Debo decir de antemano, que antes de entrar en la proyección de El Ilusionista, vi Bing Bang Love: Juvenile A, la última experimentación de Takashi Miike. Por lo que, tras salir de una película donde todo es experimentación en cuanto a la puesta en escena, en cuanto a la narración y a las técnicas utilizadas, ver la plana/costumbrista producción de Neil Burger resultó, cuando menos, algo raro.
Segunda opinión De vez en cuando coinciden en la cartelera películas “enfrentadas” (“Armageddon” y “Deep Impact”; “Dante´s Peak” y “Volcano”; “Robin Hood príncipe de los ladrones” y “Robin Hood el magnífico”…), cintas primas hermanas separadas casi siempre por el volumen de sus presupuestos y la magnitud de los nombres de sus estrellas (recientemente “Capote” dejó en la cuneta a “Infamous”, que se estrena en breve), quedando “la hermana pequeña” (“Deep Impact”, “Robin Hood el magnífico”…) protagonizada por restos de serie o actores con huecos libres no se sabe muy bien por que motivo. Es el caso de El ilusionista, de Neil Burger, que aquí sería “la pequeña”, al ladito de la otra mega-super-producción sobre magos prestidigitadores en el cambio de siglo, que es, en efecto El truco final. The Prestige, de Christopher Nolan.
Por Izaskun Indakotxea (30/11/2006)
Alejándonos de odiosas comparaciones, se podría comenzar por decir que se distinguen fácilmente dos historias paralelas en la película: una, la propia del mago, cómo aprende a realizar sus trucos y va teniendo cada vez más éxito; y la segunda, aquélla que narra el encuentro del prestidigitador con su amada y el modo en que cambia su relación hasta que se vuelven a ver, esta vez acompañados por el novio de ésta, el Gran Príncipe. La primera de las historias, a priori la más atractiva, nos hace soñar con la ilusión de ver en pantalla algo parecido al comienzo de la novela de Michael Chabon, Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, cuando relata el proceso de aprendizaje del joven Kavalier en la vieja Europa a manos de un excéntrico mago, queriendo formarse como escapista e imitar al gran Houdini; pero el cuento no atrapa del todo por su discontinuidad, al verse el relato interrumpido repetidas veces por la presencia de la bella condesa y ceder más tiempo a las andanzas amorosas que a la faceta mágica del personaje. La segunda historia sin embargo, empacha desde un principio por su excesiva dulzura, pues remite una vez más a la consabida leyenda del amor entre una persona plebeya y una noble, que han de superar no pocos obstáculos para que las leyes sociales les dejen disfrutar de su pasión, sin añadir nada nuevo ni rompedor.
En la misma línea, la mayoría de personajes tampoco aportan nada innovador, pues pecan de ser simples maniqueísmos. Ahí tenemos al Gran Príncipe, el malo malísimo de la película, que, en su vanidad y queriendo ser Emperador, es capaz de derrocar a su padre; se nos presenta como un ser arrogante, orgulloso, no muy inteligente y que, además, no duda en maltratar físicamente a sus novias. Por el contrario, tenemos a su prometida (por cierto, ¿qué hace con este infame?), dulce ser inteligente y bondadoso, capaz de renunciar a todo por su mago. Éste último, el protagonista en cuestión, galantemente encarnado por Edward Norton, sería el personaje más interesante de la historia, el que más atrae por su don misterioso. Finalmente, como cuarto protagonista añadido al triángulo amoroso, tenemos al inspector Uhl, un jefe de policía que no se sabe muy bien dónde encajar. A lo largo del metraje parece que es un ser corrupto, fiel a su señor y sin demasiadas luces, pero en el desenlace final, siendo él quién descubre el pastel, resulta ser más listo que el respetable. Tras haberlo visto actuar en la gran American Splendor (S. Springer Berman, R. Pulcini, 2003), no puedo dejar de preguntarme qué hace Paul Giamatti en unos papeles tan poco agradecidos
Por lo tanto, partiendo de este amor juvenil presentado en flashback, la narración se complica con un asesinato que resolver, donde todos los personajes citados se verán implicados. El gran truco de este ilusionista radica en el giro final, ciertamente sorprendente, por ser inesperado y totalmente ilógico. Es uno de esos vuelcos enormes al más puro estilo El golpe (The Swing, George Ray Hill, 1973) o M. Night Shyamalan, uno de esos reveses que intentan dar una bofetada al propio público, pero, desgraciadamente, el amago queda muy lejos de su pretensión, ya que da la impresión de estar cogido con pinzas.
Sin embargo, el trabajo de Burger cuenta con algunos méritos. Cabe destacar, por ejemplo, su impecable factura, con una banda sonora compuesta por el famoso Philip Glass y una ambientación perfeccionista, que consigue trasladarnos a esa Viena de principios del siglo XIX. La película es muy bella en su forma y los trucos de magia tienen su atractivo, pero es una pena que el guión no tenga un poco de fuerza para provocar algún sentimiento de querencia en el espectador. En definitiva, el film a pesar de ser soso, no aburre, es entretenido de ver, pero acaba en cuanto uno abandona la sala de proyección, no deja ningún poso.
Quizá, si no hubiese visto media hora antes Bing Bang Love: Juvenile A, ésta última no me habría parecido tan insípida ni tan olvidable, chissà? Habrá que echarle la culpa a Miike.
