Cabecera

1 de agosto de 2010

Suscripciones RSS y newsletter
Buscar:
La niebla
(The Mist, 2007)


Por Javier Ludeña Fernández
(16/07/2008)

La niebla es la mejor película de terror que se ha estrenado en cines en lo que va de año precisamente por lo equilibrada que está, punto de encuentro entre la monster movie de serie B, la respetuosa adaptación de un betseller literario, el cine apocalíptico, la parábola e incluso el relato televisivo de series tan míticas como The Twilight Zone (En los límites de la realidad) o The Outer Limits (Más allá del límite). Así, se trata de una película muy interesante y con varias “puertas” por las que entrar y disfrutar.


Frank Darabont: de cómo no le termina de ir bien, y nos tenemos que alegrar por ello. No, no somos malas personas: es que “La niebla” es su resultado.

Después de muchos años de buscar su lugar en la industria, Frank Darabont ha conseguido darnos lo mejor de sí mismo justo cuando ha sido realista con su propia circunstancia. Para el director y guionista hacer La niebla ha sido como volver a casa, y también un descanso, un juguete, un reactivante. En los últimos años las cosas no le han ido muy bien, cada vez queda más lejos su mayor éxito: Cadena perpetua (The Shawshank Redemption, 1994), que obtuvo seis nominaciones a los Oscars y un interesante éxito de taquilla revalidado después, aunque sin tantos reconocimientos, con La milla verde (The Green Mile, 1999). Sin embargo, en lo que llevamos de década, y les hago notar que ya prácticamente es entera, la fortuna no ha hecho muchas migas con él. Este negocio es así, y uno vale lo que vale su última película, que en su caso fue The Majestic en 2001, un estrepitoso fiasco de taquilla a pesar de ser uno de esos intentos del popular Jim Carrey por desencasillarse de la comedia gestual, y a pesar de que la película en sí, aunque demasiado larga eso sí, tampoco merecía tan mala suerte. Desde entonces no ha encontrado un proyecto que haga que los productores confíen en él. Respecto a su carrera como guionista para otros, tampoco ha sido mucho mejor. Sus más destacables trabajos son las colaboraciones con Steven Spielberg, reescribiendo y añadiendo escenas en los guiones de Salvad al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998) y Minority Report (2002), ¡y ninguna de las dos está acreditada en las películas! (a pesar de que siempre se ha dicho que la escena del desembarco inicial de Salvad al soldado Ryan, lo mejor de ella, es aportación suya). Llegó a estar vinculado a Misión imposible 3, pero su guión fue totalmente reescrito (y tampoco figura en los créditos) cuando se hizo cargo del proyecto J.J. Abrams. Pero lo que más le ha dolido, reconocido de manera pública, ha sido lo que le ha pasado con Indiana Jones IV, que él mismo nos cuenta así: Trabajé durante un año entero y a tiempo completo mano a mano con Steven Spielberg [con el que como acabamos de ver ya venía colaborando] en un guión para la cuarta película de Indiana Jones, que se iba a llamar “Indiana Jones y la ciudad de los dioses” (Indiana Jones and the City of Gods). Trabajé muy duro, pero al final llegamos a un primer borrador completo con el que Steven estaba muy contento, y que creo que es el mejor guión que he escrito en mi vida. Spielberg estaba dispuesto a comenzar la pre-producción mientras yo pulía los detalles de la historia, pero ese también era el momento en que debíamos enseñarle el guión a George Lucas, y parece ser que a él no le gustó. Pidió que se detuviera todo otra vez, ocasionando un nuevo retraso en el plan de la película. Y no sé muy bien lo que pasó, pero mi guión fue arrojado a la basura y prescindieron totalmente de mí después de tanto trabajo. Como aún tenemos reciente Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, estoy seguro de que cualquier lector puede hacerse una idea de qué clase de ideas le gustan a Lucas. Si alguien quiere leer, ya que no se podrá nunca ver, la película de Indiana Jones que pudo ser y no fue, he de informar que el guión de Darabont está en el emule, por ejemplo, ya que “alguien” lo colgó en un servidor en los USA durante una noche, el tiempo que tardó el FBI en ordenar que lo quitasen, pero suficiente para que seamos miles de fans ya los que lo poseemos, en PDF y hasta en TXT. Descárguenlo, comparen con la película que se ha hecho. Les adelanto: para empezar se parece bastante a lo que han visto, ya que en ambos guiones se parten de ideas argumentales de George Lucas (los extraterrestres, la calavera, la ciudad del oro, la explosión atómica) que eran requisitos de productor (que salían en la película sí o sí, vamos); además, que tampoco es una maravilla como están diciendo algunos exagerados en sus blogs, de hecho la película que habría resultado posiblemente tampoco hubiese sido muy buena, pero ojo: sí que me parece superior al guión de David Koepp que hemos visto rodado. Una lástima, tal vez esta cuarta aventura del Dr. Jones hubiese podido ser bastante más interesante (y de paso nos habríamos ahorrado la vergüenza ajena de ver cómo le llaman “Jonsie”).

