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  Artículos - Cine - Monográficos de personas: Kim Ki-duk

Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera ("Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom", 2003)

Ficha técnica:

Director: Kim Ki-duk
Guión: Kim Ki-duk
Fotografía: Baek Dong-hyeon; Música: Park Ji-woong; Montaje: Kim Ki-duk; Vestuario: Kim Min-Hee
Cast: Oh Young-soo (viejo maestro monje), Kim Ki-duk (monje adulto final), Kim Young-min (monje adulto joven) / Seo Jae-kyeong (Monje adolescente), Ha Yeo-jin (la chica), Kim Jong-ho (Monje niño), Kim Jung-young (madre de la chica), Ji Dae-han (detective Ji)
Corea del Sur / Alemania, una producción Korea Pictures / LJ Films / Pandora Filmproduktion GmbH / Cineclick Asia; Productores: Karl Baumgartner / Lee Seung-jae
103 minutos; Color; Idioma original: Coreano; Ratio original: 1.85:1; Estrenada en Corea del Sur el 19 de septiembre de 2003
Web oficial: http://www.sonyclassics.com/spring/



Sinopsis:
El sucederse de las estaciones representa de forma general el paso continuo del tiempo en forma de ciclos que se cierran y se renuevan. En un monasterio flotante sobre un paradisíaco lago, había una vez un monje budista que vivía en completa soledad con su joven alumno, un niño pequeño al que trata de educar en los más harmoniosos valores. Pero los niños crecen, la vida va arrastrando a las personas por diferentes ciclos naturales con diferentes necesidades, el tic-tac del tiempo marca el ritmo de un aprendizaje continuo, y al final, lo que ha sido volverá a ser, en otra nueva generación.

 

Comentario: Preciosa fábula, la más explícitamente taoista de toda la filmografía de su autor, el largo título ya encierra dentro de sí gran parte de la esencia de lo que la película quiere trasmitir: el paso del tiempo, una concepción del tiempo casi circular, o para ser más exactos en forma de espira, inexorable pero cíclico, repetitivo en su indiferente fluir. Las estaciones se suceden, y con ellas los años, pero por encima de todo, pase lo que pase, un año siempre es un año y se parece al anterior, igual que los hombres son hombres y siempre tienen cosas parecidas, generación tras generación. Pero la metáfora no podía ser más acertada, pues acoge otros aspectos igual de ciertos sobre la existencia: que dentro de cada ciclo, por ejemplo de cada año, las estaciones tienen en sí mismas unas características propias y son momento para unas cosas y no para otras, así como cada fase de la vida del ser humano es propicia también para cosas distintas, e igual que nadie puede escapar del influjo de las estaciones, nadie puede hacerlo del influyo de su momento vital: infancia, adolescencia, juventud, madurez, vejez... Nacemos y morimos, como las hojas de los árboles brotan y se caen, y son reemplazadas por otras, completamente equivalentes (ni mejores ni peores) pero distintas, y en cada momento de nuestra existencia vamos haciendo frente a la vivencia y adquiriendo experiencia, una experiencia distinta en cada caso que conduce a la iluminación, y (desgraciadamente, para los que no creemos en la reencarnación) a la muerte..

En realidad, lo que la película describe es el camino del discípulo al lado del hombre sabio, y su recorrido desde la juventud hasta el equilibrio y la sabiduría propia, convirtiéndose así en nuevo maestro apto para enseñar a otros (como hacen los padres con los hijos cuando pasan de ser hijos ellos a hacerse cargo de otros). Pero no sólo eso: todo en la película está imbuido en el espíritu del pensamiento oriental, los personajes son monjes, en la película abundan las imágenes de Buda, los mantras, los animales sagrados o típicos de las fábulas taoístas (serpientes, ranas, peces...), el agua, el taichi, las artes marciales, la meditación, etc. También es completamente taoísta otro de los mensajes claros de la película: el deseo de posesión lleva en sí mismo la destrucción.  Abunda en símbolos de extraordinaria funcionalidad y belleza plástica que al mismo tiempo vienen a representar ideas acorde con el resto de la película, auténticos gestos, como esas puertas plantadas en medio del vacío, sin paredes (tanto dentro del convento flotante como rodeando el propio lago), y que sin embargo los personajes utilizan siempre: el tener la libertad de hacer cualquier cosa en medio del espacio material no significa que no exista la necesidad de hacer las cosas de un modo concreto y trascendente, la necesidad del ceremonial o de un orden de costumbres, si se prefiere.