Por Francisco José Vega (30/11/2006)
¿Resultado? Mono, pero insuficiente, incluido el reparto, que puede parecer una garantía a priori, pero que aquí tampoco convence: Eduard Norton frunce el ceño como solo lo puede hacer Steven Seagal en cualquiera de sus subproductos, sin transmitir nada de nada, algo que no nos gusta viniendo de quien viene (“La última noche”, “American History X” o “Las dos caras de la verdad”, por poner algunos ejemplos); Paul Giamatti debía pasar por el casting en el momento adecuado y Jessica Biel tiene un papel con el que no se puede hacer nada por lo mal trabajado que está por los guionistas, auténticos ilusionistas ellos haciéndola aparecer y desaparecer cuando les parece; la fotografía de Dick Pope acaba atragantándose por reiterativa, por no hablar de la música de Philip Glass, muy shyamalanyana.
La historia, basada en un relato corto de Steven Millhauser, empieza in media res, y está servida para facilitar el truco final que no debería sorprender a nadie en estos tiempos donde la moda está en rizar el rizo, sorprendiendo sí o sí. Lamentablemente eso solo puede lograrse con un guión de hierro, sin flecos, y eso es difícil incluso para gente como Scorsese, que en su magistral “Infiltrados” (The Departed) deja un par de cabos por atar, aunque pequeñitos y sin la mayor importancia (se justifican con escenas, y qué escenas)
Otro hándicap es el presupuesto, limitado a menos de 20 millones de dólares que, claro está, si los empleas en una película sobre magia en la Viena de principios del siglo XX con Eduard Norton, Paul Giamatti y Jessica Biel (Rufus Sewell también sale por ahí con un mostacho sospechoso…), poco queda para la magia y los trucos, algo primordial en un film titulado “El Ilusionista”.
Al igual que pasaba con “The Prestige”, no puedo hablar con demasiada profundidad para no destripar la ilusión, pero en el caso de la peli de Nolan, esa ilusión suponía un reto para el espectador, que no tiene muy claro cual es el secreto hasta el final (aunque me apuesto algo a que muchos espectadores, una vez acabada la proyección, tampoco), y además era sólo como la guinda del gran plato. En “El ilusionista”, la sorpresa es de las de serie B, de las falsas, de las manipuladoras, de las de mentira, de las innecesarias. Otro claro error es la campaña publicitaria, que si con los filmes de M. Night Shyamalan (otra vez le saco por aquí) llevan al público por el camino del horror en lugar del de la fantasía, con esta película se lleva al espectador potencial ofreciéndole un “peliculón muy elaborado”, y de eso tampoco es que haya demasiado: grandes planos generales de peripuestos emplazamientos… y poco más.
Realmente Norton no parece estar metido en su papel, recordando un poco la apatía de Lex Luthor / Kevin Spacey de “Superman Returns” (de Brian Singer), no muestra en ningún momento ninguna emoción, por lo que nunca le conocemos, nunca sabemos qué piensa, qué siente, si es real o es falso, y él es el eje de una historia en la que el espectador es mera comparsa mirando una pantalla durante cien minutos muy largos.
Y por cierto, en “El ilusionista” lo de menos es la magia, justo lo contrario que en “The Prestige”, donde todos y cada uno de los personajes está obsesionado con ella. Pero las comparaciones son odiosas…
Trailer:
Notas de producción
(facilitadas por la distribuidora)
Aunque a nuestros colaboradores no les ha parecido gran cosa, "El ilusionista" es de hecho todo un éxito en España desde su estreno, número uno de taquilla el primer fin de semana. Por esa razón, tal vez los siguientes apuntes sean del interés de los lectores:
Making of de "El ilusionista": credenciales de los creadores
Edward Norton (el ilusionista): Saltó al estrellato junto a Richard Gere en “Las dos caras de la verdad” (Primal Fear, 1996, de Gregory Hoblit), película por la que obtuvo su primera nominación a los premios de la Academia. Posteriormente ha protagonizado numerosos éxitos de crítica y taquilla como “Todos dicen I Love You” (Everyone Says I Love You, 1996) de Woody Allen; “El escándalo de Larry Flint” (The People vs. Larry Flint, 1996) de Milos Forman; “American History X” (1998, de Tony Kaye), por la que recibió su segunda nominación al Oscar; “Rounders” (1998) de John Dahl; “El club de la lucha” (The Fight Club, 1999) de David Fincher; “Más que amigos” (Keeping the Faith, 2000) con la que dio el salto a la dirección; “The Score” (2001) de Frank Oz; “Smoochy” (Death to Smoochy, 2002) de Danny DeVito; “Frida” (2002) de Julie Taymor; “El Dragón Rojo” (Red Dragon, 2002) de Brett Ratner y “La última noche” (25th Hour, 2002) de Spike Lee.
