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Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera
("Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom", 2003)
![]() Ficha técnica:
Director: Kim Ki-duk
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Comentario: Preciosa fábula, la más explícitamente taoista de toda la filmografía de su autor, el largo título ya encierra dentro de sí gran parte de la esencia de lo que la película quiere trasmitir: el paso del tiempo, una concepción del tiempo casi circular, o para ser más exactos en forma de espira, inexorable pero cíclico, repetitivo en su indiferente fluir. Las estaciones se suceden, y con ellas los años, pero por encima de todo, pase lo que pase, un año siempre es un año y se parece al anterior, igual que los hombres son hombres y siempre tienen cosas parecidas, generación tras generación. Pero la metáfora no podía ser más acertada, pues acoge otros aspectos igual de ciertos sobre la existencia: que dentro de cada ciclo, por ejemplo de cada año, las estaciones tienen en sí mismas unas características propias y son momento para unas cosas y no para otras, así como cada fase de la vida del ser humano es propicia también para cosas distintas, e igual que nadie puede escapar del influjo de las estaciones, nadie puede hacerlo del influyo de su momento vital: infancia, adolescencia, juventud, madurez, vejez... Nacemos y morimos, como las hojas de los árboles brotan y se caen, y son reemplazadas por otras, completamente equivalentes (ni mejores ni peores) pero distintas, y en cada momento de nuestra existencia vamos haciendo frente a la vivencia y adquiriendo experiencia, una experiencia distinta en cada caso que conduce a la iluminación, y (desgraciadamente, para los que no creemos en la reencarnación) a la muerte..En realidad, lo que la película describe es el camino del discípulo al lado del hombre sabio, y su recorrido desde la juventud hasta el equilibrio y la sabiduría propia, convirtiéndose así en nuevo maestro apto para enseñar a otros (como hacen los padres con los hijos cuando pasan de ser hijos ellos a hacerse cargo de otros). Pero no sólo eso: todo en la película está imbuido en el espíritu del pensamiento oriental, los personajes son monjes, en la película abundan las imágenes de Buda, los mantras, los animales sagrados o típicos de las fábulas taoístas (serpientes, ranas, peces...), el agua, el taichi, las artes marciales, la meditación, etc. También es completamente taoísta otro de los mensajes claros de la película: el deseo de posesión lleva en sí mismo la destrucción. Abunda en símbolos de extraordinaria funcionalidad y belleza plástica que al mismo tiempo vienen a representar ideas acorde con el resto de la película, auténticos gestos, como esas puertas plantadas en medio del vacío, sin paredes (tanto dentro del convento flotante como rodeando el propio lago), y que sin embargo los personajes utilizan siempre: el tener la libertad de hacer cualquier cosa en medio del espacio material no significa que no exista la necesidad de hacer las cosas de un modo concreto y trascendente, la necesidad del ceremonial o de un orden de costumbres, si se prefiere. El hecho de que sea la primera película de Kim Ki-duk que prescinde de todo detalle sórdido no significa ni mucho menos que no esté también arropada por sus constantes: su espiritualidad, el tema de la inevitable avocación del hombre a la violencia o el encuentro con el dolor, la necesidad de redención o purificación, la dicotomía agua/cielo (que ya exploró en "La isla", en dónde los personajes habitaban en cabañas flotantes como el monasterio de ésta), y sobre todo el silencio, la película podría verse prácticamente en versión original y sin subtítulos pues en todo el metraje no hay más de seis o siete líneas de diálogo, el resto es silencio, música o sonidos de la naturaleza. Los personajes de "Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera" más que ningún otro del autor, se han aislado del mundo, y en el caso del monje joven también más que nadie más posee una rudeza inocente que lo lleva a hacer cosas terribles. La película está estructurada en cinco segmentos, cada uno de ellos se desarrolla durante la estación que le da nombre al capítulo, no necesariamente del mismo año, y al mismo tiempo viene a ilustrar la etapa vital en la que se encuentra un joven aprendiz desde su más tierna infancia hasta su iluminación y conversión en maestro y sabio: Empiezan los spoilers Primavera Verano Otoño Invierno Primavera... otra vez La película es bellísima por sus paisajes y por su mensaje, que aún siendo de corte pseudo-religioso, prescinde de recalcar aspectos que pudieran hacérseles intragables a un espectador agnóstico, y se centra en su lugar en otros mensajes absolutamente positivos, como el respeto al mundo que nos rodea, la necesidad de estar en paz con uno mismo, el perdón y la comprensión a los errores de los demás porque tal vez se encuentren en una fase en la que necesiten cometerlos, etc. Además, el dominio de la técnica cinematográfica de Kim Ki-duk aquí es completamente portentoso, su planificación y su montaje confiere a la película un ritmo interior completamente vivo a pesar de la aparente lentitud del ritmo real de la acción. En definitiva, un ejercicio maravilloso de cine intelectualizado. Completamente necesaria, e imprescindible. El propio Kim Ki-duk interpreta al monje joven ya de adulto.
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