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  Artículos - Cine - Eventos/festivales: Segunda muestra Calle 13

Steamboy (2004)
Por Daniel Morell Cortés

Ficha técnica:

Director: Katsuhiro Ôtomo
Guión: Sadayuki Murai / Katsuhiro Ôtomo
Música: Steve Jablonsky; Montaje: Takeshi Seyama: Dirección artística: Shinji Kimura;  
Animación
Japón, una producción STEAMBOY COMMITTEE / STUDIO 4ºC / SUNRISE VAP; Productores: Shinji Komori / Hideyuki Tomioka / Shigeru Watanabe (productor ejecutivo)
126 minutos; Color; Idioma original: Japonés; Ratio original: 1.85:1
Fecha en que fue estrenada en Japón: 17 de julio de 2004.
Web oficial: http://www.steamboy.net/intro.shtml

Sinopsis: Ambientada en la Inglaterra victoriana, esta historia épica de aventuras se centra en un joven inventor llamado Ray. Cuando éste recibe una misteriosa bola metálica entra en un mundo de increíble intriga y aventura. La bola metálica resulta ser una llave secreta a una fuerza de incomparable poder. Pero existen poderosas instituciones que desean apoderarse de la llave y la lucha por hacerse con ella será por tierra, mar y aire. Ray se embarca así en la más excitante aventura de su vida.

 

Crítica: Tras una larga espera, parece que va a llegar a nuestras pantallas la última obra del autor de manga y cine de animación de culto Katsuhiro Otomo: “Steamboy”.
Nosotros pudimos disfrutar de ella en el pasado Festival de Sitges y nos dejó muy buen sabor de boca, aunque es una película que puede decepcionar al principio, sobretodo si la abordamos con ideas preconcebidas.

Otomo, el artífice de una de las mas grandes obras de animación del siglo XX, la apocalíptica “Akira” basada en su propio manga homónimo, nos ha hecho esperar casi diez años (su anterior trabajo cinematográfico había sido su aportación a "Memories", el film colectivo de 1995), pero no en vano, puesto que nos encontramos ante otra pequeña maravilla de la animación, una obra menor, comparada con “Akira”, pero cien por cien disfrutable.

Esta película nos acerca más que ninguna otra al “Steampunk”, sub-género adscrito al “Cyberpunk” en el que (citando al escritor Horacio Moreno, autor del libro “Cyberpunk, más allá de Matrix”) se parte como premisa fundamental de la especulación sobre una cultura influida por el desarrollo de la alta tecnología basada en el vapor, y que generalmente obtiene como resultado una Historia alternativa de carácter distópico, tomando del cyberpunk el pesimismo respecto de la idea de progreso benefactor e ininterrumpido. Ejemplos de este subgénero, son el cómic “La Liga de los Hombres Extraordinarios” de Alan Moore, o la película “Wild Wild West”.

La acción transcurre en los años 1850 en plena revolución industrial, Ray Steam es un niño inventor, obsesionado por las maquinas de vapor, hijo de un ingeniero llamado Eddy Steam que ha inventado, junto con su padre Loyd Steam (abuelo de Ray) un pequeño aparato basado en el vapor capaz de concentrar y desencadenar una gran energía. Llega un momento en que las tres generaciones se enfrentan, abuelo y nieto contra el padre, por sus diferentes formas de ver el progreso y el funcionamiento de la sociedad en general.

A partir de esta sencilla línea argumental y con el telón de fondo de la Europa de la revolución industrial asistimos a la celebración máxima del “Steampunk” y cómo no, tratándose de este director, del Apocalipsis a pequeña escala.

Otomo se muestra mucho mas sensible que en otras películas, el sentido de la moralidad y un profundo alegato antibelicista impregnan esta película, que sólo adolece de un metraje excesivo, impuesto por la ambición de demostrar hasta el extremo la buena factura y la espectacularidad de la misma, hecho que puede llegar a distanciar al espectador. Cierto que por momentos la trama pueda parecer sencilla en exceso, pero todo queda compensado por el mundo en el que nos sumerge el director: maquinas voladoras a vapor, submarinos individuales, armas y vehículos terrestres imposibles… un mundo en el que las palancas de madera reemplazan a los botones, las lentes a los monitores, los engranajes a las placas digitales, las tuberías a los cables, y por supuesto el vapor y las calderas son la fuerza motriz en lugar de la electricidad, todo ello dibujado con precisión de ingeniero y todo lujo de detalles, con el telón de fondo de la era victoriana, al más puro estilo de Julio Verne, referencia obligada de este peculiar y atractivo subgénero.

Atentos, por ejemplo, al apabullante detallismo con el que están dibujadas las muy reconocibles calles del Londres de la época. Cualquiera que conozca el centro de la capital británica, podrá sentir que vuelve a estar allí, como si de un plano muy minucioso de los edificios y calles reales se tratase, desde Picadilly y Oxford st., hasta la zona de St. Paul y el barrio junto al Támesis con London Bridge de referencia. Impresionante.

Volviendo al apartado técnico, prácticamente todo el film está dibujado al estilo clásico y las pocas escenas que contienen CGI están muy bien integradas. La banda sonora, a cargo de Steve Jablonsky, músico acostumbrado a componer partituras para películas de animación y videojuegos, sale con una nota elevada de tan ambicioso proyecto.

En definitiva, una película a tener en cuenta, y una oportunidad para poder disfrutar del poco prolífico autor Katsuhiro Otomo.

Lo mejor: El mundo imaginado por el director
Lo Peor: Una trama muy plana y un metraje excesivo.