Pero reconduzcamos el tema: en resumen, que a Frank Darabont el siglo XXI no le trata muy bien, con lo mucho que ha tratado de cuidar él su carrera, y lo clarito que parecía que tenía en su cabeza lo que hay que hacer para triunfar y lo que no…

¿Qué por qué digo esto último, se preguntarán? Observen ahora de dónde viene Frank Darabont y descubrirán quién es en realidad: un coleccionista declarado de novelas de terror (¡incluso asegura que tiene novelas repetidas para poder tenerlas en varias ediciones peculiares!) y fan de Stephen King desde la década de los 70, consiguió conocer a su ídolo a principios de los 80 cuando primero obtuvo por carta el permiso del escritor para rodar un cortometraje adaptando su cuento La mujer de la habitación (The Woman in the Room), cuento de King contenido en su antología de narraciones En el umbral de la noche (Night Shift). Después, consiguió que fuera al estreno, y allí se conocieron y se cayeron muy bien. Y desde entonces no solo se han hecho amigos sino que parece haberse convertido en uno de los adaptadores oficiales (desde luego en el mejor) de la obra de Stephen King, desde que primero adquirió los derechos de la novela Rita Hayworth y la redención de Shawshank que dio lugar a Cadena perpetua (The Shawshank Redemption, 1994), que para colmo estaba producida además por Castle Rock Entertainment, el estudio fundado entre otros amigos de Stephen King por Rob Reiner (Cuenta comigo, Misery); y después La milla verde (The Green Mile, 1999), de nuevo un proyecto surgido de la voluntad del cineasta por llevar al cine novelas que le habían encantado.

Pero sigo: Darabont empezó su carrera como ayudante de producción en el slasher ochentero Hell Night (1981, de Tom Desimone), protagonizado por Linda Blair y típica película de su época con caserón, iniciaciones universitarias y un asesino suelto. Precisamente trabajando en Hell Night Darabont conoció a Chuck Russell, en aquella uno de los productores y que en 1987 iba a hacerse cargo de dirigir Pesadilla en Elm Street III (A Nightmare on Elm Street III: Dream Warriors), y que le permitió co-escribir junto a él su guión, el que sería el primer guión que el director de La niebla vendería en Hollywood. A esta segunda secuela de Pesadilla en Elm Street, considerada unánimemente la mejor detrás de la primera, seguiría otra colaboración con Chuck Russell para escribir The Blob: El terror no tiene forma (The Blob, 1988), uno de los pocos remakes que hacen honor a la película original, y en 1989 también participa en la escritura del guión de La mosca II (The Fly II, de Chris Wallas), una secuela revalorizándose con el tiempo en la que coincidió como co-guionista con otro colega de Stephen King: Mick Garris. A todo esto Darabont hacía sus pinitos técnicos aquí y allá, colaborando en producciones de terror y fantásticas de bajo presupuesto, como por ejemplo ejerciendo de director artístico o productor en línea en alguna película de la mítica Empire, la compañía de Charles Band. Y si pasarse los ochenta dándose a conocer como guionista de películas de terror y ciencia ficción no parece suficiente, tampoco olvidemos que su debut como director de largometrajes, el telefilme Enterrado vivo (Buried Alive, 1990) con Tim Matheson y Jennifer Jason Leight, volvía a reincidir en lo terrorífico.

