de bambú con sólo las dos piernas abiertas,
la fuerza de una legumbre lanzada con un dedo capaz de viajar hasta el infinito.
- Las apariencias: nada es lo que se dice, la mirada y los oídos nos
engañan, todos los personajes mienten y esconden un secreto, impostores, muertos
que no están muertos, golpes que sólo se amagan, etc.
Zhang
Yimou adecua cada uno de los elementos al clima lírico de lo que está
sucediendo, como si los factores temporales, espaciales y materiales de la obra
fueran instrumentos al servicio de la melodía de su canción en imágenes. Lo
narrado se difumina empujado en un afán de expresión superior, y el manido
esquematismo de los personajes, típicos de su subgénero, y la simplicidad
general de la historia, no entorpecen la exhibición de sensibilidad que realiza
el director. La épica se repliega por completo hasta desaparecer (de hecho, la
batalla más importante y aparatosa de la película, la que tendrá lugar entre el
ejercito imperial y la Casa de las Dagas Voladoras, se nos escamotea), y la
mirada del autor se centra en los estados íntimos del triángulo (amoroso)
protagonista.
Pero no todo es la forma y debajo el vacío en "La
casa de las dagas voladoras". Hay también un excelente trabajo de dirección
de actores, y podemos destacar muy especialmente las deliciosas escenas
compartidas por Takeshi Keneshiro (Jin) y la bellísima
Zhang Ziyi (Mei), sobre todo en la primera mitad del metraje, antes de que
la historia de amor se haya hecho explícita y aún están en fase de
enamoramiento, rebosantes de tensión sexual y de atracción mutua reprimida. Los
actores hacen un trabajo magnífico describiendo el juego de la seducción, y el
proceso magnético por el que un hombre y una mujer quedan ligados. El director,
ha querido hacer especial hincapié en las pasiones:
"En China, decimos que Amor, Odio, Pasión y Venganza son las
emociones más volátiles, y son estos sentimientos los que envuelven a los tres
personajes principales". Estos, añado yo, arden por
dentro, y es su fulgor la energía que todo el vistosísimo ensamblado poético que
hemos visto, necesita para avanzar.
En esta ocasión, tenemos una cantidad notablemente
inferior de secuencias de impacto visual y exhibicionismo técnico que en "Hero",
film prácticamente estructurado en círculos superpuestos como una espira para el
lucimiento de éstas. También hay muchas menos explosiones de malabarismo
fantasioso. Si bien las leyes de la física y de la lógica se supeditan, como se
ha dicho, al sentido estético y plástico de la cinta, en "La casa de las
dagas voladoras" hay muchos menos vuelos y efectos especiales. También en
esto se ha optado por una cierta moderación destinada a subrayar el intimismo.
Sin embargo, a pesar de este detalle, el resultado general de esta película es
mucho más homogéneo y compacto que el de "Hero", mejor estructurado, y sus
deslumbrantes elementos mágicos, así como los combates de artes marciales
imposibles, más integrados dentro de lo narrado. Por ello, y por carecer de los
matices ultra-nacionalistas (e incluso filo-fascistas) que tenía el final de
aquel, consideramos que "La casa de las dagas voladoras" es un film superior
a "Hero", y hasta el momento quedará como la palabra definitiva de su género.
Un último comentario de tipo sociológico: quisiera
hacer notar, para el que no haya reparado en ello, el modo en el que las mujeres
en esta clase de películas, a pesar su rol, que lo tienen, son guerreras tan
diestras como los hombres y participan activamente en los combates, un producto,
sin duda, de la llamada "Revolución Cultural China", en la que participaban por
igual hombres y mujeres como mano de obra, y que ha colocado a las heroínas
chinas en un plano por lo menos interesante.
El reparto
Si en
"Hero" Zhang Yimou se rodeó de actores de cierto renombre internacional,
incluso fuera del continente asiático, como son Jet Li (de sobra conocido en los
Estados Unidos), Tony Leung Chiu Wai ("In the Mood for Love", "2046", "Infernal
Affairs") o Maggie Cheung ("Green Snake", "In the Mood for Love", "2046), en "La
casa de las dagas voladoras" vuelve a repetir la estrategia, eligiendo a
actores de enorme calidad que ya tienen cierto nombre en el circuito
internacional: repite con Takeshi Kaneshiro (Jin), el actor japonés-taiwanés,
que ya había participado en "Hero", y que es conocido por sus interpretaciones a
las órdenes del visionario Wong Kar Wai, como en "Chungking Express" y "Fallen
Angels" y también es el protagonista de films comerciales de tanto éxito
como "The Returner". Y también repite con Zhang Ziyi (Mei), la
joven Moon de "Hero", y a la que también hemos visto en "La leyenda de Zu"
(2001, el remake de "Zu: Guerreros de la montaña mágica"), "Musa
the Warrior" y, también ella, en "2046" de Wong Kar Wai. Andy Lau
(Leo), es una gran estrella en China, es famoso sobre todo por la trilogía
de "Infernal Affairs".
Como triste anécdota sobre el reparto, podemos decir
que el personaje que al final ha interpretado Zhang Ziyi estaba previsto y
preparado para la nunca suficientemente llorada actriz y cantante Anita Mui,
a cuya memoria está dedicada la película, y cuya muerte prematura el año pasado
nos privó a nosotros de ella, y a ella del papel. En honor a Zhang Ziyi, y sin
menos cabo de lo que quisimos a Anita, también hay que decir que para preparar
su papel estuvo conviviendo durante dos meses con una muchacha ciega de verdad,
y que su interpretación es magnífica, en la que además nos demuestra sus dotes
de bailarina.
