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10 de septiembre de 2010

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James Cameron, efervescencia de ciencia ficción


Por Xavi Torrents
(21/12/2009)

Kyle Reese le hace un puente a un coche que necesita para su misión, se recuesta un segundo en el respaldo del asiento observando una excavadora en una obra cercana: el movimiento de dicha excavadora le hace recordar la guerra que cuarenta años en el futuro él ha vivido. Una ágil transición nos conduce inmediatamente a una impactante secuencia de batalla en un futuro desolador: los hombres combaten a las máquinas para poder sobrevivir, el soldado Reese lucha en medio de ese infierno desesperanzador mientras todo a su paso se desmorona en pedazos. La secuencia termina cuando Kyle se despierta sobresaltado en el coche, la excavadora sigue trabajando, hemos vuelto al presente, el personaje arranca el coche y se dirige a la búsqueda de Sarah Connor. Este momento de Terminator (1984) refleja el alma que comparten la mayor parte de films del cineasta James Cameron: el trasfondo de humanidad que radica en todas sus historias.


Dejando a un lado Titanic (1997), la producción de ciencia ficción de Cameron comparte este elemento de realidad humana que encontramos en el fondo de todas sus tramas, sobretodo en su vertiente de realidad psicológica. Los personajes de la filmografía del cineasta siempre se encuentran sumidos en un caótico escenario que va más allá de lo que su mente puede concebir como real, sin embargo, la forma en cómo Cameron construye estos personajes hace que nos sean extremadamente cercanos, aún y lo lejana que sea su situación ficcional para nosotros. ¿Quién no siente un cariño especial por los clásicos personajes de Sarah Connor, de John Connor, de Ellen Ripley y de esa niña llamada Newt a la que debe cuidar por todos los medios? Incluso el personaje de Virgil interpretado por Ed Harris en The Abyss (1989) está tan extremadamente dotado de cotidianidad que resulta irresistible simpatizar con él. Pues es ahí donde reside el alma del cine de ciencia ficción de James Cameron, porque por muy elaborado que sea el trabajo de puesta en escena, sobretodo en cuanto a la construcción de innovadoras secuencias de acción y a la revolución en efectos especiales, es el extremo trasfondo de humanidad que se trabaja en sus films lo que hace que todo espectador haya conectado indudablemente con estas historias. Porque sí, es cierto que la ciencia ficción de Cameron está plagada de acción desenfrenada, de organismos cibernéticos que quieren destruirnos, de alienígenas que desean aniquilarnos y de otros que buscan ayudarnos desde las profundidades del abismo. Pero todas estas aventuras y desventuras les ocurren a unos personajes extremadamente humanos, a los que amamos u odiamos, con los que sufrimos, reímos y luchamos. Está claro, sea en un futuro apocalíptico, en las profundidades del océano o en el espacio lejano, el cine de ciencia ficción de este cineasta es un cine que, por encima de todo, habla del ser humano. Ése es el sentido final de la filmografía de James Cameron y de toda buena ciencia ficción que se preste.



Serie B de degustación


Nacido en el Canadá de 1954, James Francis Cameron dejó sus estudios en la Universidad Pública de California a principios de los 70 tras despertarse en él la pasión por el cine al haber visto 2001 Una odisea del espacio (1968) de Stanley Kubrick, para más tarde, tras ver La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977),tomar la decisión definitiva de intentar dedicarse en serio al mundo del cine. Trabajando de guionista y técnico de efectos especiales, logró su oportunidad de dirigir un largometraje en la secuela Pirañas 2: los vampiros del mar (1981). El título que precede a esta apartado es el de “serie B de degustación”, obviamente no se refiere a este primer título de James Cameron, sin lugar a dudas la peor película de su filmografía; vacía de interés, de empatía e incluso de emoción. Hoy en día podemos tenerla en cuenta por el encanto retro que se le pueda otorgar, pero cinematográficamente es una pieza únicamente olvidable. De hecho es la única película de la que Cameron confiesa no estar satisfecho (lo que tampoco sorprende) y la única que no escribió él, la única dirección de encargo que ha hecho hasta hoy. A partir de entonces se dedicó a crear historias para ser llevadas a la gran pantalla, escribió el guión de Rambo II (1985), Aliens el regreso (1986) y Terminator, dirigiendo ésta última en 1984. ¿Qué decir de esta película? Fue con Terminator donde ya el cineasta dio un golpe de atención sobre la mesa, creando no sólo un revolucionario film de ciencia ficción, sino provocando el nacimiento de uno de los personajes ya míticos en la historia del cine: el organismo cibernético exterminador que no entiende de razonamientos, casi indestructible, que no descansa ni desfallece hasta lograr su objetivo. La película, centrándose en un presente cotidiano, zafio y raído, nos muestra desde una perspectiva de lo más original una batalla apocalíptica a través de la encrucijada de temas clásicos de la ciencia ficción como los viajes en el tiempo, el posible futuro apocalíptico y el enfrentamiento entre hombre y máquina, ya tratado soberbiamente éste último por Kubrick en 2001 Una odisea del espacio y por Ridley Scott en Blade Runner (1982). Entremezclado entre todo esto: el héroe convertido en mesías y mártir al regresar del futuro y sacrificarse por la humanidad, el alma bíblica que trasciende del destino de Sarah Connor de dar a luz al salvador de la raza humana, el elemento del fatum o destino trágico contra el que podremos o no podremos luchar (aunque esto último Cameron lo desarrollará más en la secuela). Y obviamente no olvidemos mencionar la revolución en efectos especiales de este film, el cual abrió las puertas a las futuras innovaciones que se harían en el ámbito visual.


