Lo peor de dicho remake era, como suele decirse, el
mero motivo de su existencia, absolutamente innecesaria, una traslación de la película
japonesa a la raza, cultura y gustos imperantes en la sociedad americana (y en
esto no nos hagamos líos: todos vivimos en una gran sociedad americanizada).
Para ser más claro: igual de imprescindible que es la subtitulación (y algunos
piensan que el doblaje) de las películas para salvar el obstáculo de la lengua,
algunas personas parecen creer que la raza y la diferencia cultural es también
otro obstáculo, y que es necesario re-rodar las películas de países diferentes a
los nuestros (o incluso similares, puesto que los yanquis también hacen
versiones de películas europeas, incluso españolas, caso de "Vanilla Sky",
remake de "Abre los ojos" de Alejandro Amenabar) para que un
público subestimado (pero feliz con su mediocridad constantemente alimentada por
las multinacionales) pueda acceder sin
extrañarse a esas películas. Ya se sabe, los japoneses tiene la cara rara,
nombres muy graciosos, hablan de un modo extraño (sobre todo con el puto
doblaje, que no hay manera de encajar dadas las insalvables diferencias entre su
idioma y el nuestro) y se comportan de una manera distante y envarada, chocante,
en definitiva, y por eso esas películas ya son raras y da pereza verlas. En
resumen: que por aquí hay mucho palurdo, y muy gustoso de serlo, por eso nos
seguiremos divirtiendo de no ver cine de otras partes del mundo, y tragándonos
en su lugar las bonitas y normales producciones de Jerry Bruckheimer; normales,
claro está, porque sus protagonistas son rubitos o negros muy altos, y conducen
Cherolets y viven en Los Angeles y comen hamburguesas, que es lo normal. De ahí
que desde Hollywood, una industria decadente y muy necesitada de ideas ajenas a
falta de algunas propias, se lanzaran de un tiempo a esta parte a adquirir los
derechos de películas asiáticas para adaptarlas "a lo occidental", es decir, con
protagonistas blancos, y así surgieran los remakes de "The Ring", "Dark
Water", "Ju-On: The Grudge", o los próximos que se quieren rodar o ya se están
rodando de "The eye", "A Tale of Two Sisters", "Cure", "The Doll Master",
"Llamada perdida", "Phone", y la lista sigue y sigue... ¿Y llegan acaso estas
películas asiáticas a las salas de cine de todo Occidente? No necesariamente. ¿Y
llegan las copias americanas? Sí generalmente. ¿Y cuando llegan ambas, puestos a
elegir, cual gana más dinero el original, o la copia? Pensemos en el éxito, sin
ir más lejos, de "The ring", y del modo en el que "Ringu" pasó de puntillas por
nuestros cines, hasta hacerse un hueco como título de culto gracias al boca a
boca, a Internet, y al DVD...
Pero no era de esto tampoco de lo que quería hablar, aunque
ya que ha caído me alegro. Porque lo cierto es que "The Ring (La señal)" (2002),
la película americana, y olvidándonos siempre de la procedencia del invento y de
la existencia de una película original previa japonesa, en sí misma estaba bien hecha,
incluso muy bien, merced al eficaz trabajo de Gore Verbinski, el director de
encargos de moda en Hollywood ("Piratas del Caribe", "The Mexican") y a la
excelente fotografía de Boja Vazelli, cuyos trabajos combinados hicieron de
aquel remake uno de los títulos de terror americanos más curiosos de los
últimos años, y una película con una entidad visual propia, muy influida por el
estilo de M. Night Shyamalan. La película fue un éxito, la mitad de la gente ni
sabía que estaba "basada" (siendo generosos) en otra película japonesa, y cuando
se enteró se limitó a decir "¿ah, sí? pues bueno", y todos fueron felices,
comieron perdices, y se forraron, como debe ser. Así que, aunque la película
fuera un remake, como tuvo éxito y encima era hasta buena, tenía que
tener una secuela. Y aquí está.
