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1 de agosto de 2010

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King Kong
(2005)

La bestia renovada.
Por José Ramón García Chillerón
(21/12/2005)

No es mi intención torturar una vez más a los lectores, sometidos sin duda a un bombardeo mediático exasperante motivado por el estreno de la revisión de King Kong (1933, Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper) por parte de Peter Jackson, con las mismas referencias repetidas una y otra vez en torno a esta colosal producción. Entre los datos más comentados en la prensa especializada destacan las diferencias artísticas surgidas entre el director y el compositor Howard Shore, finalmente sustituido por James Newton Howard, que reelaboró la banda sonora en tan sólo dos meses; y, como no, su ya celebérrima condición de proyecto anhelado por el director durante años. Al parecer, el visionado del film clásico del rey simio en un pase en televisión cuando Jackson tenía 9 años fue lo que despertó su temprana vocación como cineasta, a los 12 años intentó hacer una versión en super-8 utilizando la técnica stop motion del film original y en 1997, antes de convertirse en el director mejor pagado de Hollywood tras su triunfo global gracias a la trilogía del anillo, tuvo que interrumpir la producción de Kong para que su estreno en salas no coincidiera con la versión americana de Godzilla (1998, Roland Emmerich), otro monstruo, éste llegado de tierras niponas, tan grande y casi tan arraigado en el imaginario popular como el gran gorila. Así que, tras esta inevitable introducción, entraré en materia y trataré de centrarme en el análisis de la película que nos ocupa, tratando de evitar en la medida de lo posible digresiones acerca de la gran labor de producción que ha supuesto este film y los numerosos efectos especiales utilizados ya conocidas a través de otros medios y, muy a mi pesar, ya apuntadas aquí.

En primer lugar quiero aclarar que no se pretende establecer aquí una comparativa entre las dos películas de King Kong (la terrible versión de 1976 la obviaremos siguiendo el buen ejemplo de Peter Jackson). Para evitar caer en la tentación no he querido revisionar el film de 1933, aunque inevitablemente quedan en mi memoria algunas de sus imágenes vistas ya hace mucho tiempo, pero imperecederas dada su condición de gran cine. De igual manera la película de Jackson es una muestra de gran cine, de cine que perdura en el recuerdo del que lo mira, de ese cine de evasión siempre tan devaluado por la mayoría de la crítica sesuda, de ese cine en su estado primigenio de espectáculo de barraca de feria, de una enorme feria globalizadora cuya audiencia ruge tan fuerte en sus butacas como el propio rey simio.

El King Kong de Peter Jackson es el primero encarnado por un actor, sin contar aquellos especialistas que anteriormente sudaron la gota gorda dentro de un disfraz de gorila. El gran Andy Serkis que mediante unos sensores colocados en su cuerpo y rostro, idéntica técnica a la utilizada para dotar de vida a Gollum en El señor de los anillos, confiere al inmenso primate un naturalismo en sus gestos faciales y movimientos que lo convierten en el mono gigante más (infra)humano de los vistos hasta ahora en la gran pantalla. La interpretación de Sarkis hace que el espectador simpatice con la bestia al dotarla de un lado entrañable, sin por ello privarla de una fiereza brutal.

El gran acierto de Jackson reside precisamente en no abusar de la figura de Kong, consciente de que, dado el dilatado metraje de la película, 187 minutos que transcurren sin embargo con una fluidez sorprendente, si hacía omnipresente al mono, el espectador terminaría por aburrirse y acabaría deseando que los aviones lo ametrallaran de una vez en lo alto del Empire State Building. Así el neozelandes retrasa la aparición del primate hasta que la película lleva casi un tercio del metraje, aprovechando el inicio del film para presentarnos a los otros personajes principales, que, pese a su condición de arquetipos, están muy bien dibujados para lo que suele ser habitual en este tipo de producciones: Ann Darrow, la aspirante a actriz encarnada por Naomi Watts afectada por el típico síndrome de Estocolmo zoofílico que se padece cuando unos aborígenes salvajes con pinta de Orcos te entregan como ofrenda a un primate de más de siete metros; Carl Denham, interpretado por el cómico Jack Black, director de cine megalómano y embaucador con reminiscencias del Orson Welles de la época del Mercury Theater empeñado en rodar en unos escenarios naturales con el poco tranquilizador nombre de Skull Island (La isla de la calavera); y Jack Driscoll, dramaturgo intelectual metido a guionista y rival de Kong por el amor de Ann al que da vida Adrien Brody. Además de éstos, cabe destacar entre los actores humanos, ya que la fauna mutante de Skull Island merece mención especial, del film a los tripulantes del barco que los lleva hasta la isla, a los aterradores aborígenes de la ínsula y a la caterva de gente que en el último tercio del film se dedica a huir del gorila enfurecido por las calles de un Nueva York especialmente construido para la ocasión en los estudios Weta, propiedad del propio Jackson, Richard Taylor y el actor Andy Serkis.