Tras el éxito de Terminator el cineasta se dio cuenta de algo que define su personalidad: la arriesgada ambición que posee y que le llevó a dirigir ni más ni menos que la secuela de una de las películas que ya se había convertido en un clásico del género: Alien el 8º pasajero (Ridley Scott, 1979). Cameron dirige un guión escrito por él mismo y rueda Aliens el regreso alejándose completamente de la opción de hacer una copia de la primera película y llevando mucho más allá todo el universo de ciencia ficción que en ella se insinuaba. Querer imitar o emular el terror que Ridley Scott había imbuido a Alien era correr el riesgo de caer en un grave error, por esa razón Cameron decidió llevar la historia hacia la vertiente del thriller de acción más extremo, imprimiéndole al film un ritmo cinematográfico tan intenso que logra cautivar al público desde el primer al último minuto. La genealogía de la que el cineasta dotó a la raza alienígena es de un trabajo de guión concienzudo que elevó ya a inmortal la leyenda de este monstruo en la historia del cine. Pero el cineasta llevó a cabo otro acto muy importante: conducir el personaje de Ripley, que quedaba ya dibujado en la primera película, a una consolidación absoluta convirtiéndola en una de las heroínas por excelencia del cine de ciencia ficción. Cameron le concede a este personaje un motivo por el que luchar que va más allá que el de su propia supervivencia: Newt, esa niña a la que Ripley ama como si fuera su hija y que es el detonante para que en los últimos veinte minutos de película nuestra heroína se enfrente a sus mayores temores descendiendo y adentrándose en las profundidades de los aliens. Son de los mejores últimos veinte minutos cinematográficos que podemos encontrar en películas del género y que tienen como magnífico colofón ese gran “¡Aléjate de ella, puerca!”. No lo neguemos, a todos se nos pone la piel de gallina al rememorar ese momento. Con esta película James Cameron llevó a una sublimación de calidad el cine de serie B con el que había iniciado su carrera, a partir de entonces todo lo que hiciese iba a nacer ya convertido en blockbuster de tremendo éxito.



Blockbusters-fábrica de sueños y palomitas


Llega el año 1989 y Cameron rueda una de sus películas más personales, ambiciosas y complicadas: The Abyss. Fue una película muy arriesgada, impregnada de la intensa pasión del cineasta por las profundidades marinas, con una historia que, partiendo de un pequeño grupo de trabajadores a los que les es encargada una importante misión, acaba tratando temas tan profundos y existencialmente relevantes como la esencia de la condición humana y en qué se basa, la capacidad y predisposición del ser humano para la destrucción y autodestrucción, la capacidad del hombre para amar, su capacidad de autosuperación en los momentos límite, etc. Pero seguramente lo más relevante de la película es la increíble atmósfera de pura y concienzuda ciencia ficción que Cameron consigue crear localizando la acción en las profundidades del mar; el abismo del océano es exactamente igual de misterioso, enigmático, tentador y aterrador que la profundidad insondable del espacio exterior. Para el recuerdo nos quedará siempre ese imponente descenso de Ed Harris a las profundidades del abismo, al fondo de la oscuridad, donde en el vacío más tenebroso el abismo nos devuelve la mirada y todo se convierte en luz. Una película dulcemente brillante que ha envejecido muy bien con el paso de los años.