Proyectada ya desde principios de 2003, justo cuando "The
Ring (La señal)" estaba en cartelera en España y en otros países satélites al "imperio"
del tío Sam, y ya se sabía que era un éxito, a los pocos meses de conocerse el
proyecto supimos también que Gore Verbinski no iba a hacerse cargo de ella. El
proyecto llegó a estar en manos del director publicitario Noam Munro al menos un
par de meses, pero en seguida fue despedido, y para sorpresa de todo el mundo
fue entregado a manos nada más y nada menos que de Hideo Nakata, el
director de la película "The Ring" (Ringu) japonesa original, así como de
"The Ring 2" (Ringu 2), su secuela oficial japonesa. Bien mirado, la
decisión tiene una lógica inexorable: ¿quién puede conocer mejor una película
que su propio director? Nakata no tendría ni que documentarse para captar el
espíritu de la original... De hecho, esta política cuajó de tal modo, que el
caso se ha vuelto a repetir con "Ju-On: The Grudge" y su sosias americano "El
grito" (The Grudge), dirigidas ambas por
Takeshi Shimizu, y parece
que va a volver a pasar con el remake de "Al final de la escalera",
puesto por segunda vez en manos de su director original, Peter Medak.
A pesar de la inclusión de Nakata como director de esta
secuela, el director de fotografía Boja Vazelli que había hecho tan buen trabajo
en la anterior ha sido sustituido por Gabriel Beristain ("Blade II", "Blade
Trinity", "La sombra del faraón"), lo cual hace preveer que la estética original
no se repetirá, y sin embargo sí se conserva el mismo guionista, Ehren Kruger
("Scream 3"), cuando el guión no era precisamente lo más atractivo de "The Ring
(La señal)". ¿Qué podemos esperar? Toquemos madera, pero personalmente preveo
una película bastante peor que la anterior, y tal vez una secuela muy al uso,
con nuevas revelaciones sobre Samara (la Sadako americana) y algunos giros de
guión que tal vez nos gusten, y tal vez no. Lo veremos pronto.
Por lo demás, el reparto es muy similar al de la "primera"
película, Naomi Watts ("Mulholland Drive", "21 gramos") sigue siendo la
protagonista, como no podía ser de otro modo, y con ella sigue el insoportable
niño típicamente siniestro David Dorfman, y teniendo en cuenta quiénes
morían en la primera, aquí han añadido a Sissy Spacek ("Carrie", "Una
historia verdadera", "In the Bedroom") y Gary Cole ("Retratos de una
obsesión", "Un plan sencillo") en papeles secundarios, y han añadido a Simon
Baker con un papel más importante. Lo más llamativo, es que Daveight
Chase, la mujer que hacía de Samara en la anterior película, abandonó el
proyecto casi al principio, temerosa de encasillarse y rehuyendo el
comprometerse con un personaje que parece estar dando lugar a una franquicia,
como le pasó a Robert Englud con Fredie Krueger.
El rodaje tuvo lugar en Oregón a partir de mayo de 2004. Esta
secuela, sin ninguna relación ya con la secuela que se hizo en Japón sobre el "Ringu"
original, lleva ya un fin semana entero estrenada en Estados Unidos, con éxito
de recaudación, número uno en el ranking en este tiempo y desbancando a
"Robots", pero con unas críticas y opiniones de los aficionados bastante
dispares, pero predominantemente negativas.
Crítica:
Una vez vista "The Ring 2" uno se pregunta, ¿qué ha quedado de lo que
hizo de la primera película una cinta atractiva? Aquella trascendía gracias a su
inquietante ambientación y su fotografía, y no por su guión, que se limitaba a
seguir la guía maestra de la historia original de la japonesa, y que los pocos
cambios que introducía eran en realidad pegotes y sustituciones muy pobres. En
esta secuela, y tal y como ya veníamos presintiendo por los datos de producción,
las primeras fotos y el trailer, la ambientación se ha vulgarizado, y no digamos
ya la fotografía, así que... ¿que queda? ¿Hay algo nuevo a cambio? Tristemente
la respuesta es no, a no ser que se haga una valoración positiva de una serie de
sustos fáciles, cosa que a estas alturas resulta muy difícil.
