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7 de septiembre de 2010

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Celda 211
(2009)


Por Javier Ludeña Fernández
(17/11/2009)

En la prisión de Zamora se produce un motín en el módulo de FIES, el de los presos catalogados como muy peligrosos. Liderados por Malamadre(Luis Tosar), un delincuente carismático, violento e irreductible sin nada que perder, los presos se han hecho con el control de la cárcel, dejando heridos a varios guardias. Juan Oliver (Alberto Ammann) es un joven funcionario de prisiones en su primer día de trabajo, por eso ningún preso le conoce todavía. Mejor dicho: su primer día de trabajo era mañana, y el día del motín él está allí antes de tiempo para familiarizarse con algunas cosas, por lo que viste de paisano. Eso es lo que le salva: le confunden con un preso más, el de la celda 211, y le permiten ser uno de ellos. El género carcelario es ya una institución dentro del mundo del cine, aunque en este momento no se me ocurre ningún título excelente que trate sobre un motín (1) (sí se me ocurren sobre fugas, la vida dura en la cárcel, abusos de poder, expiación de delincuentes, etc.), al menos no como tema central, que sí como episodio o parte de otra cosa (por ejemplo, Asesinos natos/Natural Born Killers de Oliver Stone). Es algo curioso, porque un motín es una pequeña revolución en la que se dan cita muchos elementos muy queridos por cinéfilos.


A través de las tres películas anteriores de su filmografía, el ex crítico devenido en director Daniel Monzón (2) ya había venido demostrando una concepción del cine basada en el espectáculo y el entretenimiento, y un interés por los géneros amenos por antonomasia (aventuras fantásticas, thriller, películas de robos, comedia negra) que le había granjeado nuestra simpatía, aunque ninguna de sus películas nos había correspondido con un logro total (3). Por fin ésta sí, y además viene a convertirse en la aportación más sólida que conocemos sobre el tema referido (4). Lo grande del caso es que el guión parte de una novela del periodista sevillano Francisco Pérez Gandul que es un material de primera, que incluso ganó el Premio Silverio Cañada a la Mejor primera novela negra en la Semana Negra de Gijón 2004, pero que no es especialmente cinematográfica, empezando por la estructura: narrada en tres monólogos internos respectivamente por tres personajes: Malamadre, Juan Oliver y otro funcionario de prisiones. La adaptación a guión de cine ha corrido a cargo del propio Daniel Monzón junto a Jorge Guerricaechevarría (co-guionista habitual de Alex de la Iglesia), que siguiendo la escaleta de acontecimientos de la novela han reformulado casi por completo a los personajes (por ejemplo, Malamadre en el libro es más barriobajero, primitivo y mal hablado) y han conducido la narración por los terrenos del thriller y en lugar de por el de la auténtica serie negra.


A pesar de los cambios y las dificultades de adaptación, Monzón y Guerricaechevarría han sabido traerse prácticamente todo lo bueno de la novela (a la que no me canso de aludir, porque quisiera que quedara claro que gran parte del mérito de todo esto es de Pérez Gandul) y han construido un film de alto voltaje, fundado en una historia vibrante, unos personajes muy carismáticos, magnéticas relaciones entre ellos y puntuales arrebatos de violencia. Gracias a esto, y a un ritmo narrativo de los que te dejan pegado a la butaca, es más que probable que el espectador, por muy avezado que esté, se predisponga positivamente a aceptar también sus articulaciones de trama más abiertamente funcionales y artificiosas, que las hay, dispuestas para dirigir el desarrollo de personajes y acontecimientos según interesa (el ejemplo más obvio y menos pulido: todo lo relacionado con la mujer embarazada de Juan, interpretada por Marta Etura). A destacar igualmente, para los que buscamos que el cine nos diga algo más, que no faltan apuntes interesantísimos, autenticas andanadas sociales como lo relativo a los presos de ETA que hay en la cárcel (y que refleja de manera muy ácida cómo es de ambiguo el estatus de estos criminales en España), o reflejos fatalistas y críticos sobre la corrupción que hay en todos los bandos: en las fuerzas de seguridad, la prensa, la propia sociedad de los presos… mostrado en varios momentos desde distintos puntos de vista y de forma gratamente menos maniquea de lo habitual (ej. el guardia intrínsecamente cabrón que interpreta Antonio Resines dice algunas frases sumamente interesantes sobre la hipocresía del sistema, al tildar de fascistas a tipos como él al mismo tiempo que bien se vale de ellos cuando hay que mancharse las manos).