Notas de producción
La película está enteramente rodada en distintas localizaciones
impresionantes de China, salvo en la escena de la nieve, que está rodada en
Ucrania. También se emplea como escenario un bosque de bambú, escena emblemática
que suele salir en casi todas las películas de este género, como una parada
obligada de sus recorridos, e incluida en este acaso aposta como homenaje.
Fue presentada en el Festival de Cannes del año
pasado, y ahora comparece como candidata al Oscar a la Mejor Película de Habla
no-inglesa.
Momentos mágicos
Hay básicamente tres escenas técnicamente maravillosas en la película, cada
una en uno de sus tres actos: la pelea en la Casa de las Peonías, la pelea
en el campo de flores (incluso me gusta más que la escena en el bosque de
bambú), y el final, con el enfrentamiento hombre a hombre o en triángulo, como
en un spaguetti-western (de hecho, el wuxia se nutre también del
chambara japonés, que a su vez bebe del spaguetti), en ese paisaje
nevado, con la sangre dando contraste al blanco absoluto del suelo.
Un caramelo para los sentidos y una maravilla que no debes
perderte.
Crítica (por Oscar Sueiro)
Empecemos
por lo obvio. La Casa de las Dagas Voladoras es, como ya lo fue Hero,
un espectáculo audiovisual que pretende y consigue rozar la perfección en la
forma. Y para llegar a ello, Zhang Yimou, se debió obsesionar con algunos
elementos tales como; la fotografía y el cromatismo (íntimamente relacionados),
la composición y las coreografías (también estrechamente relacionados), y por
último, la música y los efectos de sonido. Pero estas manías ya las tenía cuando
se planteó rodar Hero, que supuso un giro radical en su carrera, como
bien apunta mi compañero Javier Ludeña en los comentarios.
Pasemos a comentar una de las partes más
importantes del film, las coreografías.
Siempre es un placer encontrarse con el maestro Ching Siu-Tung, quién ya
dirigió la acción de la anterior película de Yimou, y cuenta con un currículum
insuperable dentro de los géneros Swordplay y Wuxia. Por recordar
algunas, y de paso aconsejarlas, citaré la trilogía de Swordman, la
trilogía de Una Historia China de Fantasmas, la fantástica The Duel,
y su obra maestra Duel to the Death, cuyo duelo final habré visto unas
cuarenta veces.
Pues bien, en esta ocasión, Siu-Tung, a parte de lo que ya solía hacer
con la espada como único elemento, potencia la espectacularidad del Kung-fu
clásico aprovechándose puntualmente de las ventajas que le ofrecen los efectos
especiales (impresionantes todos los lanzamientos de dagas voladoras).
Sobre la fotografía y el tratamiento del
color no se puede comentar nada en particular, pues toda la película es una
exhibición cromática. La gota de sangre en la nieve, los paisajes, las telas, la
decoración de la casa de peonías… todo.
Una vez tenemos claro que House of the Flying Daggers es
técnicamente perfecta, cosa que en pantalla queda clara a los diez segundos de
metraje, podemos hablar de la narrativa.
Narrativamente, el director ya no se
complica tanto. El film no es contado de una forma totalmente lineal y sencilla.
Pero su baza es ir dosificando la información y ocultar grandes detalles que
luego se tornarán grandes giros de guión. Incluso demasiados, si me permitís
este pequeño reproche.
Pero tampoco importa, porque cuando estamos ante el final de la película, todos
esos giros, las subtramas que se han ido desarrollando se diluyen hasta quedarse
nada, ya que lo único que nos inquieta es la resolución del núcleo del film, del
epicentro del guión. Un triángulo amoroso que todo lo puede.
Digamos que durante la primera hora y media de metraje entroncan la verdadera
historia ramificándola con mentiras y trucos narrativos que potenciarán la media
hora final.
Con
todo esto quiero ir a parar al único posible “pero” que le encuentro a la
película. Y es que con tanto perfeccionismo, con tanto preciosismo y lujo de
detalles, con tanto truquito narrativo… puede que la historia no enganche o no
emocione como debería, porque hace que sea casi obligatorio detenerse a decir:
-vaya plano! Que efectos! , con demasiada frecuencia y no atendamos al contenido
dramático del propio plano o de la secuencia. Es decir, que en mucho momentos la
historia está a merced de las imágenes, y no las imágenes a merced de las
historias, como debería ser.
De lo mismo pecaba Hero, además de tener un guión algo más endeble que el
que nos ocupa.
Por último destacaré las actuaciones del
trío protagonista, sobretodo la de la maravillosa Zhang Ziyi, que hace
gala de sus excelencias interpretativas, demostrando que puede aguantar el peso
dramático de cualquier personaje que le propongan. Aunque a mi entender ya lo
demostró con el papel que la llevó a la fama internacional, en Tigre y Dragón.
Andy Lau y Takeshi Kaneshiro se mantienen a la altura, que no es poco. Y aunque
en España aún no sean conocidos, gozan de gran fama en Asia. Andy Lau ha
intervenido en muchos títulos, pero su popularidad llegó con la trilogía de
Infernal Affairs. Y Takeshi Kaneshiro, que tuvo un pequeño papel en
Chunking Express, es ahora mucho más famoso gracias a Returner.
En fin, una delicia incluso
para los no aficionados a las artes marciales que os dejará boquiabiertos
durante toda la proyección.
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