Todo esto solo para decir: a Frank Darabont le gusta el terror y lo conoce. Claro, me dirán, que adaptar dos veces seguidas a Stephen King, el Midas de la novela terrorífica, y hacerlo precisamente en dos de sus pocos títulos que no son terroríficos, puede parecer justo lo contrario de ser un fan del género. Es a eso a lo que me refería cuando dije que parecía que Darabont tenía claro lo que hay que hacer y lo que no para triunfar en Hollywood, aunque no le ha servido de mucho. Toda su carrera parece responder a una estrategia de evitar a toda costa un posible encasillamiento en un género amado por nosotros pero considerado “menor” por el resto, y por moverse sin embargo en una cierta periferia dramática, como son esos King sin terror. Sospecho que Darabont prefiere ser invitado a fiestas en Los Angeles, asistir a la entrega de los Oscars y enviar a sus hijas a los mejores colegios… que ser incluido en el Fangoria Hall of Famous, ser invitado a Sitges o que sus hijas no puedan ver el cine de su padre hasta que no sean, por lo menos, mayores de 13 años.

Por eso Frank Darabont no es “uno de los nuestros”: porque no quiere. O mejor: es uno de los nuestros, un fan más, pero no un profesional especializado en el terror. Y el condenado sin embargo sabe hacerlo. He ahí la putada para nosotros, que nos estamos perdiendo un trabajo en el terror serio y bien hecho, mientras el tipo en cuestión se pega topetazos con puertas tratando de que le den un Oscar.

Pero he aquí que ante la sequía laboral comentada unos párrafos atrás, y en vista de que el plan maestro de codearse con Tom Hanks y Jim Carrey no parece estar dando sus frutos, La niebla parecía un paso lógico a su alcance: una forma eficaz de volver a ponerse detrás de una cámara con un proyecto controlado, de no mucho presupuesto, divertido de rodar (tan divertido como una monster movie para un fan del cine de terror), y que a la vez era un proyecto que llevaba muchos años queriendo hacer, desde que leyó por primera vez, allá en los 80, la novela corta de su amigo Stephen King y se dio cuenta de que ahí había una gran idea para una película. Sí, una novela que ya había rodado mil veces en su cabeza, pero que en la vida real no se había atrevido a acometer porque prefería que se le identificase con otro tipo de cosas. Pero ahora, tanto por medios como por necesidad emocional propia, todo ellos cobra forma en su propio “serie B”, su pequeña película “molona”, y que verdaderamente mola muchísimo más que el ladrillo de The Majestic, y si mi apuran incluso que la sentimental La milla verde, con ese tonillo a lo Cuentos asombrosos (Amazing Stories).


La niebla: el miedo lo cambia todo

Hay que empezar diciendo que la mayoría de virtudes que veo en La niebla como película están heredadas de la novela corta de Stephen King en la que se basa. Ya sabemos todos que el escritor de Maine es hiperactivo y muy prolífico, aunque esa superproducción no siempre se traduce en obras del mismo nivel cualitativo. Pero La niebla es con toda confianza una de sus pequeñas gemas ocultas, una pieza concisa, de lo más recomendable, completa y muy personal a la vez que deja ver en perfecta equidistancia dos de las principales influencias del escritor, a saber: por un lado H.P. Lovecraft, y por el otro el terror televisivo de Rod Serling y la mítica serie The Twilight Zone.

