Terrible ser vegetariano, ¿verdad? Poco sabemos sobre Marian Dora. Un hermético misterio rodea la figura de éste director de cine alemán. La persona a través de la cual conseguí la película de la que voy a hablar en éste artículo me contó que en realidad es médico en Bielefeld, una ciudad de la provincia de Westfalia; que Dora es un director muy exigente con sus actores, y cuando tiene que rodar una escena, se preocupa siempre por ser lo más realista posible (si el actor se tiene que meter un pico de heroína, se lo mete; si tiene que cagarse encima, se caga…). A través del IMDB podemos ver que ha participado como productor ejecutivo y director de segunda unidad en algunas de las últimas películas de Uli Lommel (“Satanás, el reflejo del mal”, 1980); aparte de eso, ha firmado una de las películas más repugnantes de los últimos tiempos.
Por David Álvarez García (24/12/2006)
Cannibal (2005) reconstruye el famoso caso del caníbal de Rotenburg, Armin Meiwes, un hombre que deseaba comer carne humana y que consiguió cumplir sus deseos contactando con su víctima a través de Internet. El caso marcó un hito en la historia judicial, no sólo por lo insólito de la historia (que también), sino porque se trataba de un asesinato convenido por víctima y verdugo: una especie de eutanasia gastronómica que generó un impresionante seguimiento por parte de los medios de comunicación de todo el mundo. Por supuesto, la de Dora no es la única versión cinematográfica del caso: ahí está también Grimm Love Story / Rohtenburg (2006), la ganadora de los premios al mejor director (Martin Weisz) y actores principales (Thomas Krestchmann y Thomas Huber), en el pasado Festival de Sitges. Pero mientras que la película de Weisz es, llamémoslo así, la versión softcore del caso Meiwes, la de Dora es una reconstrucción extremadamente fiel de los hechos, que desde luego no escatima a la hora de escenificar los detalles más truculentos y sórdidos del caso.
La película arranca como si se tratase de un cuento para niños: una madre lee una historia de los Hermanos Grimm, y su hijo (que de mayor será el caníbal del título) la escucha antes de irse a dormir. Una serie de (exiguos) bosquejos de su personalidad se suceden a lo largo de los títulos de crédito: libros de cirugía y viejos grabados que recrean escenas de canibalismo, biografías de Jeffrey Dahmmer, imágenes de Hitler y muñecas rotas pueblan el universo de este inocente personaje.
Siendo adulto, Der Mann/El Hombre (1) (Carsten Frank, actor que ha aparecido en algunas de las últimas películas de Jess Franco) parece un hombre inocente y sensible, que da de comer a los animales y juega con los niños, pero en casa delante de su ordenador arregla citas con hombres a través de Internet: tiene hambre, y está buscando a alguien dispuesto a dejarse comer. Muchos contestan, pero todos ellos terminan decepcionándole: algún freak desprevenido que se echa para atrás en el último momento u homosexuales en busca de un pequeño escarceo sexual.
Cuando parece que no va a conseguir hacer realidad su sueño, aparece Das Fleisch/La Carne (Victor Brandl), un tipo aún más particular que él que tiene una inexplicable urgencia por ser devorado. Los dos son perfectos el uno para el otro, y experimentan una atracción profunda entre sí cuya máxima expresión es el canibalismo.
La pareja se retira a una enorme mansión en las afueras, y comienzan sus juegos eróticos, pero cuando llega el momento de hincar el diente, El Hombre se echa para atrás. No puede hacerlo. A pesar de que han llegado a una conexión tan fuerte, no es capaz de llegar al final del asunto. Enfadado y defraudado, La Carne decide marcharse, pero en el último momento deciden volver a intentarlo. Esta vez sí: habrá chicha para cenar.
La película está rodada directamente en DV; lo que hace unos años sería un estorbo, hoy en día casi se podría decir que se ha convertido en un elemento más en la puesta de escena. Me explico: atrás quedaron los tiempos en los que los cortos rodados en video provocaban el rechazo por su estética cutre-televisiva. Los nuevos formatos de video digital empiezan a ser aceptados cada vez más por el público (lástima que muchos festivales aún tengan sus reservas), y aportan mayor realismo en productos que tratan de ir más allá en la capacidad de aguante del espectador en cuanto a imágenes extremas se refiere (se me ocurren como ejemplo las sagas de August Underground o Guinea Pig). Así, el defecto termina convirtiéndose en una virtud, y la estética de la película se vuelve aún más sucia y desagradable.
Esa estética refuerza el aspecto sensorial de la película: hay momentos en los que incluso podrías jurar que estás en un infecto rincón húmedo oliendo a carne muerta observando al protagonista desmembrar a su compañero. Los esfuerzos del director por lograr una reconstrucción fiel del caso son loables, incluso en la caracterización de los personajes: los actores tienen un sorprendente parecido con los implicados en el caso (Armin Meiwes y Bernd Brandes).
De hecho, quizá ese sea uno de los mayores defectos de la película: Dora se esfuerza mucho (demasiado) en ofrecer una reconstrucción fiel de los hechos. El resultado es una escrupulosa y casi quirúrgica sucesión de barbaridades que, una vez pasado el primer momento de asco y repulsa, termina aburriendo soberanamente al personal. Atrás quedaron las películas en las que el “más difícil todavía” tenía una intención más allá de provocar el vómito: contar una historia, reflejar una manera de pensar, experimentar con la narrativa audiovisual. De “Saló o los 120 días de Sodoma” (Salò o le 120 giornate di Sodoma, 1975) de Pier Paolo Passolini a “Irreversible” (2002) de Gaspar Noé, el cine se ha servido de imágenes que provocan malestar en el espectador para hacerle reaccionar ante algo, ya sea una historia, una manera de pensar o un simple experimento fílmico. Eso no pasa con “Cannibal”: de hecho, más bien parece un video realizado por la policía forense para reconstruir los hechos.
En definitiva, nos encontramos ante un film vacío, superficial y frívolo, que después de su visionado te deja totalmente indiferente: se queda en un simple catálogo de barbaridades con el que asustar a espectadores despistados, o en una pieza de coleccionista gorehound, pero ya está, no hay más. Eso sí: gracias a la leyenda urbana que rodea tanto al caso como al director, seguro que termina convirtiéndose en película de culto.
Notas
1. Dora no se molesta siquiera en buscar un nombre para sus personajes: simplemente los llama La Carne y El Hombre.
Ficha técnica
Director: Marian Dora; Guión: Marian Dora; Fotografía: Marian Dora; Música: Ghazi Barakat, Alexander Hacke, J.G. Thirlwell y Victor Brandl, con la colaboración de Alejandro Mendiez; Montaje: Marian Dora; Dirección artística: Carsten Frank; Sonido: Marian Dora.
Cast: Carsten Frank, Victor Brandl, Tobias Sickert, Joachim Sigl, Carina Palmer, L. Dora, Bernd Widmann, Manous, Alejandro Mendiez.
Alemania, una producción Authentic Films; Productores: Frank Oliver / M.D. Botulino
Color; Idioma original: Alemán.
Sipnosis
Basado en una historia real: un hombre obsesionado con el canibalismo pone un anuncio en Internet buscando una víctima que desee ser devorada. Inexplicablemente recibe la respuesta de un tipo dispuesto a satisfacer su apetito.