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La guerra de los mundos
("War of the Worlds", 2005)
![]() Ficha técnica:
Director: Steven Spielberg
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Crítica de Miguel Goya: Para hablar de la película que tenemos entre manos se hace necesaria una breve retrospectiva que enlace los inicios del género con su reciente revisitación en manos de varios directores. Durante los años
50 y 60 se popularizó el subgénero de las invasiones alienígenas tanto en la
literatura como en el cine. Surgido de una mezcla de ciencia ficción y horror,
encuentra sus raíces en la literatura pulp de los años 20, con cultivadores
ilustres como H. P. Lovecraft (su cuento “El color que cayó del espacio” es un
precedente notable) y aún más atrás en las fantasías de escritores que dieron
rienda suelta a los monstruos producidos por el sueño del positivismo reinante
en la época, de la misma manera que un siglo antes la novela gótica y el cuento
romántico habían recogido los monstruos que dejó la razón sueltos a finales del
XVIII e inicios del XIX. Curioso ciclo.Un positivismo que no era más, como se declaró más adelante con los horribles genocidios y guerras que dominaron el Siglo XX, que una máscara hecha a base de números y líneas trazadas en el Caos, las cuales escondían una faz fría y turbadora. Uno de estos escritores, acaso el más conocido, fue H.G.Welles y su obra: La guerra de los mundos, que su medio-homónimo (pero no familiar) Orson Welles utilizó para su famoso sesión radiofónica, de más famosas consecuencias entre la población estadounidense y cuyo único guión original guarda celosamente Spielberg. Las razones de la popularización de este género se deben principalmente a dos razones de las que hablamos resumidamente a continuación: - Siguiendo a Kracauer en su ensayo “De Caligari a Hitler”, hemos de hablar de aquello que él llama la “precognición del arte”: Todos los artistas, de todas las disciplinas, en períodos en que la tensión de la psique colectiva se acumula dan rienda suelta a sus fantasmas, muestras ejemplares son, por ejemplo: el expresionismo alemán, la nueva objetividad, y asimismo los cuentos de fantasmas y las historias terroríficas. - El agotamiento de las viejas formulas de horror de castillo, fantasma y tentetieso, llevó a los autores a buscar nuevas formas de incidir en los miedos de los espectadores, formas relacionadas con frecuencia con la ciencia, así nacen géneros típicos del siglo XX como el del mad doctor, las invasiones alienígenas, las plagas y virus, o cualquier otro terror desatado por el egoísmo del hombre, que, como el viejo noble gótico traspasaba las fronteras morales establecidas, cruza la frontera permisible arrebatándole a Dios parcelas de su creación. Las invasiones alienígenas, más que ningún otro género de horror científico, forman un subgrupo aparte ya que en ellas se da con más fuerza el miedo “al otro”, a lo desconocido, a aquello que no se entiende, en exacerbada xenofobia o intolerancia de cualquier clase, sea racial o política (un ejemplo clásico sería la genial "La invasión de los ultracuerpos"). Actualmente
varios géneros o subgéneros de horror están viviendo un revival,
probablemente auspiciados por el aumento de la tensión mundial y sus réditos en
taquilla. Subgéneros como el de zombies o el de invasiones venidas de otros
planetas en ejemplos como "Señales" (realizada, no por casualidad, por el
protégé de Spielberg, M. Night Shyamalan) o la película en la que ahora
vamos a entrar: La Guerra de los Mundos.La película se inicia escalonadamente, con una de las medidas de tempo cinematográfico más inteligentes que hemos tenido ocasión de ver últimamente en la gran pantalla, progresión que Spielberg lleva hasta sus últimas consecuencias y el final. Pero llega un momento, aquel en que se le es dado a ver “la revelación” al personaje de Cruise, que la acción se desata de una forma frenética. El ritmo, de forma increíble, es mantenido durante todo el film, sin ni tan siquiera un bote o altibajo, pero si con ligeras paradas que sirven para dosificar el ritmo y que el espectador sea capaz de tomar aliento y prepararse para el siguiente horror. Horror que, de forma de nuevo inteligente, sufre un crescendo con escenas cada vez más tremebundas y alejadas. Y al contrario de lo que pueda parecer, de efectismos de feria y petardeos al estilo "Independence Day". Con un uso del suspense deudor de aquella frase de Hitchcock: “Cada plano ha de estar lleno de tensión.” El final, que en otras películas de Spielberg puede resultar ñoño o infantil, aquí se hace del todo necesario para la conclusión efectiva de la película, recordando, por esquema de progresión y conclusión, a "Dos semanas en otra ciudad", aquella maravillosa película protagonizada por Kirk Douglas y dirigida por un Vincente Minnelli en plena forma. Es este un final liberador, necesariamente breve (parece que Spielberg ha aprendido de sus anteriores fiascos en esta materia: "Inteligencia Artificial", "Minority Report") y