Paul Giamatti (el inspector Uhm): Comenzó a darse a conocer en Estados Unidos en la exitosa comedia de Betty Thomas, “Partes privadas” (Private Parts, 1997), iniciando una solidísima carrera como secundario de los que aportan solidez a cualquier título. Su larga lista de pequeñas apariciones también incluye “Man on the Moon” (1999) de Milos Forman; “Abajo el telón” (Cradle Will Rock, 1999) de Tim Robbins; “Salvar al soldado Ryan” (Saving Private Ryan, 1998) de Steven Spielberg; “El Show de Truman” (The Truman Show, 1998) de Peter Weir; “Donnie Brasco” (1997) de Mike Newell; “Cosas que no se olvidan” (Storytelling, 2001) de Todd Solondz; “El planeta de los simios” (Planet of the Apes, 2001) de Tim Burton o “A duo” (Duets, 2000, de Bruce Paltrow), junto a Gwyneth Paltrow. Sin embargo, cuando alcanza el estatus de estrella es en los últimos años, desde sus múltiples galardones y aclamaciones por “Entre copas” (Sideways, 2004, de Alexander Payne). A partir de ahí, ha adquirido protagonismo o co-protagonisto en films como “American Splendor” (2004, de Shari Springer Berman y Robert Pulcini), “Cinderella Man” (2005, de Ron Howard) o “La joven del agua” (Lady in Water, 2006, de M. Night Shyamalan).
Jessica Biel (la dama): Viene de hacer un cierto tipo de papeles en un cierto tipo de películas (el que más nos gusta a nosotros), como “La matanza de Texas 2004” (The Texas Sawchain Massacre, 2003, de Marcus Nispel) o “Blade: Trinity” (2004, de David S. Goyer). Con films como éste o “Elizabethtown” (2005, de Cameron Crowe) parece que pretende encontrar un hueco en un cine más “luminoso”, nominable a los premios más amables y para todos los públicos.
Rufus Sewell (el principe Leopold): El que fuera el actor protagonista de “Dark City” (1998, de Alex Proyas), también es un rostro conocido de “Destino de caballero” (A Knight’s Tale, 2001) o secundario en películas como “Hamlet” de Kenneth Branagh.
El director, Neil Burger: ésta es su segunda película después de la exitosa “Interview with the Assassin” (2002)
El autor del cuento “Einsenheim the Illusionist”, Steven Millhauser: fue ganador del premio Pulitzer en 1997 por su novela “Martin Dressler”. Es la primera vez que se adapta un escrito suyo al cine.
Los productores: Michael London (Entre copas), Brian Koppelman (Interview with the Assassin), David Levien (Interview with the Assassin), Cathy Schulman, y Bob Yari (Crash), con un equipo de producción independiente de los grandes estudios pero que ya conoce las mieles del éxito e incluso de los Oscars.
Origen del proyecto
Ésta es una película que quería hace Neil Burger, su director, que había leído el cuento de Millhauser. Mientras Burger se encontraba en la fase de montaje de su primera película (que posteriormente sería premiada), Interview with the Assassin, por casualidad habló con sus productores Brian Koppelman y David Levien, sobre la dificultad de representar la magia en la gran pantalla. “Mencioné que había un cuento que siempre me había apetecido llevar a la gran pantalla, y ambos terminaron la frase preguntándome, “¿Es Eisenheim the Illusionist?” Conocían bien la historia, pero confesaron que no tenían muy claro cómo llevarla al cine. Iba de farol, pero les aseguré que sabía como hacerlo.”
David Levien dice, “Fue una grata sorpresa enterarnos de que los derechos estaban disponibles, pero no había tiempo que perder. Llamamos a Neil y le contamos la buena y la mala noticia: la buena era que teníamos los derechos; y la mala era que teníamos un periodo de tiempo muy corto para trabajar…y el guión tenía que estar listo en seis meses.”
Sin embargo, Burger no ha sido especialmente fiel al cuento, que tal vez no daba para un largometraje, y ha inventado casi la mayoría de cosas que aparecen en la película. Para Burger, el reto consistía en preservar lo que era bello y misterioso de la historia, pero también crear un contexto dramático para todo el conjunto. Inventó nuevos e importantes personajes para el argumento, como el príncipe heredero Leopoldo y su novia, Sophie von Teschen, y amplió considerablemente el papel del inspector Uhl, que únicamente recibe un par de menciones en la historia original.
Tanto es el cambio respecto al cuento original, que incluso el punto de vista de la historia es diferente, dejado en la película en manos de un personaje que en el relato literario no tenía tanta relevancia: “Decidí contar su historia desde el punto de vista del inspector Uhl... Todo lo que vemos es algo que Uhl ha presenciado, o lo que alguno de sus agentes le ha contado. En otros momentos, su historia se convierte en conjetura, lo que él imagina que podría haber sucedido, aunque no sea necesariamente real…pero siempre desde su punto de vista. Está creando la leyenda incluso mientras intenta descifrarlo todo. Es un principio sutil y justamente riguroso para la organización de la narración de la historia”.
Siendo por lo tanto una historia inspirada por otra, pero original en muchísimos aspectos, Burger inició una exhaustiva tarea de documentación.: Burger llevó a cabo una extensa labor de investigación sobre el mundo de la magia, así como de la época en la que transcurre la historia: Viena a finales del siglo XIX. “Leí todo lo que pude sobre los Habsburgos y sobre la magia de la época, sobre las ilusiones mismas y el mundo social de los magos. La mayor parte de los trucos que salen en la película están basados en ilusiones reales que se hacían en la época y los personajes que inventé también están basados en personas reales. Quería que todo fuera lo más creíble y honesto posible, sobre todo porque la historia examina esa idea de cómo percibimos la realidad y la ilusión…y deja borroso el límite entre estos dos conceptos.
