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1 de agosto de 2010

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El quimérico inquilino
(Le locataire, 1976)

Vecino de la paranoia
Por Paco Latorre
(27/05/2006)

Hablar de la que posiblemente, y a día de hoy, es la película favorita de uno es tarea harto difícil. Supongo que soltar toda una retahila de elogios no es hacerle un favor y sí lo es tratar de vendérsela a la gente como si de un milagro se tratase, pero, visto desde cierta perspectiva sería lo más honesto. Lo digo porque cuando he dicho antes “probablemente, y a día de hoy” resulta de todo menos gratuito. Porque quitando cualquier mamonada que escriba que haga explícita referencia a la película en cuestión, podéis perfectamente cambiar la incógnita de la ecuación y todo lo que diga quedará igual. Es decir, que dentro de un tiempo podría estar haciendo esto mismo con “Carretera perdida”, con “In the mood for love” o “Suspiria”, con “Cure”, “La hora del lobo”, “The station agent”, “La matanza de Texas” y todas esas que cada uno que haya visto “Alta fidelidad” (ésta no entra en tal selecto club, pero sí la novela de Hornby) metería en su panteón particular de mitos por los que uno pierde la vergüenza contándole a los demás cómo le han cambiado la vida, cuan importantes son para él y lo estúpidos que son aquellos que, blasfemos, no adoran semejantes maravillas. En fin, que ahora mismo, aburridísimo sábado 6 de Mayo, a las 20:40, en la ciudad de Valencia, y sin asegurar (más bien lo contrario) que en un futuro la cosa cambie, “El quimérico inquilino” es mi película favorita de todos los tiempos y de todo el mundo mundial. Supongo que las habrá mejores, mejor hechas, pero cuando uno no tiene ni zorra idea de cine lo más normal es que escriba sobre él usando el corazón y las tripas, y ambas partes de mi anatomía me remiten a Polanski y su paranoia. Quizás porque no es sano utilizar la cabeza.

Lo primero que resalta de “El quimérico inquilino” es la autoría de la novela en que está basada, y esa autoría pertenece a Roland Topor. Descatalogada y agotadísima en España desde hace un buen porrón de años, de la interesantísima obra de Topor tan sólo es localizable sin tener que remover excesivamente cielo y tierra “acostarse con la reina y otras delicias”, compendio de cuentos cortos del francés y uno de los libros de cabecera del idiota que escribe estas líneas. Miembro del grupo Pánico junto a Fernando Arrabal y Alejandro Jodorowsky, Roland Topor destacó también como ilustrador (entre otras perlas del imaginario de “Planeta salvaje”, película de animación de culto que no he visto y no me voy a tirar el moco de decir nada de ella) y ocasional actor en películas como el “Nosferatu” de Werner Herzog, el universo de Topor se mueve entre un cínico, perverso, amargo y surrealista sentido del humor y una aproximación a la enfermedad y la paranoia a base de retorcer hasta el paroxismo lo oscuro que hay en la cotidianidad y lo lógico, haciendo de la ingenuidad un arma y del equilibrio un enemigo. Buen caldo de cultivo para alguien como Polanski, que en la oscuridad y los reflejos distorsionados ha cimentado su filmografía.

El transcurrir de “El quimérico inquilino” es hermano del de una fábula, con un protagonista que va aprendiendo sobre sus propios pasos que el camino que ha recorrido ya no sólo tiene por qué ser el adecuado, sino que ni tan siquiera tiene porque existir. Polanski marca un terreno a base de pesadilla dónde surge uno de los mayores monstruos que nos acompaña, siempre oculto en la falsa seguridad que sin saber bien cómo, cuando y por qué heredamos, y ese monstruo es la identidad. La pérdida de ella. No es moderno, no es terror heredado, es algo que siempre está ahí, tan cerca como la tan manida y trivial pregunta que plantea a la ligera “¿quién soy?” y sus compadres “¿de dónde vengo?” y “¿a dónde voy?”.

A la película, sabiendo lo mentecato de tales aseveraciones, se le puede meter en el saco de papis fundacionales del thriller bizarro, portando como estandarte la ruptura lógica, el simbolismo y la divergencia narrativa. Son reconocibles ecos de la obra de Polanski (ya no sólo de esta, sino también de “Repulsión”) en películas como “La posesión” (de Andrzej Zulawski), “Mulholland Drive” (de David Lynch), “Clean, Shaven” (de Lodge H. Kerrigan”) o “Buddy boy” (de Mark Hanlon). Todas ellas conjugan un extrañamiento de la percepción vital y psicológica ya no solo de sus personajes, sino también de un espectador que interactúa de forma análoga.

