Divertidísimo mundo de mierda... Surgida de lo que podríamos dar en llamar “nueva animación coreana”, que pretende competir en condiciones favorables con el establecido gigante japonés, Aaschi and Ssikpak tiene un argumento disparatado: un futuro post-apocalíptico en el que los hombres han conseguido extraer energía de los excrementos, de ahí que la mierda se haya convertido, de pronto, en un bien tan preciado como el agua o la gasolina pueda serlo en un film de Mad Max. Un gobierno diatópico a lo “Un mundo feliz” de Huxley hace todo lo que puede para que los ciudadanos hagan de vientre cada día, cuantas más veces mejor, y así explotarlos para mejorar la economía. Esto lo han conseguido por medio de unas barritas (¿de fibra?) altamente adictivas, que provocan diarrea constante en la población, y que a la vez los convierten en yonquis controlables. Como efecto no deseado del abuso de las barritas también han surgido mutantes, una raza hombres-bebés estúpidos y malformados similares a Pitufos que armados hasta los dientes luchan por conseguir barritas la policía los extermina al más puro estilo del videojuego Lemmings. A todo esto, nuestros protagonistas son un par de punkies que se dedican a buscarse la vida (a la caza y robo de barritas), y que a lo largo de una loca y trepidante aventura pondrán a prueba su amistad, su capacidad de sobrevivir, y uno de ellos hasta conocerá el amor. Les juro que ese es el argumento de la película. Escatológica, macarra, histérica, esperpéntica, a ratos hilarante, cachondísima, este primer largo animado de Joe Beom-jin se distancia de cualquier código convencional en el cine de animación, tanto de la amabilidad de las fábulas Disney como el anime de aventuras nipón, para machacar tentaciones de cursilería y reemplazarlas por chistes sobre sexo, violencia a raudales, gore y guiños cinéfilos de todos los niveles, que van desde una simpatía nada disimulada a Tarantino a citas textuales a Robocop (1987, de Paul Verhoeven) o El acorazado Potemkin (la celebrada escena en las escaleras de Odesa que ya había homenajeado Brian de Palma en su Los intocables de Eliot Ness).
Por Javier Ludeña Fernández (03/01/2008)
AKIRA MEETS QUENTIN TARANTINO
Y es que Jo Beom-jin además de un buen animador, es un cinéfilo se ha planteado un film de acción y fantasía convencional, y luego ha tratado de pensar en qué tipo de historia sacaría partido a la animación mientras que filmada de otra manera quedaría cutre y poco creible. Sus guiños cinéfilos no son, entonces, al cine de dibujos animados para todos los públicos, ni a los norteamericanos de Disney, Dreamworks o Pixar, ni a los japoneses. Beom-jin se ha llevado a su mundo animado y provocador aquello que a él le parece divertido del cine en general. Por eso, por ejemplo, Ssipak tiene algo de Chow Yun Fat.
Trailer (os prometemos que en la película sí se oyen los tacos):
Escena íntegra del film (no importa que no entendáis coreano: ¡ved la película subtitulada en cuanto podáis!)
Ficha técnica
Director: Jo Beom-jin; Guión: Jo Beom-jin / Jeong Yeon-won.
Animación
Corea del Sur, una producción J Team.
90 minutos; Color; Idioma original: Coreano; Estrenada en Corea del Sur el 29 de junio de 2006; vista por primera vez en España el 8 de octubre de 2007 en el Festival de Sitges.
Sipnosis
En el futuro, y en una sociedad postapocaliptica que basa toda su capacidad de supvervivencia en obtener energía de los extrementos humanos, en Shit City la infame cuadrilla de Pañal está provocando el caos. Dicha cuadrilla está formada por un (cada vez más) numeroso grupo de mutantes disminuidos psíquicos de pequeño tamaño y color azul, que sufre una diarrea severa crónica a causa del abuso del Juicybar, unas barritas que el gobierno provee para todos los ciudadanos para que hagan de vientre con regularidad y así poder seguir extrayendo energía. Este es el problema del Juicybar: que crea adicción, y por el mundo hay montones de yonquis adictas a las codiciadas barritas y a la taza del WC. Cada día hay enfrentamientos entre la policía (la patrulla del estiercol) y los miembros de la cuadrilla del pañal, y a la vez hay punkies que se buscan la vida para obtener su dosis o para conseguir Juciybar con la que traficar... Dos de esos punkies son Aachi y Ssipak.