La parte del film que se ubica en la isla es la que ocupa más metraje de las tres que conforman la estructura del mismo. En ella el director de Braindead: tu madre se ha comido a mi perro (Braindead, 1992), donde por cierto aparece una mutación de simio y roedor animada mediante stop motion que previene del gusto de Jackson por los primates, se recrea mostrándonos la abigarrada flora, creada mediante la magia de la green screen aunque de un verismo increíble, y la variada, a la par que peligrosa, fauna antediluviana que habita el inhóspito islote, remedo de El mundo perdido imaginado por Arthur Conan Doyle y llevado al cine en 1925 por uno de los artífices de King Kong y pionero de la animación frame to frame, Willis H. O´Brien. De esta manera, consigue Jackson dispersar la atención del espectador en las diferentes criaturas que habitan Skull island y medir así, las apariciones del gran rey gorila reservando su protagonismo absoluto para la última parte en la que, tras ser capturado, se le exhibe en la ciudad. A juicio del que esto escribe, la parte de la isla es con mucho lo mejor de la película y contiene algunas de las secuencias más espectaculares como la pelea de Kong con tres Tyrannosaurus Rex empeñados en merendarse a Ann, la estampida de brontosauirios y aquella del repugnante foso de insectos, eliminada de la versión de 1933 e incluida por el director de Mal gusto (Bad taste, 1987) a modo de homenaje y en la que da rienda suelta a sus instintos de autor gore.

En esta versión Jackson elimina la carga sexual que la relación de Kong y Ann tenía en la versión primigenia, explotada en el anterior y abominable remake producido por Dino De Laurentiis y dirigido, es un decir, por John Guillermin, en beneficio de una relación de amor menos libidinosa, pero no por ello privada de intensidad.

Otra novedad es que el mítico autosacrificio de Kong en la cumbre del Empire State no sucede por la noche, sino al amanecer. Esto otorga a la muerte del rey gorila un halo regeneracionista que es en definitiva el que ha pretendido establecer Peter Jackson en esta estupenda y personal revisitación del fundacional King Kong fundamentada en el respeto y el ánimo de renovación. Convertida desde ya en un clásico contemporáneo del cine de evasión.

King Kong

Ficha técnica
Director: Peter Jackson; Guión: Fran Walsh / Philippa Boyens / Peter Jackson, basándose en el guión original de Merian C. Cooper / Edgar Wallace; Fotografía: Andrew Lesnie; Música: James Newton Howard; Montaje: Jamie Selkirk; Casting: Victoria Burrows / Daniel Hubbard / John Hubbard /
Liz Mullane; Dirección artística: Simon Bright / Dan Hennah; Decorados: Dan Hennah; Vestuario: Terry Ryan; Efectos especiales: WETA Workshop; Efectos visuales: WETA Digital / CafeFX.
Cast: Naomi Watts (Ann Darrow), Jack Black (Carl Denham), Adrien Brody (Jack Driscoll), Thomas Kretschmann (Captain Englehorn), Colin Hanks (Preston), Andy Serkis (Kong/Lumpy), Evan Parke (Hayes), Jamie Bell (Jimmy)
Nueva Zelanda / USA, una producción Big Primate Pictures / Universal Pictures / WingNut Films; Productores: Jan Blenkin / Carolynne Cunningham / Peter Jackson / Fran Walsh
187 minutos; Color; Idioma original: Inglés; Ratio original: 2.35:1; Estrenada muldialmente el 14 de diciembre de 2005.
Web oficial:
http://www.kingkong.uip.es/

Sipnosis
En plena Gran Depresión, la actriz de vodevil Ann Darrow se queda sin trabajo y tiene que recurrir a Carl Denham, un empresario cuentista que quiere abrirse camino en el mundo del cine y que le ofrece protagonizar algunas de sus películas. Denham quiere convertirse en el más ambicioso cineasta del planeta, con grandes espectáculos en sus manos, y para lograrlo, viaja hasta una isla cercana a Sumatra donde llevar a cabo el rodaje de su próximo proyecto. La isla está dividida por un muro que separa a los nativos de una bestia colosal, King Kong. Cuando los habitantes de la isla raptan a la actriz para ofrecérsela al monstruo, Denham y el actor Jack Discroll van en su búsqueda. Tras el terrible rescate y en sus ansias de espectáculo, Denham captura a King Kong para llevárselo a Nueva York y exhibirlo allí como atracción de feria

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