Una vez que tuvieron un guión completo, los productores Koppelman y Levien buscaron a otros productores con los que asociarse, y contactaron con Michael London. London cuenta su experiencia: “Yo ya era un fan de Neil Burger,” comenta London. “Había visto su película (Interview with the Assassin) y confieso que me gustó mucho el guión de EL ILUSIONISTA. Me involucré en mitad del proceso de desarrollo. Hicimos un par de borradores más del guión, hasta que todos estuvimos completamente satisfechos con lo que teníamos, y posteriormente, comenzamos a buscar a los financieros.”
Financiación que no tardó en aparecer de la mano de Yari Film Group, la productora de Bob Yari, que acababa de tener un gran éxito con “Crash”.
Configurando el reparto: cómo se embarcaron los actores
Edward Norton era una opción más que viable, ya que los productores Koppelman y Levien, que también escriben guiones conjuntamente, habían disfrutado de una larga relación con él. Entre otras cosas y escribieron la película Rounders (en la que Norton trabajó junto a Matt Damon y John Malkovich), así que decidieron hablar con él: “Le enseñamos a Edward un primer borrador del guión,” explica Levien, “y desde el principio sentimos que él sería la elección perfecta para Eisenheim.”. Así fue “reclutada” la estrella.
El director nos da fe de su satisfacción: “Por alguna razón, no suelo escribir el guión pensando en un actor en particular,” comenta el guionista/director Burger, “pero sabía que necesitaba a alguien que pudiera encarnar el misterio, así como el lado romántico de Eisenheim. Edward Norton tiene sin lugar a dudas una presencia poderosa, es extremadamente inteligente y pasional con su trabajo, así como con la vida en general…justo como Eisenheim. Y no había visto a Edward en papeles muy románticos y, desde luego, tampoco en papeles de época. Me agradaba la idea de verle en un papel nuevo y sabía que aportaría una perspectiva fresca al personaje. En general, fue una elección bastante fácil y sabía que encajaría a la perfección – siempre lo hace.”
Edward Norton admite no estar familiarizado con la historia en la cual está basada EL ILUSIONISTA. “A través de este proyecto conocí la historia original, y me atrajo porque pensé que era una historia convincente y romántica” dice Norton. “Tenía muchos elementos que me atraían”.
“Eisenheim es romántico de una forma oscura, enigmática,” continúa. Es misterioso y reservado, pero al mismo tiempo, es un showman increíble. Como persona, es impenetrable, pero sobre el escenario cobra vida y tiene esa asombrosa presencia... Personalmente soy un gran fan de la magia y fue divertido aprender todos los trucos. La historia también tiene un profundo trasfondo romántico y nunca antes había hecho algo tan romántico. “
El hecho de que estuviese implicado el productor Michael London, productor de “Entre copas”, por otro lado, también facilitaba que se pensase en Paul Giamatti para otro papel: “Para el papel del inspector Uhl,” comenta Burger, “quería a alguien un poco diferente, inesperado. El papel de detective investigador es muy común en las películas y pensé que Paul Giamatti le daría un giro diferente. No hemos visto a Paul en este tipo de papeles antes, pero transmite un poder y una tranquilidad que encajan perfectamente. El inspector Uhl representa los ojos, los oídos y el corazón de la historia. Tiene un alma buena – aunque le queda poco de eso después de años de decadencia y corrupción. En la película, no hay muchas escenas que expongan al personaje de Uhl y, sin embargo, comprendemos todo su conflicto interior y su confusión sólo con mirar a Paul a los ojos.”
Norton nos dice que ya conocía y admiraba el trabajo de Giamatti: estaba en un curso anterior al de Giamatti en Yale, comenta, “Es uno de mis actores favoritos desde hace mucho tiempo, y durante aquellos años universitarios, Paul abordaba papeles más allá de su edad. Intelectualmente es intenso y tiene una energía realmente volcánica. Recuerdo verle actuar en una representación de Alguien voló sobre el nido del cuco hace mucho tiempo y estaba realmente asombroso. Creo que este papel va un poco en esa línea, y es realmente asombroso verle ejercitar un poco su versatilidad.”
El productor Michel London, que trajo consigo a Giamatti, nos habla de ello: “Es un papel inusual porque no es muy glamoroso, pero sigue un poco la línea de Paul; este es el tipo de papel que le gustan. Busca papeles que otras personas no encontrarían atractivos, donde poder dotar de mucha humanidad a alguien que podría parecer un personaje inverosímil. Tener juntos en tu película a Edward y Paul es algo que deseas y que quizás sólo consigues una vez en la vida: actores intensos de ese calibre, que se conocen, que se retan el uno al otro, que trabajan uno frente al otro – eso es algo grande.”
Ahora es el actor el que recuerda: “El guión me llegó de la forma tradicional, a través de mi agente,” recuerda Giamatti,” y más tarde, conocí a Neil Burger. El guión me pareció fantástico: un periodo histórico muy interesante, con un escenario fascinante. Estaba muy emocionado por participar en esta película, y aunque había interpretado alguna otra que se desarrollaba en Estados Unidos América durante este mismo período, nunca antes había hecho nada tan Europeo como esto.”