Y llegó entonces el año 1991, el año de “LA SECUELA” en mayúsculas… Al igual que hizo en Aliens el regreso, Cameron llevó a un grado muchísimo más alto todo el universo mostrado en la primera parte de Terminator. Inteligente vuelta de tuerca la que el cineasta da en Terminator 2: El día del juicio final al conflicto hombre-máquina. En esta ocasión la máquina es el amigo, un amigo que aprende de los humanos, aprende cuál es la esencia del ser humano mejor que cómo nosotros mismos podríamos aprenderlo. El Terminator en esta secuela nos acaba dando una lección de qué es aquello que podemos encontrar verdaderamente bueno y correcto en nuestra intrínseca oscuridad como individuos. Obviamente esta película también grabó a fuego el nombre de James Cameron en la historia del cine por la increíble revolución en efectos especiales que se lleva a cabo: ese robot T-1000… pueden pasar los años y la película sigue sorprendiéndonos en su innovación visual. En definitiva, un clásico sin lugar a dudas.


Pasados tres años, a James Cameron le dio por cambiar de tercio, se interesó por la comedia, pero un tipo de comedia aplicada al género de acción: Mentiras arriesgadas (1994) fue un auténtico éxito en cuanto a intento de combinar un género de comedia paródica desternillante con una fórmula de blockbuster de acción desenfrenada. Es más, la película tiene un mérito interesante y es que Cameron consiguió obtener en este film uno de los trabajos, si bien no correctos, sí más interesantes de Arnold Schwarzenegger, pues el actor consiguió convertir al personaje en lo que debía ser: una parodia del típico héroe de espionaje a lo 007 James Bond. Con estos poco ingredientes el cineasta consiguió reformular una ecuación de éxito del blockbuster instaurando una de nueva: historia simple y sencilla + género comedia paródica + acción incontinentemente destructiva = palomitas agotadas.



El transatlántico hundido, viajes por las profundidades y vuelta a la ciencia ficción


Ay… pero tras todo este periodo llegó la película por la que a James Cameron se le recuerda magnánimamente a nivel mundial hoy en día, esa película que en el público provoca tanto apasionados vítores de admiración como profundos odios de rechazo: Titanic (1997). Se dice que haciendo esta película el cineasta cumplió uno de sus sueños más deseados, el de hacer el film definitivo sobre el hundimiento del gran transatlántico. Apoyándose en los dos jóvenes actores Kate Winslet y Leonardo DiCaprio (y sobretodo en el seguro reclamo que provocaba este último entre el público adolescente), Cameron asimiló la trágica historia real a un modelo de melodrama romántico clásico: la pareja de enamorados que viven un amor imposible. Obviamente el cineasta supo mantener su fórmula del éxito para esta película, pero el afán de dar un remarcable espectáculo provocó que se perdiera por el camino el concienzudo equilibrio y coherencia con los que él siempre había llevado a cabo sus películas. Titanic es un film excesivamente pleno de gratuidad visual, de superficialidad temática, de tediosa sensiblería al uso, todos los defectos que Cameron siempre se había dedicado a pulir en su filmografía son aquí los protagonistas; el claro objetivo del director por reventar taquillas en todo el mundo provocó que olvidara lo más importante: hacer una buena película. Y bueno, lo de los 11 Oscars que se llevó… en fin, ya sabemos cómo funciona la Academia a menudo… aún recuerdo el estupor de absurdidad que sentimos muchos al ver a Russell Crowe llevarse el Oscar por su interpretación de Máximo: el gladiador con la expresividad emocional de un muñeco articulado…


Así que tras coronarse como nuevo rey del mundo, James Cameron emprendió un viaje por las profundidades marinas rodando una serie de bellísimos documentales de exquisita y trabajadísima factura: Misterios del Titanic (2001), James Cameron’s Expedition: Bismarck (2002) y Aliens of the Deep (2005). Y allí parecía haberse quedado, perdido en el fondo abismal del océano… Pero no era así, y desde hace unos años empezó a trabajar en un nuevo proyecto, este sí, el proyecto más extraordinariamente ambicioso en el que se ha embarcado: Avatar (2009). ¿De qué trata? Pues de una historia que ya se ha contado muchas veces, la del pueblo invasor y pueblo invadido y cómo dentro de esa batalla surge la unión entre dos individuos de bandos distintos, pero esta vez localizada dicha historia en el espacio lejano, en un nuevo planeta llamado Pandora. Allí los habitantes de ese mundo resisten ferozmente los ataques de los humanos, por lo que se decide transportar la mente de un soldado al cuerpo de un alienígena, a un avatar, consiguiendo así poder infiltrarse entre el enemigo. ¿Lo que más llama la atención del film y que está provocando unas altísimas expectativas para su inminente estreno (18 de Diciembre)? La revolución en cuanto a formato cinematográfico que ha llevado a cabo James Cameron con este rodaje: unos efectos digitales nunca antes vistos en pantalla, con el objetivo de que definitivamente sea ya imposible discernir entre aquello que está rodado en vivo y aquello que está creado informáticamente; y otro lado el objetivo de dar un paso más allá en el cine de nueva generación, el del estereoscopiado, el cine en 3D. Avatar se ha rodado con unas cámaras de nueva generación, diseñadas y mejoradas por el mismo Cameron, que crean una visualidad diseñada para ser vista en tres dimensiones, pero asegurando una experiencia muy sublimemente por encima de la experiencia en 3D que tenemos con las películas de hoy en día. ¿El posible problema del film? El mismo que tuvo Titanic: que el cineasta busque tanto el reventar taquillas y llevar a cabo una revolución digital tan intensa que al final se olvide de hacer una buena película en sí misma; que olvide ese trasfondo de humanidad que hemos visto siempre en toda su filmografía de ciencia ficción. En Titanic se perdió ese trabajo: por muy intensa que sea la relación de amor entre los dos amantes no tiene ni punto de comparación al trabajadísimo fondo de realidad humana emocional que tienen Terminator o Aliens el regreso. Eso es lo que ha convertido en míticos los films y los personajes del cine de James Cameron, y es ahí donde esperemos que se centre parte del alma de Avatar, sino pues simplemente tendremos ante nosotros un bellísimo collage de efectos visuales y espectáculo palomitero sin ningún tipo de empatía y conexión con el espectador. Esperemos a ver qué tal se porta el bueno de James…