Respecto a la deuda de King con Lovecraft, es más por naturaleza de algunas de sus premisas que por estilo. Sin ir más lejos, el relato que nos ocupa, en el cual una especie de desgarrón en “la realidad” que parece producirse a través de la niebla trae (¿o devuelve?) a terribles monstruos antediluvianos como entresacados de otra dimensión, planeta o noche de los tiempos, algunos ¡tentaculados! (oremos: ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn), otros que no habrían desentonado de haberlos descrito entre colosales “conos rugosos” hermanos de los de La sombra fuera del espacio. Más aún, King actúa aquí como si fuera uno más de sus descendientes artísticos (pienso por ejemplo en que Brian Lumley tiene algún relato corto en esta misma honda, como por ejemplo Imposible regresar a casa, recogido en su antología Horror en Oakdeene, y en el que el protagonista termina vagando con su coche sin esperanza de llegar a ningún sitio por en medio de un paisaje dominado por hongos extraterrestres gigantes) y se marca un genuino relato de terror cósmico. En cuanto a The Twilight Zone, ante La niebla uno no puede evitar acordarse de uno de los episodios más celebrados de la mítica serie: Los monstruos vienen de la calle Maple (The Monsters Are Due on Maple Street, emitido por primera vez en la TV americana el 3 de marzo de 1960), que describe el proceso gradual por el cual ante una amenaza desconocida e invisible de presumible origen alienígena, los vecinos de una calle entera van cayendo en la histeria colectiva, presas de una profunda paranoia, y terminan agrediéndose los unos a los otros. De manera análoga a como los personajes atrincherados en el supermercado de La niebla, temerosos de salir e internarse en la bruma por toda esa muerte segura que parece esconderse en ella, acaban organizándose en torno a los roles sociales de líderes y antilíderes de opinión, llegando a conclusiones, fanatizándose, odiándose y hasta destruyéndose.

La novela de La niebla, de apenas cien páginas, fue editada por primera vez en inglés como plato fuerte de la antología de varios autores Dark Forces (1980) y reeditada en 1985 como parte del libro recopilatorio Skeleton Crew, que reunía relatos de King aparecidos a lo largo de los años en diferentes compilaciones. En España Skeleton Crew fue a su vez re-desgajada a través de cuatro antologías distintas, una de las cuales se llama precisamente La niebla (edición de Grijalbo), que trae esta obra homónima junto con otros dos relatos cortos más.


Frank Daranbont ha sido absolutamente fiel al texto base salvo en el final. Su aportación ha sido una adaptación estupenda y una dirección cinematográfica más que digna. El olor a las viejas películas de monstruos invasores de los años 50 se mezcla con el de las películas de videoclub con monstruos de los años 80 e incluso con la extrañeza del mundo de Silent Hill (la saga de videojuegos). Pero si en aquellas películas los monstruos atacaban y se iban (los 50) o cazaban a los personajes de uno en uno (los 80), aquí tenemos a la vez un film apocalíptico en la misma clave de La guerra de los mundos (The War of the Worlds) de Spielberg, en la que lo extraño ataca directa y frontalmente al grupo entero, cambiando las vidas de todo el mundo de golpe. Como en muchas películas catastrofistas o de ataques de monstruos realizados después del 11S, se trata de ver cómo afecta el ataque, ya sea íntimamente (como en Señales de Shymalan, en la que la invasión era, incluso, una señal de otra cosa) o a la convivencia del grupo. ¡Y vaya si vemos cómo se reestructura socialmente el grupo! Como bien dice el eslogan publicitario de la película, “el miedo lo cambia todo”, y unido con el carácter gregario del ser humano favorece la aparición de posturas radicales y el alzamiento de figuras “mesiánicas” que consiguen implantar sus “soluciones” en la mente de la masa dócil. Como el personaje de la señorita Carmody interpretado por Marcia Gay Harden, una exaltada puritana y fanática religiosa que terminará erigiéndose en líder de una improvisada secta. Un personaje, sin embargo, demasiado afectado que recuerda demasiado a la madre de Carrie, un arquetipo en sí mismo al que se podría tachar de maniqueo, y por lo tanto no muy acertado para dibujar un mapa humano plenamente realista, pero útil como representación del problema.