Rufus Sewell fue una elección de casting, y sus compañeros le estiman. Norton admite haber sido fan de Sewell desde hace tiempo. Comenta: “Pude ver a Rufus hace años cuando aparecía en una de mis obras favoritas, una obra irlandesa de Brian Friel llamada Translations, con la compañía que vino a Broadway. Estaba fantástico en esa obra. Siempre me ha encantado trabajar con británicos; son todos profesionales estudiados. Eddie Marsan (que interpreta al manager de Eisenheim, Josef Fischer) es igual. Fue un reparto estupendo y me resultó realemtne agradable trabajar con ellos. Rufus, Eddie, Paul y yo hemos trabajado unos años en el teatro y hemos conseguido llegar hasta el cine, así que tenemos mucho en común.”
Sewell comenta sobre el príncipe Leopoldo: “Para Leopold, creo que Eisenheim representa todo lo que él cree que el mundo debe dejar atrás para poder avanzar. El mundo está cambiando y si la familia real no avanza al mismo ritmo, estarán en peligro de convertirse en dinosaurios de su tiempo y pronto serán extinguidos. Lo que intenta hacer Leopold es alejarse de la superstición y, por lo que a él respecta, Eisenheim representa todo lo que está anticuado y obsoleto. A medida que el mago se va haciendo cada vez más famoso, se da cuenta de que Eisenheim está conectando con el pueblo y, cuanto más lo hace, más lejos se siente Leopold del poder.”
Jessica Biel fue el último miembro del reparto en unirse al equipo y admite que el papel de Sophie es “muy diferente a lo que he hecho anteriormente.”. La actriz, que prácticamente está encasillada en un rango de papeles cerca de la action-woman, busca otra clase de papeles más dramáticos. Por su lado, el director Neil Burger estaba buscando alguien con una belleza clásica que resultase creíble para la época. También quería una cara relativamente nueva, alguien con quien el espectador no hubiese creado asociación alguna. Asegura: “Jessie tiene una belleza eterna, pero lo más importante, tiene un sentido intrépido de aventura. Veía a Sophie como alguien que había sido educado en un mundo estricto y refinado, pero que tenía la suficiente osadía para romper esquemas si era necesario.”
Aunque al principio la subestimaron, ella se hizo en seguida con el papel: El productor Michael London recuerda: “Hicimos una lectura de guión con ella y Edward, y era sábado noche en Los Angeles. Todos estábamos agotados y pensamos que no aguantaría el tirón con Edward, basándonos en ideas preconcebidas. Cuando entro por la puerta tenía este increíble vestido de color crema de época. Era sábado por la noche en medio de Los Angeles y parecía haber salido de una calle de Viena de hace cien años. Recuerdo haber pensado “¡Vaya valor que ha tenido al venir transformada de esa forma!”…y durante el resto de la tarde, no pensamos en ella como Jessica Biel. Cuando comenzó a trabajar con Edward, era evidente que era capaz de hacerlo a la perfección. Estaba muy ilusionada y era persistente y apasionada. Decidimos que era la mejor actriz para el papel.”
Norton recuerda,”Se unió al proceso bastante tarde, pero supo llegar al nivel admirablemente. Es una gran trabajadora y echó muchas horas con los profesores de dicción. Jessica tiene un aspecto muy de época – puedes imaginártela como una chica del Oeste o como una princesa eslava. Cuando la vi por primera vez vestida como Sophie, parecía haber salido de un óleo de la época. No parecía para nada una chica moderna.”
Biel acogió el papel que representaba a Sophie con entusiasmo: “Un día me llamaron para hacer una prueba y, de pronto, me vi leyendo el guión con Edgard. ¡Realmente sucedió todo muy rápido! De pronto, me encontraba en Praga…fue todo vertiginoso y muy, muy emocionante.”
“Interpretar a alguien como Sophie es completamente nuevo para mí,” continúa Biel. “Es muy diferente, muy natural, y sentía que cada día que pasaba la iba descubriendo un poco más. Neil me pidió que me leyera los diarios de Alma Mahler, una joven compositora que vivió en la Viena de 1900. Leí sus diarios para hacerme una idea de cómo era vivir en aquella época, lo que pasaba por la mente de esta mujer en particular. Era muy moderna y muy diferente de la mayor parte de las mujeres de esa época. Así es como yo veo a Sophie: una mujer moderna estancada en el pasado.”
Biel estaba tan decidida a afrontar su desafiante papel de la forma más profunda, que se enterró entre libros como por ejemplo La insoportable levedad del ser y películas como Amadeus y La edad de la inocencia. Incluso llegó a escribir un diario como su personaje, Sophie, para alcanzar lo que ella llama, “la tranquila y silenciosa presencia en la superficie y, sin embargo, un interior burbujeante de emoción. Así es como yo sentía “ser” una mujer que vivió durante ese tiempo en la historia.”
