Aoom prácticamente acabó con las ilusiones del novelista Gonzalo Suárez de llegar a cambiar el curso de la historia del cine español (sic, véase nota 1). Tercera de las obras de hierro con las que diera inicio a su carrera cinematográfica, y después de las inclasificables Ditirambo y El extraño caso del Dr. Fausto (1969 ambas), él sabía que no podría volver a realizar películas tan experimentales y rupturistas como esas. Fue presentada durante el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, y recibida con abucheos y patadas en el suelo, y la crítica se cebó con ella. Tampoco gozó de distribución comercial y pareció un auténtico augurio de que si Suárez no moderaba sus militancias arte-ensayistas, probablemente habría acabado como el resto de la Escuela de Barcelona: olvidado. O bien, y dada su otra vertiente de escritor, tal vez años más tarde habría tenido que recordar esta efímera faceta de cineasta como una anécdota artística, al igual que les ocurre a otros intelectuales con inquietudes multidisciplinares, como es el caso de Fernando Arrabal o García Hortelano. Claro que alguien con malicia podría argumentar que más o menos es lo que al final ha terminado pasando, pero no sería justo ni exacto: en efecto Gonzalo Suárez nunca ha sido de arrastrar grandes masas al cine y en esta primera década del siglo XXI incluso le va peor imposible (con fracasos encadenados como Ovideo Express, El candidato o el mediometraje El genio dormido, que no ha visto prácticamente nadie), pero el haber sabido “bajarse del burro” de la experimentación, aunque fuera con la actitud de un Galileo (1), al menos le ha valido la posibilidad de llevar a cabo una filmografía con más de veinte títulos, haber tenido momentos de romance con el éxito taquillero (como cuando se asoció con los cantantes Ana Belén y Victor Manuel para realizar films como Morbo o Al diablo con amor, de gran escándalo y éxito en la España del tardo-franquismo, o como su versión de La regenta, justamente en las antípodas del cine experimental), haber pasado por la década de los 80 en un momento meseta en la que no le iba mal (con dos de sus mayores éxitos, como son Epílogo o sobre todo Remando al viento), o haberse convertido en cierto periodo en un auteur de obras de cierto culto (como las apreciables Don Juan en los infiernos o El detective y la muerte). En fin, Gonzalo Suárez no gusta a mucha gente (por no decir que no le gusta a casi nadie), pero otros le sienten verdadera simpatía precisamente por su falta de miedo al riesgo y la “pretenciosidad” (entendida no peyorativamente, sino como su afán de revestir a las cosas de pompa poética y simbolista, y su ánimo de trascender a las propias limitaciones) de su perspectiva sobre qué es el cine; o algunos más, como yo, le encontramos muy interesante a ratos, que tampoco es poco. Y la raíz de todas estas posturas bien puede explicarse echándole un vistazo a aquella trilogía radical formada por Dirirambo, Dr. Fausto y Aoom, raras como perros verdes, ¿dadaístas?, ¡curiosísimas!, también insoportables según como te pille el cuerpo. Eso no quita para que sin embargo, y entre aquellas tres inclasificables obras, Aoom sea la más cinematográfica y sugerente, superior, pensamos, a sus antecesoras, que pecaban de un hermetismo excesivamente dialéctico y cuyos parciales aciertos de corte esperpéntico-surrealistas parecían totalmente forzados. Aquí, partiendo de una inquietante premisa muy fantastique, Suárez sí consigue desencadenar un ballet de secuencias sensoriales, evocar escenarios sacados de lo inconsciente en los que los personajes zozobran sonámbulos entre el trance de lo maldito y el erotismo más vitalista. Como en el mejor cine de Jesús Franco, la estructura anárquica del montaje y la lánguida duración de las tomas, ayudan a la creación de un clima onírico que lentamente socava las ataduras de lo concreto y lo reconocible. Un guión apenas esbozado y grandes dosis de improvisación (¿escritura automática con la cámara como estilográfica?) durante el rodaje determinaron un periplo inconexo desde el punto de vista de un argumento tradicional, que nos lleva casi sin control por la senda de los sentidos dándole al entendimiento sólo algunos asideros en la convención de los géneros, un terreno muy del gusto del autor también en sus novelas de la época. Asideros a) Los personajes, ese detective como sacado de un cómic paródico y surrealista entonces muy de moda en Francia, personaje de lo más tonto que serpentea a lo largo de la película como escapado de una cinta de Jesús Franco o de un tebeo cómico de Bruguera (sólo le falta decir “¡canastos!”). O como la propia muñeca, fetiche inquietante que reune la inocencia del juego infantil con la monstruosidad de lo que tiene forma humana sin serlo. b) Un reparto agradable. Como escapado de la Transilvania de Naschy y de los castillos de Ossorio, presta su rostro al verdugo de la belleza el inquietante Julián Ugarte, y como encarnación de un erotismo exacerbado y de una libertad fresca y sin tapujos, es decir, símbolo de una época (el cercano Mayo del 68, que Suárez vivió en París), tenemos a la hermosísima Teresa Gimpera. Su ecléctica presencia nos ayuda a escapar de nosotros mismos para adentranos en paraísos que limitan más allá de Alicia y allá de los espejos. c) Geografía y mito. Un estupendo uso de las localizaciones de Llanes (Asturias) en cuyas imágenes llega a latir una emoción mitológica. Tanos destruye a la Hermosura en este pastiche post-moderno, movido por los hilos de la tragedia. Difícil de digerir, tanto entonces como ahora, Aoom es una película que no se parece a otras películas. Tal vez el éxito del intento de traspasar el universo artístico y sobre todo literario del autor no esté en absoluto logrado, ciertamente. En cualquiera de los casos, y como comenzamos diciendo, el descalabro de la trilogía conduciría a Gonzalo Suárez a producciones comerciales más convencionales y menos originales. Claro está que la consiguiente “domesticación” del artista sería sólo relativa y parcial. Cuenta Gonzalo Suárez, ya al margen de todo esto y de la película en sí misma, que a través de su Aoom o más bien a partir de ella, conoció al célebre director de culto norteamericano Sam Peckinpah, con el que llegaría a mantener una larga amistad. “Le conocí mientras yo quería ahogar mis penas por el maltrato recibido en el pase de mi película, y el estaba allí para presentar La balada de Cable Hogue. Nunca me llegó a decir que le parecía mi película, pero congeniamos y se vino conmigo y con Hélene a Asturias. Ese fue el principio de una larga y turbulenta amistad.”. Más allá de vivencias personales, lo que está claro es que Aoom es un título fundamental para entender el universo creativo del escritor-cineasta, hasta el punto que de todas sus películas que hubiera podido rememorar, en su reciente El genio tranquilo volvía sobre sus pasos y revisitaba los lugares precisamente de Aoom. Notas 1) Tiempo después, en una entrevista, Gonzalo Suárez aún se despachaba así, en el mejor tono “yo tengo razón y los demás se equivocaron”: El estreno fue muy duro. Tras la presentación de ‘Aoom’ quedé muy melancólico. El cine ya nunca sería para mí lo que podría haber sido. Y para los demás tampoco, añado. Bueno, a fin de cuentas, ese público vocinglero y esos críticos de librillo se lo tenían merecido. Por otra parte, mi desmedido orgullo tenía que ser debidamente castigado. Nadie podía volar más allá de su condicionamiento. En palabras de Bardem: ”Nadie tiene más talento que el de su medio”. Toda una lección tranquilizadora. La mediocridad, una vez más, quedaba salvaguardada. Y yo, maltrecho, dejé San Sebastián aquel año dejando también algo más, y con una dura lección aprendida. “ Ha habido una regresión flagrante en el modo de contar las películas. Ya no hay Bergmans ni OrsonWelles; ahora somos todos chicos buenos que deseamos hacer cine comercial, unas películas ligeras que se puedan ver en la pantalla y en la televisión; con el agravante de que el público tiene cada vez menos nivel.“ Con un par de huevos. Qué buena es Aoom y que tontos somos todos. No, en serio, aprovechen que ahora está editada en DVD (un DVD raro de encontrar, por cierto), y observen de qué modo el cine hecho por españoles (que no “cine español”, como si fuera un género o un movimiento englobador de algo) ha sido mil cosas, y no como dicen los estereotipos de siempre.
Por Javier Ludeña Fernández (25/01/2010)
Ficha técnica
Director: Gonzalo Suárez; Guión: Gonzalo Suárez / Gustavo Hernández; Fotografía: Francisco Marín; Montaje: Maricel Bautista; Dirección artística: Andrés Vallvé; Cámara y electricidad: Carlos Suárez.
Cast: Lex Barker (Ristol), Teresa Gimpera (Ana), Luis Ciges (Constantino), Romy (Mrs. Fisher), Julián Ugarte (Murder), Bill Dyckes (Detective), Gila Hodgkinson, Fernando Rey .
España, una producción Hersua Interfilms; Productores: Gonzalo Suárez.
93 min. Color; Idioma original: Castellano; Ratio original: 2.35:1. Presentada en el Festival Internacional de San Sebastian 1970.
Sipnosis
La historia del actor Ristol que, cansado de sí mismo y del mundo, consigue desligarse mentalmente de su cuerpo intentando escapar de la materia que le aprisiona.