Pero sobre todo, si hay algo en Celda 211 que el espectador jamás podrá olvidar, es la composición del personaje de Malamadre que realiza Luis Tosar, en estado de gracia y merecedor de todas las loas que los medios de comunicación están haciendo sobre él. Es él con su interpretación mayúscula (como, por otro lado, ya nos tiene acostumbrados) unida a una transformación física y de la voz digna de un mismísimo Robert de Niro (el de la época de Toro salvaje, claro), quien crea por encima de la novela y del guión a este interesantísimo anti-héroe, una mala bestia que da miedo y fascina a la vez. En palabras de Daniel Monzón, Malamadre es “como Long John Silver, el de La isla del tesoro, que es el malo pero no puedes evitar que te caiga bien”. En realidad Malamadre es más que eso, es un personaje con más profundidad de la que pueda parecer, y el gran eje de la película gira precisamente en el balance de identificación mutua y complejas emociones que surge entre él y Juan, al que apoda “Calzones” en un vano intento de situarse por encima. Pero Malamadre es un hombre que, aunque rodeado de gente y acostumbrado a ejercer de macho dominante sobre el resto de chusma, jamás había encontrado a un igual, a alguien a quien puede respetar intelectualmente (a pesar de su falta de cultura, el personaje se considera a sí mismo, y con razón, muy listo) y por sus pelotas, como a Juan. Por su parte, Juan encuentra en el jefe del motín a un individuo que indeseablemente (todo sería más fácil de no ser así) tiene su propio código de honor y se rige con rectitud dentro de los límites de lo que para él es justo (es decir, asumiendo su condición de fuera de la ley y líder de una marabunta de impredecibles delincuentes, a los que dirigirá de la única manera que garantiza su control: con mano de hierro). Malamadre tiene una ética de la que carecen, como Juan irá comprobando poco a poco con violencia y amargura, los políticos y funcionarios a cuya clase (de hombres ‘honrados’) se supone que él pertenece. La relación entre ambos hombres recuerda a la de tantos otros tandems de criminal viejo y ahijado joven, que en muchos casos, como en éste, son en realidad una pareja de criminal viejo y policía joven infiltrado (sin ánimo de ser exhaustivo, recordemos a Harvey Keitel “adoptando” hasta lo enternecedor a Tim Roth en Reservoig Dogs, o a Al Pacino dejándose pillar por encariñarse demasiado con Johnny Depp en Donnie Brasco). ATENCIÓN AL SPOILER EN CURSIVA [Saltar al siguiente párrafo si no has visto la pelícua]. La relación entre ambos hombres es tan bonita, incluso cuando Malamadre descubre la verdad, que el tramo final de la película, aún siendo peor que todo el metraje anterior, se convierte en una especie de emotivo “Dos hombres y un destino” (Butch Cassidy and Sundance Kid, 1969, de George Roy Hill).


Entre tanto, Daniel Monzón orquesta su película con más sentido común que pericia, lo cual no es malo ni poco. Un estilo muy funcional que permite que todo se vea muy bien y se siga con mucha claridad e intensidad (lo cual en estos tiempos de la cámara con baile de sambito y el montaje epiléptico ya es estupendo), buena música de Roque Baños y una fotografía de Carles Gussi fría y apagada muy adecuada para el tono de tragedia y la soledad de los personajes. Otro detalle ambiental curioso es que está rodada realmente en Zamora, en su vieja Prisión Provincial que fue cerrada hace doce años pero cuyas dependencias aún se conservan tal cual, abandonadas y fantasmas. Por aquel escenario pasaron presos reales tan famosos como el Vaquilla, el Torete o históricos de ETA, también tuvieron lugar motines similares al que refleja la ficción de la película, e incluso una sonada fuga de cinco convictos del GRAPO en 1979. Es decir, que el sitio es auténtico, y la película le saca a esa circunstancia un partido tremendo, que habría sido muy difícil de recrear en un plató. Ya es la segunda vez que Monzón está en la cárcel (y Resines con él), puesto que en El robo más grande jamás contado había importantes escenas grabadas en Carabanchel.