Moldeando la ilusión: aspectos escénicos y estéticos
Para recrear el mundo de EL ILUSIONISTA – Viena, en el cambio del siglo XIX – los cineastas se inclinaron por Praga para proveer a la película de un escenario apropiado de la época, y el rodaje comenzó en esa capital europea en marzo de 2005. Burger comenta: “Praga es un enclave perfecto para simular la Viena de 1900: la mayor parte de las calles siguen pavimentadas con adoquines y están llenas de lámparas de gas. Las localizaciones dentro y alrededor de la ciudad son increíbles. Por ejemplo, pudimos hacer uso de la residencia del archiduque Fernando para rodar la residencia de caza del príncipe heredero. Fernando era un cazador obsesivo que llegó a cazar alrededor de 15.000 animales en su vida, y el personaje que yo había creado tenía el mismo espíritu asesino. El lugar está abarrotado de cabezas trofeo, animales muertos por todas partes. Es un lugar increíblemente extraño y opulento – no podría haber sido más indicado.” Los cineastas encontraron de forma mágica dos teatros que pudieron utilizar para el rodaje – uno en Praga y otro en Tabor, un pueblo cercano.
Yari continua, “Rodar en Praga fue tarea difícil, pero todo el esfuerzo mereció la pena. Estás literalmente rodeado de siglos de historia europea y logramos recrear el escenario de cambio de siglo gracias a varias localizaciones específicas. Nuestra película trata de la magia y de la credibilidad, y creo que eso se refleja en el escenario creado. Existe un sentimiento de cuento de hadas en la ciudad, pero lo que la hace más interesante es ese lado oscuro que está justo por debajo de la superficie. Así que, al igual que nuestro mago, nada es lo que parece a primera vista.”
“Mi otra referencia para el escenario de la película,” continua Burger, “es un procedimiento fotográfico en color llamado autochrome. Fue inventado por los hermanos Lumiere, quienes a finales del siglo XIX contribuyeron a crear todo tipo de efectos cinematográficos. ¡Y también eran magos! Los autochromes tienen una paleta de colores y contrastes diferentes. Algunas personas piensan que están teñidas a mano, pero no lo están. Son colores fotográficos, pero lo que me gusta es que tienen el impacto emocional del blanco y negro. Enseñé estas referencias al director de fotografía Dick Pope y luego juntos lo tradujimos a ese aspecto peculiar de la película.”
El autochrome floreció entre 1903 y hasta 1930 y es único, ya que cada autochrome es una imagen de transparencia singular por lo que no hay negativo. Cada imagen es capturada en una placa de cristal especial cubierto con pequeños granos de almidón de colores (rojos, verdes y azules), que a su vez son cubiertos por una capa de carbono negro que rellena los espacios entre los granos. Finalmente, se aplica una emulsión de gelatina de plata sobre la pantalla de color. Cuando se expone la placa, el lado de la base se gira hacia el objeto a fotografiar, y la pantalla a color actúa como filtro sobre la emulsión. La placa revelada rinde una imagen positiva con calidades delicadas a color.
El galardonado director de fotografía Dick Pope (Topsy Turvy, Nicholas Nickleby, Vera Drake) nos habla del libro que Burger le presentó y que contenía fotografías en color de principios de 1900: “Neil llevaba tiempo con este libro que explicaba el proceso del autochrome, que simplemente consistía en capas de negativo en cristal con una especie de emulsión primitiva. El libro contenía imágenes maravillosas, y él tenía un deseo muy fuerte de hacer que EL ILUSIONISTA tuviese ese aspecto.”
La atmçosfera que Burger intentaba alcanzar también estaba reflejado en el vestuario y el maquillaje: “A menudo, la fotografía bella únicamente lo es por lo que hay ubicado delante de la cámara. En este caso, el look que íbamos buscando dependía de una paleta de colores muy estricta, ante todo dorados y verdes que interactuarían con nuestra filtración particular de cámara. El diseño de producción y de vestuario acompañarían ese look.”
La galardonada diseñadora de vestuario Ngila Dickson explica: “Tengo que admitir que cuando Neil y Dick comenzaron a hablar del autochrome, me invadió el miedo. Estaba nerviosa porque era consciente de que cada vez que se comienza una película sin saber el resultado final, puedes encontrarte con que la paleta que presentas como diseñadora puede ser la inadecuada. De todas formas, Dick Pope y yo hablamos largamente sobre ello, así que fuimos desde colores muy claros hasta los tonos medios más vivos que sabíamos serían realzados en el proceso final.”
Burger comenta: “Ngila es increíble. Ella sabía que yo quería ser lo más fiel posible a la Viena de 1900 sin esclavizarme a ello. La película no trata de 1900, y no es sobre Viena; trata de este extraño misterio y experiencia mágica. Ella había captado todo esto y lo llevó más allá. Yo había hecho mi propio trabajo de investigación, pero Ngila añadió su propia influencia y eso convirtió el proceso en algo increíblemente inventivo y divertido.”
La peluquera y maquilladora Julie Pearce jugó asimismo un papel muy importante: “Leí el guión por lo menos tres veces, intentando sacar la idea para el maquillaje y el aspecto de los personajes. Hice un trabajo profundo de investigación sobre la época y eché un vistazo al material que habían confeccionado Neil y Ngila. Lo más importante sobre la Viena de 1900 es que había tanto pelo facial, que acabé llevándome desde los Estados Unidos probablemente 300 piezas de bigotes y barbas. También, mantuvimos el maquillaje de las mujeres lo más claro posible, porque en ese período, no existía el maquillaje como tal.”
