
Ficha técnica:
Director: Omar Naïm
Guión: Omar Naïm
Fotografía: Tak Fujimoto; Música: Robert Elhai / Brian Tyler; Montaje: Dede
Allen / Robert Brakey: Casting: Susan Taylor Brouse / Lynne Carrow / Sheila
Jaffe / Meg Morman: Director artístico: Kelvin Humenny; Decorados: Shane
Vieau; Vestuario: Monique Prudhomme; Efectos especiales: Gary Paller;
Efectos visuales: Pixel Magic;
Cast: Robin Williams (Alan Hakman), Mira Sorvino (Delila), Jim Caviezel (Fletcher),
Mimi Kuzyk (Thelma), Stephanie Romanov (Jennifer Bannister), Thom Bishops (Hasan),
Genevieve Buechner (Isabel Bannister), Brendan Fletcher (Michael)
Canada / Alemania, una producción LIONS GATES PRODUCTIONS INC. / FINAL CUT
PRODUCTIONS / CINERENTA MEDIENBETEILIGUNGS KG / INDUSTRY ENTERTAINMENT /
LIONS GATE ENTERTAINMENT
Productores: Michael Burns (productor ejecutivo) / Marc Butan (productor
ejecutivo) / Guymon Casady (productor ejecutivo) / Marco Mehlitz (productor
ejecutivo) / Michael Ohoven (productor ejecutivo) / Nancy Paloian-Breznikar
(productor ejecutivo) / Michael Paseornek (productor ejecutivo) / Nick
Wechsler;
105 minutos; Color; Idioma original: Inglés; Ratio
original: 2.35:1;
Web oficial:
http://www.finalcutfilm.com/
Sinopsis:
En un futuro cercano, los implantes Zoë serán capaces de almacenar las imágenes
de toda una vida. Se colocan en el cerebro de los usuarios, nada más nacer. No
es un producto barato, por lo que sólo está al alcance de los millonarios. Al
morir las personas que los llevan, los implantes se pueden retirar y toda su
vida queda accesible como si fuera una película subjetiva. De esta manera, en
cierto modo, sus protagonistas son inmortales. Alan Häckman, un hombre solitario
e insensible, trabaja como montador para Zoë Tech. Realiza películas de recuerdo
para funerales, en las que se eliminan los detalles escabrosos de la vida del
difunto. Mientras revisa el material audiovisual de un ejecutivo de empresa que
acaba de morir, Hackman descubre algo que le perturba...
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Comentarios:
El germen de "La memoria de los muertos",
primera película del joven libanés afincado en Estados Unidos Omar Naïm,
de 26 años de edad, hay que buscarlo en su corto bagaje personal en el medio, y
más concretamente en sus tesis universitaria, el documental "Grand Theater: a
Tale of Beirut". Según palabras del propio director: "Me tomé un
tiempo en preparar el film y me documenté profusamente antes de empezar a
rodarlo. (...) Estaba montando mi película (...) había realizado todas esas
entrevistas y enseguida vi que moviendo las piezas e intercortando, el contexto
de lo que la gente explicaba cambiaba completamente. Existe un falso mito de
objetividad sobre el que caí en la cuenta mientras montaba. No había
descubierto la sopa de ajo. Creo que la mayoría de los documentalistas se dan
cuenta inmediatamente".
Hubo una segunda idea en aquel mismo periodo y sobre
un trabajo similar, que marcó profundamente a Naïm: "Antes de
plantearme aquel documental, barajé la posibilidad de hacer otro. Hay muchas
cosas que no conozco de mi familia, que quizás como entrevistador, podría
sonsacarles. Por ello, empecé a maquinar un plan de rodaje de 20 horas de
entrevistas con mis familiares. Cada uno me explicó, básicamente, la historia de
su vida. De ese modo, siempre guardaría memoria de ello".
Finalmente, no acabó el trabajo porque "lo encontré algo morboso."
Entre una cosa y la otra, la semilla de "La
memoria de los muertos" había sido plantada. Hay varias ideas muy
importantes, trascendentales yo diría, en esta película. Para empezar, la
realidad es inaprensible, y cualquier narración de ella es ya una
interpretación. Como montar un documental, el pasado es completamente distinto
si se cuenta de una manera o de otra, incluso con piezas esencialmente
verídicas, y la memoria es la manera en la que una persona se cuenta el propio
pasado a sí misma. Ninguna memoria, como muestra gráficamente la película, se
ajusta a lo que realmente pasó. Por otro lado, en cierto modo, conservar la
memoria de uno es como conservar la vida, pues somos esencialmente la memoria
que de nosotros mismos tenemos (un tema que vimos muy bien resuelto en la
excelente "Memento") y la que otros tienen de nosotros.