El hecho de que sea la primera película de Kim Ki-duk que prescinde de todo detalle sórdido no significa ni mucho menos que no esté también arropada por sus constantes: su espiritualidad, el tema de la inevitable avocación del hombre a la violencia o el encuentro con el dolor, la necesidad de redención o purificación, la dicotomía agua/cielo (que ya exploró en "La isla", en dónde los personajes habitaban en cabañas flotantes como el monasterio de ésta), y sobre todo el silencio, la película podría verse prácticamente en versión original y sin subtítulos pues en todo el metraje no hay más de seis o siete líneas de diálogo, el resto es silencio, música o sonidos de la naturaleza. Los personajes de "Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera" más que ningún otro del autor, se han aislado del mundo, y en el caso del monje joven también más que nadie más posee una rudeza inocente que lo lleva a hacer cosas terribles.

La película está estructurada en cinco segmentos, cada uno de ellos se desarrolla durante la estación que le da nombre al capítulo, no necesariamente del mismo año, y al mismo tiempo viene a ilustrar la etapa vital en la que se encuentra un joven aprendiz desde su más tierna infancia hasta su iluminación y conversión en maestro y sabio:

Empiezan los spoilers

Primavera
El jovencísimo aprendiz de monje, un niño pequeño, juega bajo a atenta mirada del maestro, y lo hace como lo hacen los niños, a veces de un modo cruel y poco respetuoso con el orden natural. En una ocasión el niño ata una piedra con una cuerda a tres animales distintos: un pez, una culebra y una rana. A la mañana siguiente, se despierta y descubre que su maestro lo ha ha amarrado también a él a otra piedra aún mayor. El niño se queja: "Maestro, por qué me has hecho esto"; y anciano maestro le contesta: "¿te atormenta la piedra? ¿Y no es lo mismo que tú les has hecho a tres animales? Desátalos, y yo te desataré a ti". El niño aprenderá una auténtica lección de vida y respeto a la Naturaleza, y se encontrará por primera vez con el dolor y la muerte.

Verano
El niño ha crecido, y se ha convertido en un adolescente, y como adolescente, o joven adulto a medio formar, se le han despertado deseos y necesidades que de niño no tenía, como el deseo sexual. La llegada de una muchacha enferma al convento terminará de disparar su irrefrenable necesidad de rebeldía, de sentir y de vivir despaldas a las enseñanzas del maestro. El despertar de una pasión incontrolable, dirigirá al joven a una aventura personal que le llevará a encontrarse de cara con un dolor aún mayor del que pudo haber intuido de pequeño.

Otoño
El anciano maestro envejece en soledad (el joven le abandonó llamado por la voz de su sangre caliente y efervescente), cuando recibe la noticia de que su antiguo alumno ha cometido una acto terrible, y en seguida el hombre sabio sabe que el muchacho va a volver. En efecto, así sucede, y vuelve cambiado, trastornado por la rabia y la frustración, ha conocido el precio de la pasión y el reverso del deseo de poseer, y ahora su alma se agita violentamente. Necesitará que su maestro le enseñe a recuperar el camino y a purificarse y redimirse por el mal cometido

Invierno
El anciano maestro ha muerto, aunque su espíritu sigue presente en la película reencarnado en una serpiente. El alumno, convertido ya en adulto, regresa de nuevo al convento después de haber pagado sus deudas con las sociedad de los hombres, y completamente listo para emprender un camino aún más duro: encontrarse consigo mismo y su justo y respetuoso lugar en el mundo.

Primavera... otra vez
El que fue alumno un día es hoy en día el monje que habita en el convento. Un día, recibe la visita de una mujer madre soltera incapaz de tener a su hijo con ella. El monje adquiere así su propio alumno. El ciclo se cierra y se repite. El niño hará sus cosas de niño, y el maestro, para ser un buen maestro, tendrá que saber guiarle como en otro tiempo alguien más le guió a él.

La película es bellísima por sus paisajes y por su mensaje, que aún siendo de corte pseudo-religioso, prescinde de recalcar aspectos que pudieran hacérseles intragables a un espectador agnóstico, y se centra en su lugar en otros mensajes absolutamente positivos, como el respeto al mundo que nos rodea, la necesidad de estar en paz con uno mismo, el perdón y la comprensión a los errores de los demás porque tal vez se encuentren en una fase en la que necesiten cometerlos, etc. Además, el dominio de la técnica cinematográfica de Kim Ki-duk  aquí es completamente portentoso, su planificación y su montaje confiere a la película un ritmo interior completamente vivo a pesar de la aparente lentitud del ritmo real de la acción. En definitiva, un ejercicio maravilloso de cine intelectualizado.

Completamente necesaria, e imprescindible.

El propio Kim Ki-duk interpreta al monje joven ya de adulto.