que permite al espectador salir de la sala exorcizado. Visualmente la película es poderosísima y sabia. Durante las primeras secuencias apenas podemos ver de forma totalmente clara a los trípodes que desatan la muerte alrededor de los personajes, pero progresivamente estos se van acercando hasta la colisión final e inevitable. Se podría decir que en este film, forma y contenido van de la mano, como en las grandes obras. El uso de la cámara digital es en todo momento utilizado en los puntos en la que se hace más necesaria, como aquella escena en que Cruise, la hija de este, y Robbins están bajo la casa y son asaltados por brazos mecánicos y alienígenas respectivamente, el uso de la cámara digital incremente la sensación de naturalismo y de acechanza, mientras que en el resto de secuencias el uso de los efectos digitales nunca fue más justificado. Los encuadres
resultan épicos y terribles, en la mejor tradición del cine catastrofista,
cuando no íntimos y siniestros, casi góticos, en escenas como la del sótano de
la casa de Robbins. Mientras que el uso del fuera de campo y, sobre todo, la
profundidad de campo, resultan herramientas muy efectivas en un Spielberg en
plena forma. Un ejemplo sería aquella magistral secuencia en que el personaje de
Cruise se ve en medio de su amor por su hijo mayor, que quiere luchar junto al
ejército, y su hija, casi secuestrada por una “amable” pareja; escena esta que
parece bailar sobre el filo de una navaja.Con unos actores funcionales y una loa –que no molesta- a la figura de Cruise, que sin embargo podría ser un alter ego del padre de Spielberg –recordemos su pasado familiar-, sobresale un sólido protagonista y la pequeña Dakota Fanning en el papel de la hija de Cruise. Personajes todos ellos que quedan a la sombra de un “orsonwellesiano” y granguiñolesco Tim Robbins durante su aparición. De la misma manera que el cine de Howard Hawks era puro y duro cine de autor, por cosas como el uso de la profesión de sus personajes (y a la que se alejan de su cometido lo que les pasa), y no por ello dejaba ser cine de entretenimiento. Entroncando pues con el gran cine de entretenimiento estadounidense, en el cine de Spielberg encontramos también elementos de autor, como por ejemplo la aparición casi invariable de familias desestructuradas y separadas entre sí ("Encuentros en la tercera fase", "Amistad", "La última cruzada", "El imperio del sol", "La lista de Schindler", "E.T"...), pero en pocas películas ha sabido llevarlo tan bien, paralelamente y a la vez entrelazado, con la trama principal de la película, confundiéndose las dos tramas en paralelo, en un nudo indivisible y complementario. Es decir, sin la trama familiar, la trama de la invasión perdería peso y razón de ser, además de la gran parte de su tensión, y viceversa. Ejemplos los tenemos sobrados en toda la película, ya que, no en vano, el leitmotiv de la misma no es más que una macabra road movie por las tinieblas del ser humano puesto bajo presión, una road movie en la que la despedazada familia de Cruise huye no tanto de los alienígenas como de si misma, encaminada a un agridulce final, en que Cruise queda completamente solo. Es esta pues una gran película de entretenimiento, sólida y efectiva, que recupera al mejor Spielberg y a lo mejor del cine clásico estadounidense, con un uso sabio y efectivo de las nuevas tecnologías, que si bien no innova en el plano del Modo de Representación, si enaltece un pasado de una cinematografía que fue grande y que ahora se encuentra sumida en un pozo que parece sin fondo. Esperamos que, por lo menos Spielberg, siga así.
La que es para mí la mejor película de Steven Spielberg en unos cuantos
años, y no precisamente porque últimamente lo estuviese haciendo mal, podría
haber sido una patochada de película de acción y explosiones en otras manos,
como por ejemplo, señalemos, las de un Roland Emerich ("Independence Day", "El
día de mañana"). Sin embargo, el material servido por la novela de H.G. Wells,
obra seminal de la ciencia ficción escrita hace ya la friolera de 107 años (en
1898), sirve como base para una epopeya humana ambientada en un entorno
catastrofista, en la que el tema principal es precisamente el desamparo y la
indefensión. Si alguien espera que Tom Cruise coja en un momento
dado un par de automáticas y se lie a tiros con los extraterrestres mientras
hace virguerías sobre una moto, se habrá equivocado de película. En "La
guerra de los mundos" los personajes están (comprensiblemente) asustados, y
el personaje de Cruise, con hijos a su cargo para más inri, no pensará en otra
cosa que en ponerse a salvo de forma desesperada, incluso sin saber cómo ni
dónde. Estamos ante una película que trata sobre el miedo, sobre el grito
desesperado que querer asirse a la vida cuando todo alrededor está apuntando a
la extinción y parece que absolutamente nada se puede hacer. Es una película
sobre el miedo, y es una película de miedo. Emparentada en ese sentido
con el incomprendido (quizás por relativamente fallido) "Señales" de M.
