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Un largo domingo de noviazgo ("Un long dimanche de fiançailles", 2004)

Ficha técnica:
Director: Jean-Pierre Jeunet
Guión: Jean-Pierre Jeunet / Guillaume Laurant, sobre la novela de Sébastien Japrisot
Fotografía: Bruno Delbonnel; Música: Angelo Badalamenti; Montaje: Hervé Schneid; Casting: Pierre-Jacques Bénichou / Marie-Sylvie Caillierez / Valerie Espagne; Decorados: Véronique Melery; Efectos especiales: Jean-Baptiste Bonetto; Efectos de maquillaje: Denis Gastou / Jean-Christophe Spadaccini; Efectos visuales: Duboicolor
Cast: Audrey Tautou (Mathilde), Gaspard Ulliel (Manech), Jean-Pierre Becker (Teniente Esperanza), Dominique Bettenfeld (Ange Bassignano), Clovis Cornillac (Benoît Notre-Dame), Marion Cotillard (Tina Lombardi), Jean-Pierre Darroussin (Benjamin Gordes), Julie Depardieu (Véronique Passavant)
Francia / USA, una producción 2003 PRODUCTIONS / GERBER PICTURES con la coproducción de WARNER BROSS Francia / Tapioca Produtions / TF1 Films Productions y la participación de Canal+ Francia / Centre Nacional de la Cinematographie (CNC) / Région Poitou-Charentes / Région Bretagne
Productores: Francis Boespflug (productor ejecutivo) / Bill Gerber (productor ejecutivo) / Jean-Louis Monthieux (productor ejecutivo) 134 minutos; Color; Idioma original: Francés; Ratio original: 1.85:1; Fecha en que fue estrenada en Francia: 27 de octubre de 2004; Web oficial: http://wwws.warnerbros.fr/movies/unlongdimanche/index.html#

 

Sinopsis: La Primera Guerra Mundial toca su fin, pero comienza la más grande de las batallas para Mathilde, una joven que ha recibido la noticia de que su prometido Manech es uno de cinco soldados heridos que han sido sometidos a consejo de guerra y enviados a la tierra de nadie que hay entre las líneas francesa y alemana... a una muerte casi segura. Mathilde, que no está dispuesta a aceptar la perdida de su amado, se embarca en un extraordinario viaje para descubrir su paradero. A cada paso que da, recibe una versión más descorazonadora, que habría desalentado a cualquiera. Pero no a ella, que movida por una fe inquebrantable, y una esperanza reforzada por la actitud tenazmente alegre de su gran corazón, sigue su investigación hasta el final. Y por el camino, se va encontrando con los horrores de la guerra...

Notas: Después del éxito mundial de “Amelie”, llega la esperadísima nueva película de Jean-Pierre Jeunet, que como todo lo de este personal artista francés no dejará indiferente a nadie (como la propia “Amelie”). Muchos la amarán, otros tantos la odiarán incluso sin haberla visto. 