Alan Hackman (Robin Williams) es un montador
de memoriales realizados con fragmentos de memorias ajenas. Él manipula el
material, y obtiene pequeñas películas que condensan lo que aquellos que le han
contratado entienden por importante... o por conveniente. Así, la vida que es
recordada y que prevalece para siempre es completamente diferente a la vida que
realmente tuvo el difunto. ¿A alguien le importa? Recordamos lo que queremos
recordar, y como lo queremos recordar, y sólo aquellos que fueron ofendidos por
el homenajeado se quejarán al ver una interpretación falsamente beatífica del
recordado, cosa que, es otro tema que está en la película, al ser éste un
procedimiento únicamente al alcance de los ricos y poderosos, y siendo éstos un
grupo social con muchas vergüenzas por ocultar, ocurre casi siempre. Sea como
fuere, Hackman es un suplantador, un manipulador, capaz de sustituir al
que fue, por el que otros quisiesen que hubiese sido. Así, se plantean los
primeros interrogantes éticos, como dónde queda la identidad, si tal cosa
tiene algún sentido en un mundo semejante, y dónde va a parar la humanidad,
cuando todo se reduce a una película.
Otro aspecto
que cabe señalar sobre la memoria y que Naim recoge en su película, es que cada
uno recuerda las cosas a su manera. En el trabajo de Hackman es habitual que
alguno de los asistentes a las proyecciones de sus obras con los recuerdos de
los muertos, le haga preguntas como "¿pero de veras el barco era rojo? Yo lo
recuerdo de otro color". Y lo importante es que el espectador tenga en cuenta lo
siguiente: ¿y el barco era rojo en realidad? La respuesta objetiva y científica
es: no se sabe, pues los recuerdos del difunto pueden estar tan desviados de la
realidad tangible como los del invitado a su memorial o incluso más. Otro
momento significativo es cuando Dalila (Mira Sorvino) le responde a Hackman ante
la pregunta de si alguna vez ha visto una de esos memoriales: "Una vez, vi el de
mi ex novio, pero no lo terminé. Simplemente no era él, no el hombre que yo
había conocido. Tal vez los recuerdos salieran de su implante, pero los momentos
que reflejaban no eran los que había vivido yo a su lado. Preferí seguir
recordándolo a mi manera."
Todavía hay otro tema básico muy interesante en la
cinta: el mito del devorador de pecador. Se dice que en algunos pueblos
antiguos de América, existía la práctica consistente en echar arroz cocido sobre
el cadáver reciente de una persona, junto a unas monedas, y se hacía que otra
comiese de ese arroz sobre el muerto, y se embolsase las monedas. De esta
manera, y según dicha creencia, la persona que había comido se había hecho a la
vez con todos los pecados del difunto, y éste podía pasar al más allá limpio. De
una manera muy similar, Alan Hackman es el devorador de pecados que se "come"
toda la basura vital que han amontonado a lo largo de sus existencias sus
clientes. Sus traiciones, sus infidelidades, su violencia, sus delitos,
tendencias pederastas, secretos oscuros socialmente inconfesables... todo pasa
por los ojos de Hackman, y él borra las escenas que no convienen. Pero no se le
borran a él del espíritu, y de esa manera él carga y expía por todos, como un
estercolero moral viviente.
Por eso está muy bien que él sea un personaje
indolente, aparentemente indiferente a todo, pero que guarda dentro de sí, como
una olla a presión, un sentimiento de culpa insoportable por lo que él considera
que es su propio pecado, cometido en la niñez.
Y por supuesto,
cabe preguntarse, llegado el caso, cómo podría afectar a la psicología humana el
saberse grabado constantemente para una vida posterior, como una especie de
inmortalidad sin nosotros. Algunas personas, argumenta bien la película, se
sienten cohibidas y fingen vidas agradables contra su propia natura, hasta
crearse una esquizofrenia y recurrir al suicidio. Quedan bien ante la historia,
pero renuncian a la vida auténtica. Otras personas no lo aguantan más, y
simplemente bloquean el dispositivo. Porque, y es otro tema importante: ¿dónde
queda la intimidad cuando todo lo que haces es registrado y observado
después por alguien, que juzga y monta sobre ello? ¿No es obsceno la exposición
pública de lo que alguien ha visto mientras surge de la vagina de su madre
parturienta, sus primeros pasos, su primer beso, su primer suspenso, su primer
afeitado, etc? ¿No es acaso algo peor incluso que el criticado programa de TV
"El Gran Hermano"? Porque luego está también el asunto del vouyerismo de
los que miran, de los que consumen una vida ajena.
Por eso resulta oportuna la representación en la
película de un muy plausible grupo de oposición, similar a los actuales
ecologistas, partidarios del recuerdo subjetivo y de la vida en privacidad, del
derecho al olvido y la oscuridad, y de abrir los ojos como a cada uno le dé la
gana.
Semejante campo de conceptos y grandes interrogantes
de tipo ético, fueron asumidos no sin respeto y temor por el joven director, que
declara: "Esa idea es demasiado grande para mí. Empecé a presionarme para tratar
de hacer justicia a todos los diferentes niveles que pueden desarrollarse a
partir de un concepto como ese, y eso me llevó a escribir un guión, y a
reescribirlo, reescribirlo de nuevo, y otra vez...".
