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Kim Ki-duk
| La divina tragedia, o cuando el cine duele y fascina a la vez |
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Kim Ki-duk: Filmografía (como director; Kim Ki-duk es también el
guionista de sus películas, a veces el montador, y últimamente el productor): 1996 Wild Animals ("Yasaeng dongmul bohoguyeog") 1998 The Birdcage Inn ("Paran daemun") 2000 Real Fiction ("Shilje sanghwang") 2000 La isla ("Seom") 2001 Address Unknown ("Suchwiin bulmyeong") 2001 Bad Guy ("Nabbeun namja") 2002 The Coast Guard ("Hae anseon") 2003 Primavera, verano, otoño, invierno... primavera ("Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom") 2004 Samaritan Girl ("Samaria") 2004 Hierro 3 ("Bin-jip") |
La herida más bella La primera película de Kim Ki-duk que tuve el gustazo de sufrir apasionadamente fue "La isla", posiblemente la primera película del autor que obtuvo difusión en todo Occidente, incluido este rinconcito de él llamado España. En ella ya estaba todo: el silencio, la armonía, la bellísima fotografía, la soledad de los personajes, la violencia, la sordidez, el amor desesperado... Uno no podía evitar preguntarse, "qué es esto", ¡y vaya si nos hemos enterado de qué era eso! Eso era nada más y nada menos que la punta de lanza de una de las cinematografías más justamente de moda, la de Corea del Sur, y por encima de otros autores como Park Chan-wook ("Sympathy for Mr. Vengance", "Old Boy") o Bong Joon-ho ("Memories of Murder") que en seguida también nos llegaron y nos fascinaron. Pero Kim Ki-duk sigue siendo diferente, mientras que los demás hermanan el cine de género con el cine de autor más profundo, el cine de Kim es mucho más abstracto e intelectual y sólo tiene que ver con sus propias ideas.
Las historias de la mayor parte de las películas de Kim Ki-duk son mínimas, y a veces incluso inverosímiles, pero son estupendas cuartadas para lanzar sobre el espectador un torrente de emociones y preguntas de corte existencial, de hacerle sentirse mal hablándole de aquello que normalmente preferimos no comentar, de plantearle situaciones dolorosas vividas por personajes insólitos y extremos (aunque cada vez menos). Ha sido tachado de monstruo e incluso de psicópata por la sordidez y la crueldad con la que ha tratado a sus personajes en más de la mitad de su filmografía. Para el que quiere verlo, su cine también es arrebatadoramente romántico, en ese sentido que tenía la palabra romanticismo cuando todavía hablaba del destino trágico y de un fatalismo sin embargo no exento de una belleza brillante, quizás la belleza mortecina de las despedidas. El cine de Kim Ki-duk es como recordar la más terrible experiencia vivida por uno mismo, y multiplicar ese sentimiento por cien. Tal vez por eso muchos espectadores nos identificamos con él, incluso cuando nuestras situaciones no serán nunca tan límites como las de algunos de sus personajes, pero es fácil entender sus alusiones a la extrema soledad, el abandono, la imposibilidad de comunicación, la necesidad de encontrarse con alguien, la necesidad de amor... Rabiosamente enérgico, su cine está más allá de la ética corriente, "el horror nos rodea" que diría el Coronel Kurt de "Apocalipsis Now", y el horror es tan cierto como la muerte, la humillación o el odio.
Para ser un director autodidacto, su uso del lenguaje cinematográfico es maravilloso y sorprendente, capaz de contar una historia prescindiendo de los diálogos, únicamente por medio del silencio, las acciones y la fotografía, haciendo uso del minimalismo en busca de lo verdaderamente esencial. El mundo interior de los personajes suele rebosarlos y termina por empapar el clima de la película, a menudo incluso dejando profundamente tocados a los actores que participan en los rodajes de Kim Ki-duk. El director coreano es capaz de rodar incluso dos películas al año, porque está únicamente interesado en los films de bajo presupuesto y completa libertad.
El cine como
profesión
"Comencé a dirigir con una cierta edad y supongo que ahora quiero recuperar el tiempo perdido [por eso rueda tantas]. No me interesa hacer grandes películas, de gran presupuesto, ni con enormes estrellas. Quiero contar las historias que me preocupan a mi manera. Con libertad y como un director que no acepta a nadie que me maneje o me someta. "
La poética
del dolor y el abandono
"Yo hablo de odio en un contexto amplio, y no sé si la palabra como yo la uso se entiende. No hablo del odio específico, dirigido hacia algo o alguna persona, hablo de ese sentimiento que se tiene cuando se tiene que vivir una vida y ver cosas que no comprenden. Por eso hago yo películas, porque hay montones de cosas que veo y no comprendo. Por eso tal vez sería mejor hablar de incomprensión que de odio en cuanto a mis películas".
"Todos necesitamos consuelo, papel que cumplen los sueños. Los sueños son del cine, y el cine se alimenta de sueños porque son los que nos empujan a vivir. Además, a través de la cámara, una cosa sórdida puede ser vista de otra forma, más alegre, más hermosa. No es sino mirando atentamente algo sórdido que descubrimos su belleza."
Violencia "La violencia, nos guste o no, es una forma de lenguaje corporal, aunque sea un lenguaje con el que sólo se expresen cosas dolorosas y destructivas".
"Mis personajes no hablan en general porque han sido heridos muy profundamente. Vieron su confianza en otro seres humanos destruidas"
Una
acusación recurrente de sus detractores: ¿misoginia?
Evolución: de la poética de lo sórdido a la espiritualidad en un mundo hostil Pero en las últimas películas de Kim Ki-duk, sobre todo después de "Bad Guy" y más aún a partir de "Primavera, verano, otoño, invierno... primavera", parece que la sordidez va quedando en un segundo plano, o que incluso va despareciendo, y lo que queda es un silencio y una necesidad de una espiritualidad redentora, una espiritualidad que en realidad siempre estuvo en su cine, pero que últimamente está pasando a un primer plano.
"En
una época en la que no necesitamos un propósito sobre cómo vivir nuestra vida,
la gente simplemente desaparece, sencillamente son domesticados, se enojan sin
una razón clara y un día se ríen sin reconciliación alguna.
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