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  Artículos - Cine

Dead End (2003)

Ficha técnica:

Director: Jean-Baptiste Andrea / Fabrice Canepa


Sinopsis:
La noche de Nochebuena una familia atraviesa con su coche un oscuro bosque para acudir a una cena de Navidad. Por el camino sufren un percance, y desde entonces todo se volverá terrible para ellos: la visita de una mujer de blanco que porta un niño muerto en los brazos, llantos en la radio en cualquier frecuencia, un coche fúnebre que aparece para llevarse a los personajes, que a su vez van desapareciendo en las más tétricas circunstancias, y sobre todo... esa carretera, que parece no tener fin ni conducir a ningún sitio..

 

Comentario:   Coproducción franco americana de bajo presupuesto dirigida por dos franceses, se trata de un film menor y modesto pero muy fresco, centrado en una única idea y una situación cerrada y en la reacción de las personas atrapadas en ella, así como en sus relaciones entre ellos, en este caso una familia a la que no hace falta apretarle mucho las tuercas para que toda su basura y la hipocresía acumulada por años de secretos salte. Entre tanto, el film es inquietante, con momentos incluso terroríficos, pero no por ello renuncia a un sentido del humor socarrón constante, manifestado por sus diálogos hilarantes y plagados de ocurrencias (aunque también hay alguna que otra tontada de peor gusto). La película se digiere muy bien, si bien por el tipo de historia que cuenta parece un capítulo de una serie de TV tipo "The Twilight Zone", "The Outer Limits" o similar. La propia naturaleza de la historia hace que la situación resulte demasiado cerrada, y alguien podrá considerar exageradamente que incluso monótona, sin que falte tampoco quién pueda decir que la encuentra predecible en su tramo final. Si todo ello es cierto, aún así, nosotros recomendamos encarecidamente este estupendo ejercicio de género, que maneja muy bien el ritmo, sabe cuando apretar y cuando no, y si se lo propone sabe ponerte muy nervioso.

Protagoniza Ray Wise, el padre de Laura Palmer en la serie de TV "Twin Peaks", que en esta película vuelve a estar muy bien, y le acompañan Lin Shaye ("Critters"), Alexandra Holden y Amber Smith ("American Beauty")

De lo mejor que hemos visto en mucho tiempo, muy recomendable.


Crítica de Miguel Goya:
Una muy agradable sorpresa ha sido esta "Dead End", presentada en el Festival de Sitges en el que recibió críticas realmente favorables, sin embargo nos llega con dos años de retraso respecto a su producción, a pesar –o a causa- de ser originaria de nuestro país vecino y no enteramente yanki. ¿Por qué digo que no es enteramente estadounidense? Es que, de hecho, nos encontramos con una producción yanki-francesa, aunque en el fondo la producción –que no la historia, más universal- sea más francesa que los croissants. La producción pues se encuentra en la línea de las intenciones de la Fantastic Factory, superando los franceses con creces la voluntad de nuestros compatriotas a nivel narrativo y en líneas generales, a pesar de superarlos nosotros en las recaudaciones gracias al taquillazo que supuso "Darkness" en los EEUU. Por lo que hace a la historia... vamos a ello.

"Dead End" está muy cercana a cierto tipo de horror pulp, no tanto el pulp de los años 20 como el surgido alrededor del agonizante fandom –que sin embargo resurgió de sus cenizas por la época- de los años 50-60, hacedor de series como The Twilight Zone y más en nuestros días resucitado en la década pasada por los nuevos capítulos de Twilight Zone y series como Expediente X o Los Otros Límites.

Este espíritu del fantastique, han sabido captarlo a la perfección los dos cineastas franceses y transportarlo a su película, con humor negro incluido, expresado sobre todo en el epílogo. Este encuentra sus raíces en el tratamiento que le daban a las historias de fantasmas escritores como M. R. James o W. H. Hodgson, y bebe a partes iguales del clasicismo como de las leyendas urbanas y del boca a boca. Siendo estas últimas historias, las producidas por esta especie de generación espontánea, acaso las más efectivas, ya que son las que transmiten con más pureza los miedos colectivos –y por lo tanto individuales- de la sociedad en la que se transmiten. Esto lo sabían tanto los escritores pulp, como otros tenidos por más clásicos –valga el citado M. R. James, Bram Stoker o nuestro Gustavo Adolfo Bécquer, que curiosamente también trata el tema de la Dama Blanca-, y dedicaron parte de su obra terrorífica a la recopilación y refundición de las leyendas populares de su época.