La niebla viene a esconder una parábola social, que de no haber sido escrita hace más de veinticinco años podríamos interpretar que se refieren a acontecimientos históricos más recientes. Es que el discurso, por llamarle de algún modo, es en realidad absolutamente amplio, y va da dado desde el argumento: en un grupo de personas que han quedado atrapadas en un supermercado mientras en su exterior la niebla ha caído como un telón, y en su interior reptan, vuelan o corren (viscosas o no) desconcertantes y desconocidas formas de muerte. ¿Qué van a hacer esas personas? ¿Actuarán todos a la vez, y coordinados de qué manera? ¿Surgirá un líder (un poder) y de qué índole? ¿Alguien aprovechará el terror para inducir a los demás a pensar a su manera? ¿Acepta el hombre en situaciones límites cosas que normalmente le habrían parecido injustas e impensables?

Pero no se me aburran todavía y sobre todo no teman. O mejor dicho, sí: teman. Porque La niebla no es sólo una metáfora, algo por otro lado ya han sido (o se pueden ver así) muchísimas otras grandes películas de terror. ¿Qué es lo que amenaza a los personajes de la película? ¡Los monstruos! Y eso es lo maravilloso de la función, no sólo que te digan algo que tú como espectador ya sabes o que te vengan a recordar acerca de la naturaleza del hombre un mensaje que en realidad es bastante simple: lo bueno son los monstruos. La niebla está resuelta con tino y con un estupendo sentido del suspense. Los ataques de los monstruos sorprenden, crean tensión y siempre que sean fans de las películas de bicharracos, fascinan.

En La niebla a Frank Darabont también le ha salido una excelente película de terror en su modalidad “asedio”, ya saben: personajes atrapados y/o rodeados por un peligro mortal (da igual que sean muertos vivientes, hordas de maniacos pandilleros, monstruos gusanáceos subterráneos o demonios cantarianos). Eso también tiene sus inconvenientes, claro está. Pocas o ninguna de este tipo de películas no tiene algún momento de caída de ritmo. La situación es demasiado cerrada, los personajes siempre tratan de escapar y al hacerlo estropean la situación cada vez más, y siempre es lo mismo. Pero las buenas películas de “asedio” son las que saben cómo remontar ese momento “deja vu”, y ésta lo hace, por un lado mediante lo inédito de sus monstruos (ya comentado), y por el otro y sobre todo gracias a su final: un final rotundo, aplastante y tragicómico, tan cínico y con tan mala uva que molesta y causa placer a partes iguales. Un final cojonudo que es en lo único en lo que Frank Darabont se ha alejado del original de Stephen King, y por lo tanto en principio de su cosecha propia, aunque el director y guionista ha declarado que King está absolutamente de acuerdo con el cambio y es cómplice.

De los otros detalles menores de la cosecha de Darabont, algunos contribuyen a encauzar aspectos del film y a perfilar algunas de las definiciones posteriores, y otros simplemente están ahí demostrando lo bien que se lo estaba pasando el director jugando con esta película. Por ejemplo son los guiños a la trama presentados al principio de la película mediante la presencia en casa del protagonista (que se supone que es cartelista) de los carteles de La cosa (The Thing, 1982) de John Carpenter (absoluta obra maestra de las películas de “asedio” en espacio cerrado y maravilla de metáfora sobre el miedo paranoico; además Carpenter también escribió una película llamada “La niebla”, no lo olvidemos), el Dru Struzan para El laberinto del fauno (2006, de Guillermo del Toro) simplemente por ser una de las películas recientes que más le gustan a Frank Darabont, o los múltiples homenajes a Stephen King, que no tiene un cameo en la película (y aunque el escritor de Maine sí que haya aparecido en muchas otras de sus adaptaciones) pero que está presente a través de otro poster, la ilustración de portada de la primera edición de La torre oscura y en nombres (la farmacia se llama “King”) y diálogos enteros. También hay otros saludos “secretos” a más amigos de Darabont, a través de la aparición de cómics de “El castigador” o “Hellboy”.