El guión de
"The Ring
2" es un absoluto desastre, y lo que han hecho con todo el potencial
argumental de la "saga" no tiene perdón posible. Tras un arranque correcto
directamente relacionado con el mecanismo de la anterior película, la trama da
un volantazo brusco justo en el momento en que el personaje de Naomi Watts quema
la cinta maldita (y eso sucede más o menos a los diez minutos de metraje), y
aquello es más un símbolo que una premonición: parece que el guionista
Ehren Kruger
nos esté diciendo "bah, a la porra, olvídense de la cinta, olvídense de la
maldición, olvídense de la leyenda urbana que se va cumpliendo, del anillo (the
ring), de las llamadas telefónicas (the ring otra vez), y de los
fantasmas que buscan ambiguamente tanta venganza como descanso". Es decir, que
se nos pide que nos olvidemos precisamente de aquellos conceptos que son la
esencia de The Ring, y que son lo más interesante de ella. Supongamos que lo
hacemos, que aceptamos que las reglas del juego han cambiado y que esta segunda
parte trata completamente de otra cosa: ¿qué nos propone esta vez el guionista a
cambio? Pues nada más que una historia torpe y manida sobre un ser demoníaco sin
entidad ni personalidad alguna que posee arbitrarios poderes para atacar en
cualquier momento y lugar (excepto mientras dormimos, vaya por dios, un Freddie
Krueger invertido), independientemente de que haya cinta de por medio o no,
y que trata por todos los medios de poseer a un niño repelente de esa última
hornada de críos siniestros surgidos tras "El sexto sentido" (y que ya
causaba una impresión muy pobre en la anterior película, como una de esas pobres
improvisaciones respecto al texto japonés original, en la que el niño es, ante
todo, un niño normal, y no un puto monstruito que parece surgido de "La
familia Adams"). Totalmente destruido así el universo interno de "The Ring",
lo que queda es una película de terror cutre y barata (en el sentido artístico,
no necesariamente en su presupuesto de producción) en la que se procura darnos
un sobresalto por las buenas cada determinado número de minutos, y cuyos
momentos pretendidamente más tensos (el ataque de los alces, la escena en la
bañera de la casa de Max) no terminan de funcionar, y que nos lleva
caprichosamente y sin dudar en ningún momento el recurrir a los llamados
idiot plots (o recursos imbéciles de la trama con los que se inyecta una
información muy forzada a un transcurrir sin salida, o los personajes actúan de
un modo sencillamente inverosimil). Un par de momentos de sospechoso recuerdo a
"La profecía" (el ataque zoológico en el bosque, o la solución
final que el personaje de Sissy Spacek le da a Naomi Watt) e incluso algún
momento en que todo se desliza hacia el guiño a "Dark Water" (vaya,
hombre, otro fantasma que busca a su mamá), no arreglan la función ni disipan el
tufillo a secuela mala, a lo secuela de "Poltergeist" (con las que, por
cierto, también tendría algo que ver, con esas fuerzas del más allá emperradas
pertinazmente en cazar a un niño determinado).
"The Ring 2" es prácticamente basura, una secuela de
lo menos interesante, en la que Hideo Nakata, el director de la película
japonesa original, parece limitarse a poner la mano, coger la pasta, y realizar
un trabajo eficaz pero incapaz de arreglar el desaguisado causado desde el mismo
texto de Ehren Krueger. No es de extrañar que la mujer que hacía de Samara en la
película anterior se negase a hacer ésta, en la que, por cierto, además de
algunos fotogramas de archivo, el resto de las veces está realizada por
ordenador.
Para ver en DVD, o ni eso. Al pilón.