La película salió a delante gracias al apoyo del
productor Nick Wechsler, que incluso presionó a Naïm para que acabase el
trabajo, pero por encima de todo gracias a Robin Williams, que lo leyó y
lo volvió posible con su apoyo y su compromiso de interpretar a Alan Hackman.
Williams explica: "fue el guión el que me llevó a involucrarme en el
proyecto. Me sorprendía a cada página, lo que resulta estupendo. Así como la
idea de esa tecnología nueva. Parece que en los últimos meses se han publicado
una montaña de artículos sobre implantes, tanto como controladores de la
memoria, como para aumentarla. Es fascinante, como la idea de memoria objetiva
contra memoria subjetiva" También añade: "Es una película
sobre tecnología, pero por encima de eso es una película sobre humanidad".
Sobre el personaje de Alan Hackman, Robin Williams vuelve a construir otro de
sus personajes oscuros y diferentes con los que a menudo, y muy especialmente en
los últimos años, trata de desmarcarse de su encasillamiento como eterno Peter
Pan del cine comercial americano. Ya le vimos interpretando tortuosos caracteres
en filmes como "Insomnio", de Chritopher Nolan (hablando de
"Memento"...), o "Retrato de una obsesión" (One Hour Photo) del
prestigioso director de videclips Mark Romanek.
En la presentación de la película en la sección
oficial del Festival de Berlín de 2004, y en la rueda de prensa, Williams volvió
a tener palabras sobre las ideas de esta película: "La tecnología no
puede suplantar al ojo humano. El ojo siempre será mejor que la técnica".
Con
Robin Williams a bordo, la película estaba ya comercialmente vendida. Para
acompañarle en el reparto, los productores y el director buscaron una actriz que
irradiase vulnerabilidad y que tuviese química con él, y eligieron a Mira
Sorvino ("Quiz Show: El dilema", "Poderosa Afrodita", "Blue in the Face", "Lulu
on the Bridge", o dentro del género "Mimic"). Y como secundario, encontramos a
James Caviezel (el Cristo de "La pasión" de Mel Gibson, justo en su papel
anterior). La película se rodó en Vancouver y en la Columbia Británica.
Crítica:
Como queriéndonos empujar a pensar que éste no es un film de ciencia ficción, o
al menos no del todo, el único elemento del género que la película introduce es
el implante Zöe y la posibilidad de acceder a los recuerdos de los muertos. En
todo lo demás, el director, el productor, y el diseñador de producción James
Chinlund han buscado una estética completamente contemporánea, en la que
nada parece sugerir futurismo alguno. También es evidente que se ha buscado la
descontextualización general de la trama, desligándola de lugares reconocibles.
De esta manera, "La memoria de los muertos" se descubre como una
fábula moral sobre nuestro mundo y sobre nosotros, y una invitación al
debate.
Lamentablemente,
la enorme y ambiciosísima cantidad de ideas que Omar Naím ha tratado de manejar
en su primer largometraje, se le queda grandísima, y no termina de encontrar la
manera de vertebrarlas en forma de guión con un esquema comercial inteligible
por el público. Ha elegido el thriller como género, y posiblemente la
elección es acertada para un primer borrador y procurando no quedarse en lo
excesivamente trivial, pero el director/guionista ha fracasado al tratar de
identificar lo que es verdaderamente importante de la historia para hacerla
avanzar, y en seguida todos los importantes conceptos quedan ocultos en un
segundo plano frente a una subtrama manida y no especialmente interesante, sobre
los fantasmas personales de la memoria del protagonista. Éste, cómo no, es como
es porque algo le pasó de niño. ¡Vaya hombre! ¿Y no podía haber sido como es,
simplemente porque sí? De acuerdo con que la patria de un hombre es su infancia,
y que de ahí sale todo, pero la "anécdota" en sí elegida en este caso es
demasiado poco sutil. Que en otro tipo de thriller la falta de sutileza
no sea problema, no significa que sea así en este caso, con todo lo demás que
hemos descrito ya sobre el tapete. Demasiada información, demasiados apuntes,
para salirse por la tangente de una historia personal que poco tiene que ver con
ella, salvo en lo tocante al juego de las falsas apariencias, que sí que es un
tema muy en relación con la memoria, centro de la película. Pero ni tan siquiera
esa leve conexión justifica el quiebro narrativo y el abandono del ensayo a
favor de una mera peripecia.
Que Naïm no es Phillip K. Dick, el
maestro de las tramas paranoicas y los enredos espacio temporales y las
realidades varias, es evidente. Su película pasa de puntillas por parte de su
propio terreno, y incluso abandona ideas que son solamente apuntadas. Su modo de
dirigir también es discreto, sin aspavientos desagradables pero sin chispa, y
tampoco podemos subirle la nota a la película por su factura visual y estética.
Al final, lo que podría haber sido una película de ciencia ficción adulta, seria
y humanista, se queda en una interesantísima nota al pie de página.
No obstante, la película todavía está por encima en
interés que la mayor parte de películas de ciencia ficción que nos llegan
últimamente. Seguiremos atentos la evolución del director, a ver que más pasa.
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