Night Shyamalan, y aunque aquí lo terrible no deja de ser una metáfora de
cualquier otra a cualquier forma catastrófica de masacre, ya sea un ataque
terrorista, un terremoto, un tsunami, o una guerra cualquiera, lo cierto es que
la amenaza constante de los extraterrestres con sus máquinas de destrucción,
esos tripodes sacados directamente tal y como se describen en la novela,
es aterradora y está tratada con auténtica sabiduría y desde un único punto de
vista, incluso desde el intimismo. Olvídense de escenas de destrucción de
monumentos, de la Casa Blanca, o de "conexiones" con distintas partes del mundo
para que veamos cómo destruyen los invasores: lo que "La guerra de los mundos"
hace es muy similar a lo que su director ya llevó a cabo con enorme éxito en "Tiburón",
mostrar lo mínimo, dejar que el espectador intuya la magnitud del horror, a
partir del par de hilos del tapiz que estamos viendo. Si esta película da miedo,
es precisamente porque no hay complacencia en la espectacularidad de la
destrucción, el avance de los extraterrestres es constante, están en todas
partes, y sus ataques se muestran con crudeza, con crueldad, implacables,
invencibles, pero siempre desde la óptima única de un sólo hombre y su familia,
que en su desesperado e infructuoso intento de escapar no cesan de toparse con
esa muerte de origen y motivación desconocida o con sus efectos.
La primera hora de "La guerra de los mundos" es una absoluta maravilla, desde el inicio de la amenaza con el primer ataque de los alienígenas, la huída del padre con sus hijos a través de un mundo que se cae a pedazos, el encontronazo con la multitud y como el pánico se convierte en violencia (antológica la escena de la pistola), hasta el ataque al ferri. Es una hora que nos habla de la necesidad de salir adelante, de arropar a los tuyos, de la dicotomía entre luchar o salvarse, de la indefensión y de una lucha desigual entre unos seres poderosos y otros, nosotros, que a su lado somos como meros gusanos. Los guionistas Josh Friedman ("Reacción en cadena") y el siempre interesante David Koepp ("Atrapado por su pasado", "Parque Jurásico", "Spider-man", y director a su vez de "El último escalón" o "El efecto dominó") hacen hasta ahí un trabajo excelente, exprimido al máximo por el dominio apabullante que Spielberg tiene de la narrativa cinematográfica, su maestría en las escenas de acción y su sensibilidad en escenas más íntimas. Lamentablemente, como no todo podían ser loas, la película baja muchísimo en su tramo final, como si de fuera por un sumidero, más o menos a partir de que los personajes de Cruise y su hija se encuentran con Tim Robbins. A partir de ahí tal vez la película se resiente porque no cuenta nada que no haya contado antes, y toda la función queda en manos de la relación entre Cruise y la niña, y dada la escasa entidad interpretativa de Tom Cruise la cosa no termina de funcionar. La escena en el sótano se hace demasiado larga, por otro lado, y se cometen errores imperdonables, como la escena del espejo y el zapato, que restan credibilidad a una película que hasta el momento iba muy seria y adulta. También creo que es un error el mostrar los extraterrestres, por mucho que la escena esté tomada de la novela, ya que, y en esto vuelve a emparentar con "Señales", gran parte del terror a lo desconocido se diluye cuando vemos plenamente a los seres a los que nos encontramos (algo así como si hubiésemos visto al conductor del "El diablo sobre ruedas") y además luego mata por completo el efecto del final, cuando se abre la compuerta de una de las máquinas y se ve aquella mano no-humana y monstruosa. A partir de ahí, la película prácticamente no levanta cabeza y deja de ser tan interesante, Cruise sí que llega a tener un conato de heroicidad, y todo conduce hacia un odioso pegote de happy end increíble tan caro al universo spielberiano (y no me refiero a nada relacionado con los extraterrestres, que lo suyo termina de la única manera posible, sino al encuentro de Cruise en casa, abrazos incluidos). Tampoco la fotografía de Janusz Kaminsi (director de fotografía habitual de Spielberg desde "La lista de Schindler" y que en sus últimas aportaciones no parece muy inspirado) está a la altura debida, parece caprichosa y a ratos confusa. Son estos detalles, y ese tramo final que habría que rehacer por completo, los que evitan finalmente que "La guerra de los mundos" sean la obra maestra que tenía pinta de llegar a ser. El sabor de boca final es bueno pero agridulce, como de ocasión desperdiciada. Con todo, nos quedaremos para siempre con esa primera hora, oscurísimo canto pesimista y cruel, lo más cruel que ha rodado su director desde la escena del T-Rex de "Parque Jurásico" o algunos momentos de "La lista de Schindler". Para los fans del modo de ver la vida de Steven Spielberg, decirles que sus temas están ahí: la familia, la esperanza al final de un tunel, la infancia, etc. Destacar por último a la niña prodigio del cine americano actual, Dakota Fanning, que ya hace apenas unos meses se merendó con patatas nada menos que a Robert De Niro en "El escondite", y que aquí de Tom Cruise no deja ni las raspas. Claro está, vista en versión original; no puedo ni imaginarme tanto grito con un doblaje de los que les hacen a los niños en España... Esperamos seguir disfrutando de películas de esta niña.
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