Estamos delante de una película efectiva, que mantiene el pulso del ritmo hacia el final, en la que, curiosamente, el uso del humor negro, casi salvaje, no entorpece la narrativa, si no que la aligera y sirve como contrapunto, cuando no la acrecienta, sublimando los momentos de tensión distribuidos estratégicamente por todo el metraje.

Andrea y Canepa no esconden que su producto es de declarada Serie B pero ello no les importa, jugando con la psique del espectador delante de una serie de situaciones que por tópicas –la carretera que parece que nunca acaba, la mujer de blanco, la cabaña maldita- el espectador da por sabidas de antemano. Craso error, precisamente con eso es el primer punto de incisión con el que juegan los dos cineastas franceses, mientras que la primera media hora es la bienvenida al juego, a medida que va transcurriendo la película y si entramos de lleno en su propuesta, nos encontraremos con un viaje en medio de la nada que se va hundiendo cada vez más en un onirísmo de pesadilla, progresivo e incesante, hasta la liberación final.

A ello contribuye sobremanera el inteligente uso de elementos tradicionales de las películas de terror, que aquí, de nuevo, se nos revelan potentes y útiles:

El uso de los sonidos forma parte del universo intrínseco de la película, teniendo tanta presencia como la imagen, envolviendo al espectador de forma espectral e introduciéndolo en la inmediatez del sonido, mucho más inmediato que la imagen, que irá volviéndose cada vez más caótico hasta las últimas escenas –antes del epílogo-.

El off es utilizado igualmente con sabiduría, tanto para incrementar los momentos de tensión al viejo estilo –que para algunos puede resultar algo casposo-, como para ofrecernos festines off-gore de humor macabro –la escena del móvil y la oreja queda para el culto-.

La misma psique de los personajes, puesto que no habrá tregua ni dentro ni fuera del omnipresente automóvil. Y es que nos encontramos con una auténtica road movie negra, un viaje del que ya nos previene y avisa el título –de nuevo los cineastas juegan con la confianza con la que entra el espectador a la sala-, unas relaciones sociales podridas, que se irán descomponiendo junto con todo lo demás, son indicador de que los monstruos se encuentran tanto fuera como dentro del coche, quizá mucho más dentro que fuera. Nada se salva en esta película de la mirada ácida y negra de los dos franceses, ni la madre pequeñoburguesa y neurótica, ni el hijo menor, típico adolescente provisto de un coeficiente nulo. Y en este punto la película se nos vuelve a revelar más francesa que yanki, ya que este retrato de familia no se encuentra de otros retratos que hemos podido ver en la filmografia gala, como los ofrecidos por Claude Chabrol en la interesante Las Flores del Mal. Al fin y al cabo lo que hace el misterioso Hombre de Negro es tan sólo lo que se hacen ellos entre ellos mismos, él tan sólo da el finiquito a algo que ya está muerto de antemano. Sólo al final, delante del dolor más intrínseco, de la desesperación más absoluta, se nos revela un poco de nobleza entre tanta basura y los demiurgos, por supuesto, recompensan la nobleza del héroe.

A pesar de todo esto donde la película encuentra sus mayores limitaciones es en el terreno visual, cercana por momento a los trucos de feria y en otros a la ya clásica El Proyecto de la Bruja de Blair, pero de nuevo los directores no quieren engañar a nadie, ni dar gato por liebre. Esos planos cenitales –y digitales- del inacabable bosque etéreo que se van repitiendo, la luz que va del semi documental a la serie B más típica –con Historias de la Cripta a la cabeza-... todo tiene un aroma a los que muchos estarán ya acostumbrados.

Efectiva, resultona, no demasiado innovadora, pero terriblemente necesaria en momentos de sequía, esto es Dead End, capaz de gustar tanto a profanos como a veteranos bregados en mil batallas espectrales