James Cameron, efervescencia de ciencia ficción

Biografía
Nacido en Kapuskasing, Ontario (Canada) el 16 de agosto de 1954, aunque se mudó a California (USA) con su familia en 1971. Comenzó a estudiar física y luego inglés, pero lo que siempre le tiró fue el cine. Así que comenzó a rodar cortometrajes como amateur, de los cuales ha transcendido uno de 10 minutos y título Xenogenesis. Pero su iniciación real en el mundo del cine es de la mano del mítico productor, director, guionista y empresario Roger Corman, en cuyo estudio entra a trabajar a finales de los 70.

Si Corman tiene fama de exprimir al máximo a sus colaboradores y empleados, también la tiene de que con él se aprende de todo y en muy poco tiempo. Así, en sus primeros años Cameron ejerce de constructor de miniaturas para FX en general, de director artístico en Los siete magníficos del espacio (1980, de Jimmy T. Murakami), diseñador en Android (1982, de Aaron Lipstadt), diseñador de producción en La galaxia del terror (1981, de Bruce Clark), director artístico de efectos especiales en 1997: Rescate en Nueva York (1981, de John Carpenter), etc. En este primer periodo de aprendizaje también le encomiendan hacerse cargo de la dirección artística y los trucajes en la secuela de Piraña de Joe Dante, que está produciendo el italiano Ovidio G. Assonitis (la película original la había producido su ex jefe y mentor Corman). Pero el director inicialmente previsto abandona, y el productor le encarga a James Cameron que haga el trabajo bajo su supervisión. Así, Piraña II: los vampiros del mar se convierte en su opera prima como director.

En 1984 consigue que la productora Gale Anne Hurd acepte producir su guión titulado Terminator, que va a dirigir él mismo, un serie B de ciencia ficción y acción con gotas de terror. El resto es historia, una historia de éxitos incesantes. La película le catapultó al estrellato tanto a él como a su actor co-protagonista, el culturista Arnold Schwarzenegger.

Gale Anne Hurd, además, se convirtió en su esposa (en realidad, su segunda esposa ya) hasta que se divorció en 1989. Además de ella, Cameron también ha estado casado con la directora Kathryn Bigelow (desde 1989 hasta 1991), con la actriz Linda Hamilton (desde 1997 a 1999), su protagonista femenina en la serie Terminator, y actualmente con la también actriz Suzy Amis.

Gracias a Terminator y Aliens escribió su nombre en el Olimpo privado de millones de fans a la ciencia ficción-acción, con Terminator II revolucionó la historia de los efectos especiales, y con Titanic consiguió la que aún hoy es la película más taquillera de la historia y que ganó 11 Oscars.

Curiodamente, después de eso no había vuelto a dirigir una película de cine (sin contar documentales para IMAX y otros experimentos), hasta ahora.

Hasta AVATAR.

Filmografía (sólo como director)
1981 Piraña II: Los vampiros del mar (Piranha Part Two: The Spawning)
1984 Terminator
1986 Aliens, el regreso (Aliens)
1989 Abyss: El abismo (The Abyss)
1991 Terminator II: El día del juicio (Terminator II: Judgment Day)
1994 Mentiras arriesgadas (True Lies)
1997 Titanic
2002 Expedition: Bismarck (TV)
2003 Titanic3D: Ghosts of the Abyss (Película IMAX)
2005 Aliens of the Deeps (Documental)
2009 Avatar

Fotos
James Cameron triunfa en los Oscars
Terminator, de James Cameron
Aliens el regreso

 

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