Jean-Pierre Jeunet es ante todo un autor de la forma y de los pequeños detalles más que de las historias o de los personajes. Desde su cortometraje de 1989 titulado “Foutaises” (literalmente, “insignificancias”), luego citado intertextualmente por sí mismo al comienzo de “Amelie” (el juego del “a Fulanito le gusta tal y cual cosa, y no le gustan tal y cual otras”), nos demostró que a su mirada lo que más le interesan son las cosas pequeñas, y como se hacen grandes por medio de un enfoque poético entre lo romántico y lo surrealista. En su primer largometraje rodado a medias con su pareja creativa de entonces, Marc Caro (del que, por cierto, no sabemos prácticamente nada más desde lo último que le vimos, la dirección artística de “Vidocq”, que era lo único precisamente que la salvaba de ser un bodrio total y absoluto), la influyente e irrepetible “Delicatessen”, marcó un antes y un después en el cine evocador y semifantástico europeo al que se han acogido jóvenes directores posteriores como nuestros españoles Javier Fresser o Eugenio Mira, y nos enseñó un modo de contar muy enraizado en la tradición literaria fantástica de nuestro continente, con autores como Jean Ray o Tomaso Landolfi, es decir, con un pie en lo real y otro en lo imaginario, de manera que ambos mundos se confundan y den lugar a un escenario fantástico total y propio repleto de coherencia y de poesía. Insistieron Caro y él en esa línea con “La ciudad de los niños perdidos”, en la que tal vez se equivocaron al escoger un cuento excesivamente melifluo y benigno que nos empalagó tanto por el ojo como por el entendimiento; y tras separarse de Marc Caro y su experiencia americana con la extravagante “Alien Resurrection”, que posiblemente le dio dinero y contactos con las productoras americanas y sus distribuidores (no es casualidad que las películas de Jeunet sean del poco cine de autor europeo que se distribuye en Estados Unidos), regresó a Francia y realizó “Amelie”, en la que parecía haber abandonado la oscuridad y el humor negro de trabajos anteriores, que tal vez le venían aportados por el talento de Caro, y todo se hizo luz, optimismo y esperanza. Emparentado con Tim Burton por su mirada amable y con Terry Gilliam por su amor hacia lo onírico y su constante cuestionamiento de la realidad, ¿qué podemos esperar del regreso de Jeunet después de tres años de silencio, y suponemos que de resaca por el éxito de Amelie Poulane?

Para empezar, “Un largo domingo de noviazgo” es una película que trata de unir un enfoque muy realista, auténtica novedad en el cine de su director, con el tomo evocativo y poético que es su marca de fábrica. Se trata de una película sobre la Primera Guerra Mundial, y basada en una novela de Sébastien Japrisot (quien, por cierto, también fue en su día guionista de películas, “Historia de O” sin ir más lejos es suya) en lugar de en una idea original, segunda novedad para los que seguimos a Jeunet. Naturalmente, el enfoque realista es el debido a las escenas de guerra, y el poético el de todo lo demás, o incluso el que se cuela en muchos momentos mixtos. El director declara que leyó la novela hace muchos años, y que desde entonces la ha releído muchas veces, sabiendo que algún día querría hacer una adaptación. También dice que le parece, y no le falta razón, que sobre la Primera Guerra Mundial existen muy pocas películas, y que las que hay no le resultan satisfactorias, ni tan siquiera “Senderos de gloria” de su admirado Kubrick, ya que él no puede creerse a un rostro tan marcadamente americano como el de aquellos actores haciendo de franceses, y además en inglés.

El director ya tenía una experiencia estética en temática militar: su temprano y afamado cortometraje de 1981 “Le bunker de la dernière rafale”, preciosista ghost story ambientada en un bunker en época futurista indeterminada, de bastante influencia posterior y no sólo en cine, por cierto (estoy pensando en la portada del ya clásico “Bunkertor 7” de la banda de EBM/industrial Wumpscut)

 El hecho de estar basado en un texto ajeno, al vez le haya dado a la película un sustrato que, de otro modo, quizás hubiera estado ausente. Me refiero al abierto tono de denuncia de la podredumbre moral de la clase militar francesa que muchas de las ideas portadas por esta película tienen, y que en Francia han llegado a levantar alguna que otra ampolla. Es conocido pero no suficientemente lamentado, por ejemplo, el modo en que muchos soldados se autolesionaban para escapar del infierno del frente y regresar a casa como heridos, o castigos como el abandonar a los soldados insumisos en lugares de la líneas enemigas de las que no pudieran escapar y que fueran ejecutados de esta manera sin juicio ni sentencia. Todo eso, y más, está en “Un largo domingo de noviazgo”.

Pero ante todo, vuelve a tratarse de una historia de amor y de magia, para la que el realizador vuelve a asociarse con la actriz Audrey Tautou (“Amelie”), y que tratará de llegarnos al corazón y arrobarnos los sentidos con esa estética tan de su autor. Y estamos completamente seguros de que Jeunet le habrá sacado partido a esa cierta mística de las trincheras, laberintos de suciedad y muerte que eran lo único que separaban a los hombres de la vida y la muerte, y paralelamente, de la mayor fuente de evocación y esperanza posible: la del amor que se ha marchado y del que no sabemos siquiera si va a volver.