Casi dos horas de metraje que se pasan volando, y que deberían suponerles premios Goyas a los principales artífices del mismo (5). ¿Aún creen que el cine español es todo igual? Pues entonces es que no se están enterando ustedes de nada.


La película está dedicada a la memoria de Luis Ángel Puente, un bombero que colaboraba en la película y que murió en acto de servicio antes de poder verla terminada.


Notas


1. Bien pensado sí, me acabo de recordar de la brasileña Carandiru (2003, de Hector Babenco), que narra los hechos reales que sucedieron en 1992 en la penitenciaría de ese nombre, en Sao Paulo (Brasil), en la que las fuerzas de policía militar (sobre las cuales existe una película que les recomiendo que vean: Tropa de elite, de José Padilha) cargaron tan brutalmente que masacraron a 111 de sus presos, que se habían amotinado pidiendo mejores condiciones de vida y trato. Lo sucedido en Carandiru se sigue considerando a día de hoy la mayor violación de los derechos humanos de la historia de Brasil y el motín más famoso del mundo, resuelto de la manera más violenta.


2. La revista Fotogramas, el espacio de televisión Días de cine… Sería interesante repasar algunas de sus opiniones como crítico ahora, que está del otro lado. No con ánimo de “pillarle”, sino con espíritu didáctico, para ver las auténticas dificultades del arte de construir películas, que parecen que cuando estamos en el puesto del crítico se nos pasan por alto.


3. Las películas realizadas por Daniel Monzón hasta ahora eran, por orden: El corazón del guerrero (2000), estimable aunque irregular homenaje a la heroic fantasty y los juegos de rol; El robo más grande jamás contado (2002), película de ladrones planeando y perpetrando su ‘gran golpe’ mestizada hacia la comedia cañí a lo Atraco a la tres; y La caja Kovak (2006), thriller hitchcockniano que empezaba muy fuerte y poco a poco bajaba por culpa de su guión.


4. Al menos en el ámbito de ese cine “de entretenimiento”. Véase la nota 1.


5. Aunque entendemos que Alejandro Amenabar y Fernando Trueba no se lo van a poner fácil. Y sí, en esta afirmación estoy teniendo en cuenta cuestiones extra cinematográficas.




Trailer:

Celda 211

Ficha técnica
Director: Daniel Monzón; Guión: Daniel Monzón / Jorge Guerricaechevarría, basándose en la novela homónima de Francisco Pérez Gandul; Música: Roque Baños; Fotografía: Carles Gusi; Montaje: Mapa Pastor; Casting: Eva Leira / Yolanda Serrano; Diseño de producción: Antón Laguna; Vestuario: Montse Sancho; Maquillaje: Raquel Fidalgo.
Cast: Luis Tosar (Malamadre), Alberto Ammann (Juan Oliver), Carlos Bardem (Apache), Antonio Resines (Utrilla), Marta Etura (Elena), Vicente Romero (Tachuela), Manuel Morón (Almansa), Félix Cubero (Germán).
España / Francia, una producción La Fabrique de Films / La Fabrique 2 / Morena Films / Telecinco Cinema / Vaca Films; Productores: Álvaro Agustín / Juan Gordon / Emma Lustres Gómez / Borja Peña / Vérane Frédiani (co-productor) / Franck Ribière (co-productor) / Pilar Benito (productora ejecutiva) / Elena Manrique (productora ejecutiva) / Javier Ugarte (productor ejecutivo)
110 min. Color; Idioma original: Castellano; Ratio original: 1.78:1. Estrenada mundialmente el 04/09/2009 en el Festival de Venecia. Luego pasó por los festivales de Toronto y Sitges 2009 (03/10/2009). Estrenada comercialmente en España el 06/11/2009.

Sipnosis
Se produce un motín en el módulo de presos más peligrosos de la Carcel Provincial de Zamora. Los reclusos, liderados por Malamadre, se hacen con el control rápidamente tomando como rehenes a varios guardias heridos. Juan es un joven funcionario de prisiones en su primer día de trabajo que logra confundirse entre los amotinados como uno más. Si le descubren, le matarán.

Fotos
Celda 211
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