
Ficha técnica:
Director: Park Chan-wook
Guión: Hwang Jo-yun / Lim Chun-hyeong / Lim Joon-hyung / Park Chan-wook,
sobre una historia de Tsuchiya Garon
Fotografía: Jeong Jeong-hun; Música: Jo Yeong-wook; Montaje:
Kim Sang-Beom: Director artístico: Ryu Seong-hie
Cast: Choi Min-sik (Dae-su Oh), Yu Ji-tae (Woo-jin Lee), Kang Hye-jeong
(Mi-do), Ji Dae-han, Oh Dal-su, Kim Byeong-ok (Mr. Han), Kim Su-hyeon, Lee
Seung-jin
Corea del Sur, una producción EGG FILMS / SHOW EAST
Productores: Kim Dong-ju Kim (productor ejecutivo) / Lim Seung-yong 120 minutos; Color; Idioma original: Coreano; Ratio
original: 1.85:1
Fecha en que fue estrenada en Corea del Sur: 21 de noviembre de 2003.
Bonita web japonesa:
http://www.oldboy-movie.jp/
Sinopsis:
Un día y aparentemente sin venir a cuento, Dae-su Oh es secuestrado. Cuando se
despierta, está encerrado, sin saber dónde ni por qué. Mientras Dae-su intenta
aclarar qué le ha pasado, se queda horrorizado al oír en las noticias que su
esposa ha sido brutalmente asesinada. La policía explica que Dae-su es el
principal sospechoso ya que se ha encontrado sangre suya en el lugar del crimen.
El tiempo pasa, y decide escribir todo lo que ha hecho en su vida que haya
podido causar dolor a otros. Mientras escribe, murmura: “He hecho daño a
demasiadas personas. Seguro que el hombre que ha matado a mi mujer y me tiene
aquí es una de ellas”. Poco a poco, Dae-su se acostumbra a la penumbra de su
celda y hace ejercicios físicos y mentales. Jura que se vengará del hombre que
ha destruido su felicidad. Un día, y también aparentemente sin venir a cuento,
se despierta en la calle: está libre. Han pasado 15 años, quince años de
cautiverio injusto. Le han dejado un teléfono móvil y una cartera con dinero.
Ese será el comienzo de su búsqueda de venganza, tras el hombre que le ha hecho
aquello y que todavía juega con él.
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Comentario:
Old Boy
Con pocas películas
a sus espaldas y tan sólo habiéndose visto en Occidente (que no en España, caso
aparte) de momento tres y un tercio de otra (el segmento “Cut” del film “Three...
Extremes” que compartió con el chino Fruit Chan y el japonés Takashi Miike),
podemos afirmar con fundamento que ante el director coreano Park chan-wook
nos encontramos con uno de los autores más interesantes del cine mundial
contemporáneo, algo que algunos ya intuimos ante su hermoso y trágico drama “JSA
Joint Security Area”, y que se confirmó con su rotunda tragedia violenta “Sympathy
for Mr. Vengeance”. Hoy por hoy la apuesta se ha convertido en certeza, y
éxitos de crítica como los obtenidos en el pasado festival de Cannes (en donde
la película obtuvo el Premio Especial de un Jurado presidido por Quentin
Tarantino, que conociendo sus gustos, con ésta debió de flipar) han hecho
converger por una vez a los analistas más serios con las voces más freakis.
Así quedó demostrado, sin ir más lejos, en ese maravilloso festival a medio
camino entre los dos mundos que es Sitges, en donde, como no podía ser de otro
modo, “Old boy” arrasó y se llevó de manera manifiestamente fácil el premio a la
Mejor Película.
Raison d’etre
“Old boy” emparenta directamente con la citada “Sympathy for Mr.
Vengeance”, y según su propio autor vendría a formar el segundo capítulo de
una proyectada trilogía sobre el tema de la venganza. Pero para Park
Chan-wook la venganza no es una respuesta, ni tan siquiera una catarsis, no hay
complacencia en el modo en que está tratada. En el cine del director coreano, la
venganza es una avocación devoradora, que convierte a los personajes en esclavos
infelices y existencialmente marcados por un absurdo paradójico: su éxito es
precisamente el fin de su razón de ser, un ser ya de por sí castrado y mermado,
prisionero en un transcurrir que es un viaje sólo de ida a los mismísimos
infiernos. Como una adición a las drogas, la venganza de los personajes de Chan-wook
los lleva a vivir sólo por y para sus fines, y a la vez se desprenden poco a
poco de la mayor parte de si mismos, renunciando incluso a su identidad, pero
jamás a una conciencia torturadora que les sopla continuamente en lo que se han
convertido.
Como punta de
lanza y elemento absolutamente representativo del excelente cine que se está
haciendo ahora en Corea del Sur (por lo que a mí respecta, y globalmente, el
país más cinematográficamente interesante en el presente), Park Chan-wook sabe,
aquí y en general en toda su obra, aunar con éxito lo más expresivo del cine
de género popular con el cine de autor. Tanto en ésta, como en otras
películas coreanas que hemos visto recientemente (en general el cine de Kim Ki-duk,
“Memories of Murder”, “Save the Green Planet”, etc), los iconos y la acción
propios de terrenos tan reconocibles por el gran público como el thriller,
el cine de acción, o el cine fantástico, se enlazan excelentemente con las
profundidades humanistas de unos personajes significativos y llenos de
sentimientos reales, y una puesta en escena personal de medida plasticidad
artística. Esa es la primera de las muchas barreras que separa a “Old boy”, por
ejemplo, de “Kill Bill”, que también era la historia de una venganza: mientras
que la una era una celebración del género por el género, “Old boy” tiene una
multiplicidad de niveles y dobleces que la convierten en un thriller
truculento ante todo, pero un thriller poliédrico y sinfónico acerca de
la pasión y la razón del ser.