Para el maquillaje de Sophie, siempre tuvimos en mente la imagen de una muñeca de porcelana: mínima, realzando los labios y los ojos. En sus escenas más románticas con Eisenheim, alteraríamos ese aspecto un poco, haciéndola parecer más terrenal.
“Es una oscura y complicada historia,” comenta la diseñadora de vestuario Dickson. “Soy una gran fan de Edward Norton y Paul Giamatti. Así que ya tenía la imagen visual necesaria para sus personajes. El período de 1900 fue muy complicado en la historia, particularmente en esta parte del mundo, donde tenías una sociedad muy militarista pero al mismo tiempo, existía un pensamiento muy moderno y bohemio. Así que había un poco de choque de ideas.”
“Lo primero que hice,” continua la diseñadora, “fue leer mucho material sobre la familia real y el imperio y el emperador Franz Joseph, e intentar asimilar el sentimiento de esa sociedad tan inflexible. El papel de Rufus como Leopold es muy clásico y le atavié de forma militarista, a pesar de que era un pensador moderno. Esa fue una de las cosas que me fascinaba de la época: la gente estaba atrapada en este rígido mundo a pesar de que intentaban cambiar las cosas. De alguna forma, siento que Leopold y Sophie son la misma persona. Ambos quieren cambiar algo: ella quiere vivir otro tipo de vida y el quiere otra versión de su sociedad. A Sophie le gustaría relacionarse con los interesantes pensadores, artistas y escritores de la época, en vez de los aristócratas de su misma clase social. Siempre sentí eso con ella, que procuraba resistir en ese mundo al que su familia pertenecía, con sus tradiciones, su historia. Eisenheim es la llave para poder romper con ese mundo.”
Dickson habló largo y tendido con Norton antes de embarcarse en terminar los diseños para el vestuario de Eisenheim, y se dio cuenta de que ambos pensaban en una misma imagen para el mago: “Ninguno de los dos quería el estereotipo del traje de mago, con sombrero de copa o la muy elegante capa de seda. Yo me lo imaginaba más como un inventor y un artista, y ambos sabíamos que el personaje funcionaría mejor si le caracterizábamos como una persona cerebral y no muy dedicado a su atuendo.”
Ese tipo de previsión y preparación también se extendió al diseño de maquillaje de Norton llevado a cabo por la maquilladora Julie Pearce (cuya relación laboral comenzó cuando ambos colaboraron en El club de la lucha). “Edward tenía una idea muy específica que desarrollamos durante las pruebas de maquillaje, en las que le dimos un aspecto más de época,” explica Pearce. “Él sabía que quería su pelo más oscuro, con una barba oscura, pero no queríamos que pareciera contemporáneo, así que le añadimos pelo y rellené la barba hasta los labios. Al principio de la película tiene un aspecto muy saludable, y a medida que va transcurriendo la historia, adquiere un aspecto más intenso.”
En general, se eligieron tejidos naturales. “Tengo cierta aversión hacia el poliéster,” comenta riendo Ngila, “y me interesan más las texturas y el capeado. Con Jessica, comenzamos a romper con la rigidez de los vestidos una vez que conoce a Eisenheim. Empieza a actuar de forma demasiado anárquica para su educación, así que diseñamos su ropa cada vez más suelta, como un cuello desabotonado, lo cual no parecía para nada apropiado. Eisenheim está asimismo más interesado en la ciencia de la ilusión que en las apariencias, y por eso mantuvimos su guardarropa muy sencillo. No es flamante, lo cual hace que sus trucos de magia sean más evidentes y más interesantes. ¡No aparece la elegante capa roja!”
Los preciosos vestidos de Biel fueron cuidadosamente seleccionados por Dickson. “Mi vestuario era increíble,” comenta Jessica. “Todos los vestidos eran realmente impresionantes y me hacían sentir como una princesa. El único inconveniente era que tenía que llevar corsé todo el día… Aunque, a pesar de que es apretado e incomodísimo, por alguna extraña razón, hace que te sientas muy sexy y femenina. No puedes respirar ni almorzar, ¡pero ese es el precio que debes pagar!”
El ilusionista y la magia
Otro de los aspectos que le parecieron importantes a Neil Burger para cuidar la credibilidad, fue el de que los trucos de magia de la película fueran espectaculares pero plausibles, como los que se realizaban en la época o ahora por ilusionistas reales: “La primera persona en la que pensé cuando estaba escribiendo la historia,” continúa Burger, “era Ricky Jay. No es únicamente un mago increíble, sino que es un estudioso apasionado de la historia de la magia, especialmente la magia de aquella época. Le conocí casualmente hace tiempo, cuando hizo un truco de cartas delante de mis ojos. Mientras yo estaba mirando fijamente la carta que sostenía en su mano, se transformó en otra carta distinta. Estoy seguro que se trataba de un truco básico para él, sin embargo, yo sentí como un escalofrío que me resultó completamente desconcertante… asombroso.
El guionista/director se reunió con el mago/historiador, aprendiendo todo lo posible sobre los trucos, las prácticas en el escenario de la época, así como las ilusiones populares durante la “época dorada de la magia”, a la vez que era consciente de que había que adaptar las ilusiones para hacerlas adecuadas para un rodaje. “Trabajé con él durante varias semanas en las que pudimos ajustar todo lo que había en el guión; fue un recurso invalorable.”