En ese sentido, Jeunet siempre se ha considerado deudor de Sergio Leone y de Stanley Kubrick: de Leone toma su pasión por la forma y la estética fantástica incluso sobre un contenido realista; de Kubrick el pormenorizado de su planificación, tan premeditadamente artística que a menudo le separa del realismo de lo que está contando. En cualquier caso, en unos pocos días podremos ofrecer una opinión más fundada, habiendo visto la película, de qué logros se le pueden atribuir a este “Largo domingo de noviazgo”, que tenemos ganas de ver.

Rodada íntegramente en Francia y en francés, a pesar de contar con parte del soporte económico americano, e incluso contando con algún rostro de tirón para su presentación fuera de Europa, como Jodie Foster en un pequeño papel.

 

Crítica: Haciendo una comparación casi prerrafaelista, cosa que no cuesta esfuerzo dado el preciosismo estético de esta película, "Un largo domingo de noviazgo" sería como un río, del que se puede prever cómo va a acabar, a dónde va a llegar, pero cuyo misterio reside en el por dónde va a pasar, y en la belleza particular de cada paisaje que forma con el conjunto por donde pasa, aunque naturalmente ese paisaje no es continuo y también da paso a tramos menos pintorescos. Lo que quiero decir, es que el último film de Jean-Pierre Jeunet quizás no resulte todo lo interesante que debiera en su conjunto, pero sí que resulta una maravillosa colección de segmentos mágicos y conmovedores, y que de lo particular transfieren brillo a lo general.

Mathilda trata de encontrar a su novio, y a falta de Paco Lobatón en aquella Francia de finales de la Primera Guerra Mundial, se embarca ella en una investigación tras sus pasos. Demasiados nombres, demasiados personajes del pasado, el curso de las indagaciones se hacen confusas y a ratos farragosas, pero permiten la introducción de una buena galería de personajes estupendos, cada uno con su propia historia que contar, y facilitan la intercalación de anécdotas cargadas de humanidad. El principal problema de la película parte precisamente de la estructura original de la novela, narrada en forma de cartas, que Jeunet y Laurant han tratado de allanar lo máximo posible, pero obligados al retorno constante a un mundo de flashbacks que a menudo se repiten con las variaciones de la nueva información que la protagonista va recopilando. Pero al contrario que ocurre en otras historias "a capas" o de retorno a la misma historia con nueva versión, pienso por ejemplo en "Rashomon" de Akira Kurosawa, a Jeunet no se le da bien el misterio, y las pesquisas de Mathilda no son lo más estimulante de la película.

La búsqueda del joven es una excelente excusa, sin embargo, tanto para que conozcamos bien a Mathilde, personaje de extraordinaria belleza interior y no pocos parecidos con Amelie para perpetuar la imagen soñadora y romántica de Audrey Taotou, como a Manech, el "soldado Ryan" particular de esta película, inocente y enamorado idealista, y al resto de soldados condenados de su pequeño batallón, con sus propios mundos y sus propios parientes y seres queridos. Y es probablemente éste el aspecto de la novela que más debió de atraer a Jeunet, que ya había explorado la cotidianidad de la vida privada de sus personajes del edificio de "Delicatessen", o del mundo amable y repleto de pequeñas historias de "Amelie". Para Jeunet, con su pasión por los detalles aparentemente insignificantes, las vidas corrientes son fuente inagotable de destellos evocadores y positivistas, cargados de esperanza y de comprensión, algo que tanto en esta película como en su obra inmediatamente anterior le reconcilia a uno con los seres humanos y con la posibilidad del amor, un par de reencuentros que falta nos hacen a todos en esta sociedad de cinismo. Así, por ejemplo, destacaría el drama del desdichado teniente Esperanza, cuyo mal radica en su mala costumbre de cumplir sus órdenes... correctamente; o la bellísima historia de la mujer que adopta al impostor vivo que está suplantando a su hijo posiblemente muerto, o la historia del soldado estéril que le propone a su mujer tener un sexto hijo (los cinco anteriores eran de matrimonios anteriores de ambos) con su mejor amigo para librarse del frente... Y como no, momentos de un arrebatado lirismo como los protagonizados por Tautou y Ulliel (Mathilde y Manech) en sus primeros encuentros sexuales, o cuando él se marcha para la guerra. Pequeñas ideas tan deliciosas y detallistas como el juego vaticinador al que recurre Mathilde cuando desea confirmar una esperanza, o el regusto por frases y palabras recurrentes en cada personaje, cargados de un significado mucho más profundo del que arrastran literalmente.