Ahí juega, y ahí asusta, “El quimérico inquilino”, en mirar más allá de lo que podemos alcanzar con la vista, y ante la imposibilidad física de tal premisa, en imaginarlo, y ante la incapacidad de hacerlo, en sufrir. Polanski, puede que en un alarde de sinceridad (o egolatría, vaya usted a saber), se muestra como objeto, interpreta al protagonista de su propia pesadilla. Trelkovsky solamente busca un apartamento para vivir, sin preguntarse nada más, pero ¿hasta que punto vive él su vida? La maestría del director polaco radica en, sin obviar los objetivos más lineales que una película pueda tener, diseccionar antológicamente el miedo, así, sin más, el miedo individual. Miedo a los demás, miedo a uno mismo y sobre todo miedo a confundir ambas cosas, un miedo global que desemboca en paranoia, en locura. A fin de cuentas acostumbrados a ser sujeto es puro horror llegar a convertirse en objeto.

La circularidad de un devenir y la indefensión es lo que hace que el apocado y tímido Polanski/Treskovsky caiga en la locura. “El quimérico inquilino” es La Muestra de cómo la ambigüedad dirige unas existencias que creen discurrir mano a mano con la seguridad que lo conocido otorga sabiendo además que hay un margen amplio para aprender de los desconocido, que hay un barrera que marca la diferencia. El horror está en no atisbar esa barrera, o peor aún, en no tener posibilidad de hacerlo.

“El quimérico inquilino” es mi película favorita hoy en día. Ojalá fuese una de Sandra Bullock. Supongo que cualquiera que necesite del cinismo para sobrevivir a las dudas y al miedo del día a día me entiende. O puede que lo haga aquel que se haya preguntado algún día por qué él es, efectivamente, él. O el que mira con desconfianza a la gente al salir a la calle. Entre toda esta pelea con la fe, toda esa desilusión, inseguridad, paranoia, angustia y miedo, me explico poco la razón por la cual, “El quimérico inquilino” me divierte mucho, me pone la piel de gallina, quizás porque a veces tengo la sensación de ser consciente del absurdo que se esconde bajo el infalible funcionamiento del comportamiento de todos y cada uno de nosotros, e incluso de que, como Topor, puedo aspirar a entenderlo y a jugar con él sin dejar de reirme del miedo o de tener miedo de la risa. Pero al final me doy cuenta de que son los demás los que se ríen de mi.

El quimérico inquilino

Ficha técnica
Director: Roman Polanski; Guión: Gérard Brach / Roman Polanski, basándose en la novela de Roland Topor; Fotografía: Sven Nykvist; Música: Philippe Sarde; Montaje: Françoise Bonnot; Casting: Catherine Vernoux; Decorados: Kathryn Holliday; Vestuario: Jacques Schmidt; Maquillaje: Didier Lavergne; Peluquería: Ludovic Paris; Efectos visuales: Jean Fouchet.
Cast: Roman Polanski (Trelkovsky), Isabelle Adjani (Stella), Melvyn Douglas (Monsieur Zy), Jo Van Fleet (Madame Dioz), Bernard Fresson (Scope), Lila Kedrova (Madame Gaderian), Claude Dauphin, Claude Piéplu (vecino)
Francia / USA, una producción Marianna Films / Marianne Productions S.A.; Productores: Hercules Bellville (productor ejecutivo) / Andrew Braunsberg / Alain Sarde (productor asociado)
125 minutos; Color; Idioma original: Francés;
Estrenada en Francia el 26 de mayo de 1976.

Sipnosis
Trelkovsky es un tímido y tranquilo polaco que alquila un apartamento en París cuya anterior inquilina había intentado suicidarse arrojándose por la ventana. Desde el primer momento mantiene roces con sus caseros y algunos de sus vecinos, pero la cosa empeorará hasta creerse objeto de una conspiración por parte de los mismos mientras que extraños acontecimientos tiene lugar en su apartamento, hasta hacerle cuestionarse su propia salud mental ¿De verdad sus vecinos se han aliado contra él, o Trelkovsky se está volviendo loco?

Fotos



 

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