Violencia de
autor
Por ese motivo el cine de Park Chan-wook, aún siendo un cine extremadamente
violento, trasciende completamente a cualquier encasillamiento macarrónico
dentro del extremo cine de acción asiático o incluso del cine gore (Chan-wook no
nos ahorra nada, ni tan siquiera lo más doloroso, como la escena del estilete y
los dientes), emparentando en eso con la filosofía de su compatriota Kim Ki-duk
(y en general, tal vez, siendo ello algo muy propio de la mística original del
extremo oriente). Si en el cine de Kim Ki-duk la violencia y el sexo es la
expresión externa del desgarro intimo de unos personajes desarraigados de sus
propias razones de existir, en el cine de Park Chan-wook la violencia es
el síntoma del proceso espiral que tiene lugar en el alma devorado por un cancer
letal de los personajes, y cada acción violenta es como la pieza de un
inexorable juego de dominó, los personajes se conocen a sí mismos y se
redimen de sus pecados sangrando.
Old Boy (con
spoilers, para los que no han visto la película)
Dae-su se nos
presenta como un ridículo payaso a la deriva en una vida idiota, poco cumplidor
con sus responsabilidades y adicto a la levedad de las cosas, pero entonces
acaece su injusto secuestro, y su vida cambia. Esta atrocidad le priva de todo
lo que era, pero a la vez le ubica en la Tierra, y le da una razón concreta para
existir y para vivir: vengarse. Le da un sentido, y así le permite evolucionar
con una determinación que en la introducción de la película, cuando él era un
hombrecillo, no tenía. En la penumbra de ese apartamento-celda, durante esos
quince años, el hombre tiene que encontrarse consigo mismo, pues es el único
contacto con la humanidad que tiene, como un Robinson Crusoe. Entonces le
liberan, y ya es alguien renovado. Así pues, la venganza es un motor vital, y un
contexto existencial completo, que otorga cierta trascendencia donde sólo
había Nada. Claro que tiene un precio muy caro, y así también Dae-su renuncia a
vivir tal y como es la vida realmente para convertirse en venganza en
movimiento, una fuerza de signo negativo y destructora, para sí mismo y para los
demás. Pero en su vida se cruza también la posibilidad del amor, otro contexto
tan poderoso como la venganza, sólo que a priori menos autodestructivo y de
signo positivo, y gracias al amor la posibilidad de redención y de salvarse
antes de ser consumido por su propia misión.
Por otro lado,
descubrimos que lo que a él le ha pasado es en realidad el producto de otra
venganza, es decir, que el vengador es en realidad la víctima de otro aún más
rabioso que él. Solo que para su verdugo la redención ya no es posible. También
él ha organizado toda su existencia alrededor de su venganza, y ha hecho de sí
mismo un mero instrumento de castigo. Por eso, una vez culminada ésta, la vida
deja de tener sentido y el vacío que se crea es incluso peor, como un agujero
negro. Demasiado tarde para intentar nada más, sólo queda morir. La soledad y el
vacío del que ha elegido la no-vida de la venganza son demasiado fuertes,
incluso para un hombre que en el mundo material lo tiene todo a su favor.
Dae-su Oh es ante todo un
perdedor. Para empezar, lo es porque es culpable. En palabras de la película:
tanto una roca como un simple grano de arena se hunden en el agua. Que lo que él
hizo parezca relativamente pequeño, no significa que no deba pagar. Incluso
ahora que está fuerte y que su vida tiene una razón y una meta, incluso cuando
derriba a sus enemigos y cuando sale vencedor de una pelea con muchos hombres,
él está abocado a perder. También es su derrota la que le salva de sufrir el
mismo destino de su verdugo. Su experiencia le ha transformado y le ha puesto en
camino, pero debe pagar con parte de sí mismo, en varios sentidos.
La apoteosis de la puesta
en escena
Ya hay quienes van
diciendo, no sin razón, que Park Chan-wook es ante todo un esteticista.
En todos los terrenos posibles, “Old boy” es un ejercicio de cine
apabullántemente hermoso (a pesar de la morbosidad de algunas de sus escenas),
fresco e innovador, en el que cada elemento ocupa un peso justo de importancia
máxima. Destacaré el delicioso uso de la banda sonora, una música excelente obra
de Jo Yeong-wook, así como el montaje, arriesgado y en ningún punto
trivial, aunque quizás no tan sorprendente para los que conozcan el cine
asiatico y su regusto por las estructuras no lineales.
Pero en lo que
“Old boy” es un dechado de virtudes es en planificación y puesta en escena.
Increíblemente originales esas epopéyicas peleas en espacios alargados captadas
en travelling laterales; admirable el aprovechamiento y la descripción
del espacio cerrado del cautiverio del personaje; eficaz y muy descriptivo truco
simbólico al final de la película; son sólo algunos de los muchos momentos que
podríamos destacar en una película que merece ser vista muchas veces para
encontrarle cosas nuevas.
Y por supuesto, hay que destacar entre lo más
sobresaliente de la cinta la interpretación de Choi Min-sik, capaz de dar
credibilidad a un personaje tan extremo y excesivo, y que transmite emociones en
todos los momentos tensos.
"Old boy"
es al cine lo que una novela como “El nombre de la rosa” pueda ser a la
literatura, una obra con tantos niveles que te dará aquello que busques, porque
lo tiene: un thriller truculento si lo que buscas es pasar el rato, y una
obra culta y artística si lo que quieres es ver bien cine.
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