Antes de comenzar el rodaje, Norton también pasó tiempo con Jay, sumergiéndose en las técnicas de actuación de los magos de la época. “Aprendió todos los trucos de los juegos de manos y se convirtió en un experto. Todos los trucos que ves, los hace Edward mismo. Como en todos sus papeles, su habilidad para transformarse por completo, para encarnar plenamente al personaje, es impresionante. En este caso, crees perfectamente que tiene la habilidad de los juegos de manos, pero lo más importante, que podría poseer poderes sobrenaturales o que podría derribar un imperio. Es completamente convincente,” dice Burger.
Una vez en Praga en el set, el mago británico James Freedman (miembro del exclusivo Magic Circle) fue el consejero mago que continuó enseñando a Norton y Aaron Johnson, que interpreta al joven Eisenheim, cómo dominar el arte de los juegos de manos para su personaje. “Realizamos un arduo trabajo de investigación para asegurarnos de que los métodos y los efectos de la magia usados en la película encajan con la época,” explica Freedman. “Cuando has estado involucrado en el mundo de la magia casi toda una vida como es mi caso, tiendes a conocer de antemano muchos secretos y métodos. Uno de los trucos que se muestran en la película está basado en uno establecido por un hombre llamado Jean Paul Robert-Houdin. Se le denominó el “padre de la magia moderna”, e hizo una ilusión donde tomaba prestado un pañuelo de una dama del público. Lo hacía desaparecer y luego un naranjo florecía y dos mariposas salían del árbol portando el pañuelo. Era un truco impresionante y nosotros lo hemos llevado un poco más lejos en la película, así que lo que se ve en la pantalla borda lo imposible. Así es como debe ser la buena magia.”
Norton estaba entusiasmado de trabajar con magos extraordinarios y, asimismo, sacó información de varias fuentes de literatura. “Una de las cosas que leí y que más me gustó fueron las memorias de Robert Houdin. A pesar de ser un mago francés que actuó a mitades del siglo XIX, era incomparable en su tiempo. Era la persona que tomaba la magia de algún juglar errante y la trasladaba a un escenario, ante la alta sociedad de París. De alguna forma, el espectáculo de Eisenheim está basado en algunas de las ilusiones particulares de Robert Houdin. En mi caso, también realicé un trabajo de investigación histórica, además de todo el trabajo práctico que realicé con Ricky, y llegué a sentirme relativamente bien preparado. Tener a James alrededor era increíble y esencial a la vez. Esa fue la mejor parte del trabajo, trabajar con estos hombres, gente que actualmente son las máximas estrellas en el campo de la magia y el ilusionismo.”
Ficha técnica
Director: Neil Burger; Guión: Neil Burger sobre la historia corta "Eisenheim the Illusionist" de Steven Millhauser; Fotografía: Dick Pope; Música: Philip Glass; Montaje: Naomi Geraghty; Casting: Deborah Aquila / Nina Gold / Mary Tricia Wood; Decorados: Petra Habova; Vestuario: Ngila Dickson; Efectos especiales: Ondrej Pryca; Efectos visuales: Ales Dlabac / Jirí Linhart;
Cast: Edward Norton (Eisenheim), Paul Giamatti (Inspector jefe Uhl), Jessica Biel (Sophie), Rufus Sewell (Principe heredero Leopold), Eddie Marsan (Josef Fischer), Jake Wood (Jurka), Tom Fisher (Willigut), Aaron Johnson (Eisenheim de joven)
USA / República checa, una producción Bull's Eye Entertainment / Bob Yari Productions / Contagious Entertainment / Michael London Productions / Stillking Films; Productores: Jane Garnett (productora ejecutiva) / Joey Horvitz (productor ejecutivo) / Tom Karnowski (co-productor) / Brian Koppelman / David Levien / Ted Liebowitz (productor ejecutivo) / Michael London / David Minkowski (co-productor) / Tom Nunan (productor ejecutivo) / Cathy Schulman / Matthew Stillman (co-productor) / Bob Yari / Michael Zaltstein (productor asociado)
110 minutos; Color; Idioma original: Inglés; Ratio original: 1.85:1; Estrenada en USA el 1 de septiembre de 2006; Estrenada en España el 17 de noviembre de 2006, previo paso como película de clausura en el Festival de Sitges el 15 de octubre de 2006.
http://www.theillusionist.com
Sipnosis
El misterioso prestidigitador Eisenheim llega a Viena con su espectáculo de magia, que desafía los límites de la naturaleza y revoluciona la sociedad del pensamiento racional de principios del siglo XIX. Llegado a oidos del Príncipe heredero Leopold, uno de los hombres más poderosos y pragmáticos de la época, se le encomienda al perspicaz inspector de policía Uhl, incapaz de aceptar la magia en la rectitud del universo, el demostrar que los trucos del mago son un fraude. Al mismo tiempo, algo sucede entre la prometida del príncipe Leopold y Eisenheim: un reconocimiento de la infancia y una historia de amor truncada que ahora revive, convirtiendo para más inri la intriga contra el mago en algo personal, en lo que se verá envuelto incluso un asesinato...