La película fue concebida inicialmente para ser exhibida en blanco y negro, completando el juego (“posmoderno”, dirían algunos) de la simulación de película de antaño. Ya saben: Tarantino y Rodríguez ponen rayajos en Grindhouse como si fueran películas gastadas, y ésta podría haber sido como un film de la era atómica encontrado. Con posterioridad a estar ya rodado el material, sin embargo, se decidió que se estrenase en color. En los USA existe una edición en DVD que retoma la idea del blanco y negro y trae dos versiones del film: una tal cual lo conocemos y otra en flamantes luces y sombras. Debido a esto, La niebla se resiente de una fotografía muy poco destacable e incluso plana, en la que el color no aporta nada y todo el rato da la impresión de que algo anda rematadamente mal. También seguramente como consecuencia a eso mismo, podemos achacarle unos efectos especiales poco ejemplares, que a mí particularmente, tal vez maleducado como estoy por el consumo de serie B y cine de los 50, me han parecido muy “resultones” y aplaudibles, pero que en foros de espectadores más exigentes con la infografía han sido muy atacados. Me pregunto cómo habría sido la película en blanco y negro, y no me vale con el truco de quitarle el color a la TV o con esa edición americana, ya que yo quiero imaginar que la posproducción de la película lo habría tenido en cuenta.

Como sea, La niebla no es impecable pero sí excelente, muy equilibrada, emocionante, interesante, divertida e inteligente. ¿Qué más es puede pedir? Ah, sí: que Frank Darabont siga por este camino. De momento está trabajando en el guión de la nueva versión (recordemos que hay ya otra obra de François Truffaut) de Fahrenheit 451, la capital novela de Ray Bradbury. Claro que con Darabont siempre pueden pasar muchas cosas, desde que le metan una patada del proyecto mañana mismo, a que de veras le dejen hacerla, y dirigirla, y haga una versión maravillosa.


Trailer:


La niebla

Ficha técnica
Director: Frank Darabont; Guión: Frank Darabont sobre una novela de Stephen King; Fotografía: Ronn Schmidt; Música: Mark Isham; Montaje: Hunter M. Via; Dirección artística: Alex Hajdu; Decorados: Raymond Pumilia; Vestuario: Giovanna Ottobre-Melton; Efectos especiales: KNB (Howard Berger y Greg Nicotero); Efectos visuales: CafeFX.
Cast: Thomas Jane (David Drayton), Marcia Gay Harden (Mrs. Carmody), Laurie Holden (Amanda Dumfries), Andre Braugher (Brent Norton), Toby Jones (Ollie Weeks), William Sadler (Jim), Jeffrey DeMunn (Dan Miller), Frances Sternhagen (Irene Reppler).
USA, una producción Darkwoods Productions / Dimension Films; Productores: Frank Darabont / Liz Glotzer / Anna Garduno (co-productora) / Denise M. Huth (co-productora) / Randi Richmond (co-productor) / Richard Saperstein (productor ejecutivo) / Bob Weinstein (productor ejecutivo) / Harvey Weinstein (productor ejecutivo).
126 min. Color; Idioma original: Inglés; Ratio original: 1.85:1; Estrenada en USA el 21 de noviembre de 2007; presentada en España por primera vez en la Muestra Sci Fi el 9 de marzo de 2008; estrenada comercialmente en España el 30 de mayo del 2008.

Sipnosis
Tras una extraña y violenta tormenta, una niebla densa y muy siniestra cae sobre la tierra. Un numeroso grupo de vecinos de un tranquilo pueblo de Maine se ven sorprendidos por ella cuando estaban haciendo compras en un supermercado, y pronto descubren con pavor que hay algo en la niebla, algo mortal y sangriento... ¿Se atreverán a internarse en la niebla? ¿Se quedarán en el supermercado y se organizarán para sobrevivir? ¿Qué está pasando? ¿Sólo les afecta a ellos?

Fotos
La niebla
La niebla
La niebla

 

Revista Fantastique. Los contenidos son propiedad de sus autores; todos los derechos reservados