Siendo una película de Jeunet, no sólo es una película de detalles de vidas y de personajes de talla enorme capaces de emocionarnos en su cotidianidad, también es una película de objetos fetiche y de símbolos: objetos cuya tangibilidad les confiere propiedades casi místicas que tocan lo más profundo de los sentimientos de los personajes, objetos como relojes, una rebanada con miel, una mano de madera, un guante de lana rojo, y por supuesto cartas, la carta como algo trascendental. Y símbolos, como el albatros que vuela contra el viento, la triple M o el faro.

Por todo lo demás, la película está estructurada en un interesante juego de binomios, pares contrapuestos que transfieren como vasos comunicantes fuerza de cada uno de los lados al otro. Pares para una historia contada con acciones en dos épocas diferentes; en dos tonos diferentes:
- el mundo de Mathilde en el presente es un mundo de entrañables caracteres y un sentido del humor constante, mientras que el mundo de Manech en las trincheras, es una realista descripción de la Primera Guera Mundial, de una dureza e incluso una crudeza como no se había visto en ninguna película sobre ese conflicto antes, y que posiblemente bebe de ese referente moderno que es el irresistible arranque de "Salvad al soldado Ryan" de Spielberg;
- una película en dos fotografías, siendo toda la parte de Mathilde contada en fantasiosos tonos sepias, como de fotografía antigua, y la parte de la guerra tratada más bien en tonos realistas, color barro y uniformes;
- de nuevo un par más, dos mujeres, Mathilda y Tina Lombardi (Marion Corillard), embarcadas en la misma búsqueda pero la una dedicada al amor y la esperanza y la otra al odio y la venganza
- y más pares, perros y gatos, hombres y mujeres, ciudades (esa reconstrucción apabullante del París de principios del s.XX) y pequeñas villas de Bretaña, de correr cojeando e ir en moto, de ricos burócratas protectores y pobres detectives, padres fallecidos y tíos vivos (otra mención especial, Dominique Pignon, actor fetiche del director), de el amor y la ausencia...

Merece un enésimo comentario no ya sólo la dureza de las descripciones de la vida en las trincheras y las alambradas, ese mundo de hombres asustados (nada de héroes) que se autolesionan para ser enviados a casa, lejos de tanto horror, sino de la podredumbre moral de las autoridades militares, el sinsentido y la injusticia de la guerra, y la indefensión de las clases pobres, las que "fabrican por una miseria fusiles para destruirse entre ellos, y que los ricos los vendan y se enriquezcan aún más". Un mensaje antibelicista que, visto lo visto recientemente, jamás se va a quedar desfasado, y que siempre es necesario recordar. En cualquier caso, aquí el que no sale muy bien parado es el ejército francés, uno de los vencedores (¿a qué precio?) de la contienda. ¿Será esa una de las razones, junto con las envidias que Jeunet pueda estar despertando, para que la película fuera ignorada para los Oscars por el comité seleccionador francés, y relegada por "Los chicos del coro"?

El romanticismo encendido de muchos pasajes de la película está excelentemente ensalzado por la banda sonora de Angelo Badalamenti (el compositor habitual de David Lynch), entre el guión de Jeunet y Laurant rico en detalles conmovedores, la excelente fotografía de Bruno Delbonnel, y esta música, muchos momentos de "Un largo domingo de noviazgo" llevarán al espectador al borde de las lágrimas, o incluso al llanto más disfrutable posible: el de llorar con una ficción bonita. Y todo, además, sin demasiados subrayados innecesarios, como por ejemplo el final de la película, cuando la cámara se retira discretamente en un travelling hacia atrás para dejar solos a los dos personajes reencontrados...